Fomento de la ignorancia

El elogio de la ignorancia es una práctica habitual en nuestros días. Quizá algunos nos estamos haciendo mayores y nos sacude cierta nostalgia al ver cómo nuestros padres valoraban positivamente a todos aquellos que conseguían metas en el ámbito del conocimiento. Muchos, tuvimos la suerte de recibir una educación basada en el esfuerzo, con la vista puesta en “llegar a ser alguien de provecho” como dirían los de generaciones previas.

El ser humano tiende a querer superar lo anterior y en muchas ocasiones, lo consigue. Acabar con lo previo, matar al padre metafóricamente hablando, es una tendencia de todas las generaciones y en la actual, no íbamos a ser menos. Sin embargo, esta superación no siempre sigue los patrones más beneficiosos para el hombre, para su espíritu y su dignidad personal.

En nuestros días, hemos creído haber superado ese antiguo marco en el que el conocimiento y el esfuerzo, de la mano, servían para dignificar socialmente al hombre. Ahora, esa dignidad social parece proceder de méritos más efímeros, basados en la apariencia y dejando a un lado la esencia. Es la época de las redes sociales, de mucha utilidad al servicio de la enseñanza, y de los selfies. El nuevo éxito es rápido, instantáneo diría yo. Se mide en likes y en followers y nada tiene que ver con el ser profundo e interno, sino con el escaparate social.

Con este terreno baldío, cultivar la ignorancia es algo bastante sencillo. Podríamos equipararlo, para los que son de campo, con el cultivo de las calabazas, una de las pocas plantas que “se da, sin hacer nada”. Sin embargo, siempre hay alguien al que le gusta ver crecer a las calabazas y también, alguien al que le interesa que se forme una masa ignorante.

Estamos en el momento de la historia en el que el acceso al conocimiento es más sencillo. Internet, pozo de contenido sin fondo, nos da la oportunidad de conocer, viajar, leer y acercarnos a cualquier ámbito. A algunos, hasta nos cuesta ya recordar las tardes de biblioteca buscando entre los manuales aquella referencia que necesitábamos para terminar el trabajo de clase.

La sociedad demanda profesionales formados y capaces de afrontar los nuevos retos que nos plantea la historia. A pesar de ello, los encargados de la gestión educativa abogan por rebajar paulatinamente los estándares con la excusa de que nadie se quede fuera del sistema. Igualar en la ignorancia en vez de favorecer la búsqueda de las metas adecuadas para cada estudiante.

La educación, como algunos la entendemos, tiene mucho de adaptación y de conocer a los estudiantes para hacer brillar los talentos que todos tienen. En cambio, el fomento de una generación de estudiantes que no luchen por la excelencia y por la adquisición del conocimiento como un elemento que les enriquece como personas, independientemente del itinerario educativo que elijan, dejará un lamentable escenario en la sociedad actual y venidera.

Los únicos beneficiados de esta situación son y serán las élites que se mantienen en el poder y en el gobierno. Como explica la politóloga, Gloria Álvarez, “el gobierno no tiene ninguna intención en educarte ni en ilustrarte, porque al mantenerte en la ignorancia es más fácil manipularte (…) En el momento en el que aceptamos que el gobierno nos quiere ignorantes y nos quiere tontos es, como poco, incongruente, seguir esperando que el que me quiere tonto me eduque, con lo cual tienes dos opciones: o te cruzas los dedos y esperas un milagro para que eso cambie o pones la educación en tus manos”.

La experta guatemalteca se refiere al gobierno en un sentido amplio, porque son muchos los que ostentan el poder en uno u otro ámbito y quieren beneficiarse de esa falta de conocimientos para lograr sus objetivos sin que la sociedad les cuestione. Luchemos, entonces, desde nuestro pequeño rincón en el mundo, para que no lo puedan conseguir tan fácilmente.

Dra. Yolanda Berdasco, periodista, filóloga inglesa y profesora de Comunicación en la UDIMA 

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