¡Exijo solo medios de comunicación públicos!

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No quiero pensar. No quiero que traten de mediatizar mis ideas. Me niego a ser sujeto activo en un proceso de comunicación. Quiero mi SOMA. Todos iguales. No hay discrepancia. No quiero verme intoxicado con ideas que se separen de la doctrina oficial. La doctrina oficial es la única válida y no debemos salirnos de ella, si no cualquier castigo que nos impongan será merecido y justificado. Lo asumo. Todos debemos asumirlo.
Perdonen. A veces me pasa, como decía Woody Allen, que “uno se pone a escuchar a Wagner, y le entran ganas de invadir Polonia”. Yo, con determinados artículos, sufro una catarsis similar.

Me explico.

Acabo de terminar de leer con detenimiento al artículo “Pagar por la educación” de J.A. Aunión en una de las newsletter de Educación del diario “El País”. Recomiendo su lectura no solo para comprender los argumentos que voy a confrontar, sino también para poder valorar la tendenciosidad e inexactitudes de estos.

Sostiene, como tesis general, que sería conveniente eliminar toda iniciativa privada en las etapas educativas obligatorias para no generar desigualdades entre quienes asisten a un centro privado, en virtud, se supone, de su capacidad económica, y quienes asisten a un centro público. Pues bien, esto implica:

• Dar por supuesto que la educación privada es una opción de mayor calidad que la pública. No sé qué opinarán de ello los profesionales de la red pública. De toda la red pública.
• Asumir que es mejor eliminar una supuesta competencia “desleal”, en vez de convertirnos en una sociedad que invierte más y mejor en su red pública.
• Manifestar un desprecio absoluto por todas las familias y alumnos de los centros privados que hacen, en muchos casos, verdaderos esfuerzos por tratar de dar la educación que ellos consideran más adecuada para sus hijos. Más adecuada no significa necesariamente mejor, sino la que más se ajusta a los intereses de esa familia huyendo, por cierto, de posibles proselitismos ideológicos.
• Pese a que se pueda argüir un supuesto derecho a la educación universal, que la iniciativa privada no niega, ni la pública tampoco, lo que nos propone el señor Aunión es, simple y llanamente, eliminar la libertad de elección de centro que recoge nuestra Constitución. Por no hablar del libre mercado y la libre competencia. Se ve que lo de libre, no va mucho con sus planteamientos.
• En vez de comprender que, cuando fondos de inversión extranjeros se interesan por centros educativos privados en España es, simple y llanamente, porque la calidad de la educación privada de nuestro país es excepcional; porque España puede aspirar a convertirse en un Hub educativo de primer orden, es decir, porque tenemos un sector productivo altamente competitivo a nivel internacional; pese a ello, qué duda cabe, es mejor enarbolar la bandera de la “nacionalización” de centros privados, no vaya a ser que alguien de nuestro alumnado destaque y gane un Nobel. Justo es decir que Aunión no señala cómo convertir a todos los centros educativos privados en públicos, pero no se me ocurre otra forma que no pase por una nacionalización de esas de las de “!expropiese¡”.
Para qué pensar que estos centros pueden ser acicate para otros por sus experiencias y que ello puede y debe enriquecer a todo el sistema educativo, como ha ocurrido en ocasiones anteriores a lo largo de estas últimas décadas. Sirva como ejemplo la implantación del bilingüismo que se inició en centros privados y que se ha extendido a la red pública y concertada. O las innovaciones metodológicas y la inclusión de la tecnología en el aula. Todo ello sin desmerecer, en absoluto, prácticas maravillosas que se dan en centros públicos y de las que deberíamos aprender todos. Esa es la clave. Aprender para mejorar. No eliminar para mantener un igualitarismo falso y desarrollar estándares de mediocridad.

Siguiendo los argumentos del autor, ¿por qué no prohibir la lectura de prensa de pago? Si podemos leer todos prensa gratuita de esa que te regalan en el metro o en los supermercados, ¿por qué pagar? Incluso por qué no eliminar las licencias a todas las cadenas y plataformas de TV y volver a tener la 1, la 2, carta de ajuste incluida; y volver, claro, al Diario Ya y El Alcázar. En Cuba les va bien con “El Granma” solo y, antes en la URSS, también funcionaba “Pravda”. Invocarán claro, que se conculcaría un derecho fundamental recogido en nuestra Constitución, que es el derecho a la información, ¿no? En todo caso, siguiendo su razonamiento, sería una forma inequívoca de uniformar pensamiento y no hacer que algunos lectores tuvieran la posibilidad de acceder a contenidos u opiniones perniciosas, que vaya usted a saber adónde le llevan a uno. Por qué no, también, impedir que las lecturas a las que accedamos no se circunscriban solo a Mortadelo y Filemón (un recuerdo entrañable a mi querido Ibáñez, que tantas tardes me ha acompañado). Nada de historia con sesgo ideológico; novela que vaya más allá de Corín Tellado; y, por supuesto, absolutamente vetados los ensayos y autores como Kierkegaard. De hecho, también sujeto a amonestación y multa a quienes vayamos al teatro en la Gran Vía a ver a Faemino y Cansado. Hablan del denostado filósofo. Imperdonable.

Madre mía, qué de barbaridades y simplezas ha de leer uno a estas alturas de la película.
Por cierto, a este “cráneo privilegiado”, nada sectario, no se le ha ocurrido pensar que la forma más democrática para favorecer el acceso de las familias a todo tipo de centros es mediante la financiación directa a las mismas. Algo que, por otra parte, ¡oh, casualidad!, ocurre en Suecia. Ya sé que no es Finlandia, que es mucho más cool, pero es de esos países que muchas veces nos sirven de referencia en esas citas facilonas que pocos se molestan en investigar. Por cierto, ¿será consciente el autor de que Finlandia, durante la Segunda Guerra Mundial, sostuvo una guerra paralela contra la URSS ante el intento de anexión de ese territorio por parte de Stalin? Deduzco que no les gustaba mucho eso del pensamiento único.

¡Ay que buenos periodistas -que no “escribientes”- serían, si manejaran información bien documentada!

Se me ocurre una última pregunta nada malintencionada. ¿Cuánta subvención han recibido algunos medios privados con el argumento de defender el tan sagrado derecho a la información libre solo, por poner un ejemplo, durante la pandemia?

Háganse la misma pregunta respecto de la educación privada y su atención a las familias y alumnos (acaso sean más que los lectores de algunos medios) y la respuesta es: nada.
Pero eso sí, como con las cosas de comer no se juega, mejor no mirarse al espejo, no vaya a ser que la imagen que nos dé sea la convexa; habiendo estado toda la vida acostumbrados a que sea cóncava.

Por cierto, ‘El País’ (PRISA) pertenece principalmente a fondos internacionales. Es lo que tiene estar en el mercado. A lo mejor de ahí viene la obsesión del autor por este tipo de prácticas, que supongo también analizará en el sector editorial. ¿Apuestan? Lo que decía mi abuela: “Barriguita llena; corazón contento”.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

Redacción
Author: Redacción

Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

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