Ética para Daniel o cómo el relativismo moral es solo propiedad de algunos

infantas rtve

A veces, Daniel, tengo ganas de contarte muchas cosas. Me las aguanto, estate tranquilo, porque suficiente tienes tu como para que yo ande endilgando con mis escritos y disturbar tu paz dorada. Sin embargo, hay ocasiones en las que cuesta trabajo resistirse a denunciar las injusticias soberanas (y nunca mejor dicho), y en este caso toca hacerlo por la utilización torticera de imágenes de menores en busca de un rédito político nauseabundo.

Esta semana, por segunda vez en menos de un mes, nuestra querida televisión pública (TVE), la de todos, ha errado en colocar la imagen de Dª Leonor, la Princesa de Asturias, y su hermana, la Infanta Sofía, junto a un texto que nada tiene que ver con ellas. Vaya mala suerte. Vaya fallo más tonto.

Es tan burda la maniobra. Es tan insólita y desagradable, que hace que se deba exigir el cese, o la dimisión inmediata, de quien la ha realizado o se haya equivocado. El problema es que acaso ese no sea el problema y no haya error alguno.

¿Recuerda el lector cuando el flamante vicepresidente del gobierno dijo aquello de que “para mí la TVE y el CNI”? Pues ahí estamos. Para eso lo querían. Para tratar de manipular, vilipendiar y mancillar a aquellas instituciones y a las personas que las representan y que son molestas para sus intereses. Cierto es que en esto no han engañado a nadie. Su objetivo está claro: la III República. Y mire, oiga, si es lícito; incluso, porque no decirlo, uno puede llegar a estar de acuerdo con ello, pero quizás lo suyo sea que uno intente convencer y no vencer por la fuerza de los “errores”.

La relatividad moral es un concepto bien curioso. No solo afecta a que casi cualquier hecho es susceptible de ser interpretado bajo el prisma ético con el que se analiza, sino que también puede referirse al hecho de que lo que es válido para mí, no lo es para tí. Se podría discutir mucho acerca del relativismo moral y hasta dónde éste puede llegar a alcanzar. Sería, sin duda, una discusión académica elevada y en la que las diferentes opiniones, fundamentadas, habrían de tenerse en cuenta. Sería también un maravilloso tema para abordar con los alumnos de Bachillerato de nuestros centros y hacerles reflexionar sobre esos límites.

Sin embargo, en el caso que nos ocupa, me temo que el tema de discusión tiene más que ver con el segundo enfoque que con el primero. Es decir, el relativismo moral del que hablamos aquí, está más relacionado con que no necesariamente lo que está justificado para mí, lo debe estar para tí.

O dicho de otra manera, querido Daniel, por si no habías caído; estamos en el caso en el que, siendo uno “el jefe” de TVE puedes admitir que la imagen de dos niñas menores de edad que representan a la más alta institución del Estado -que rechazas (ambas cosas)- sea maltratada de forma burda y miserable pero, por el contrario, te parece inadmisible (que lo es) que en el pueblo al que pretendes ir de vacaciones haya pintadas que afectan a tu familia y tu descanso. ¡Vaya caradura! Ha llevado Ud. el relativismo metaético al límite del concepto. Y digo al límite del concepto, porque como bien sabe y práctica, Ud. ha trascendido la ética para justificar cualquier actuación en base a las creencias que ha establecido como verdaderas. Ni siquiera se ha tomado la molestia de contrastar si esas son las que comparten la mayoría de los españoles. Le recuerdo que representa a menos de un 15 % de los mismos… y bajando.

En fin, no quiero trascender en esta columna de lo educativo a lo político, y por ello me reengancho, de nuevo, a la ética y al relativismo que es lo que nos ocupaba. Y, desde ese plano, solicito a vuecencia que respete a unas niñas, unas instituciones, unos medios de comunicación comunes, y al sentir general de muchos españoles (me atrevo a decir que la mayoría) y haga con ellos lo mismo que le gustaría que hicieran con Ud. y con su prole.
Concluyo usando las palabras, que hago mías, de mi querido Fernando Savater y le recuerdo que la ética tiene que ver con el arte de vivir o un saber vivir en sociedad. Y ello, irremediablemente, implica que no se pueden traspasar, ni arrasar, los límites establecidos por cada congénere.

A modo de curiosidad le diré que “Ética para Amador” se escribió en Torrelodones, ¿lo sabía? A ver si con un poco de suerte, aunque solo sea por proximidad, le pega algo.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Educación y Sistemas 

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