Francisco Santolaya (COP): “Para mejorar el bienestar del profesorado lo primero es la reducción de la ratio de alumnado por docente”

Francisco Santolaya Ochando es presidente del Consejo General de la Psicología de España (COP), y Secretario de la Federación Iberoamericana de Agrupaciones de Psicología, una disciplina que cobra cada vez más importancia en el mundo educativo como demuestran los preocupantes datos, tanto de bienestar emocional entres los estudiantes como entre los docentes como así ha quedado constatado en el I Estudio Nacional sobre el Estado de Ánimo de los Docentes en España.

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, lo que le dibuja como un excelente conocedor del ámbito educativo, Santolaya Ochando es doctor en Psicología en la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, psicólogo especialista Psicología Clínica, psicólogo clínico de la Unidad de Salud Mental Malvarrosa del Hospital Clínico Universitario de Valencia, profesor asociado asistencial de la Universitat de València y, además del principal cargo que ostenta al frente del COP, es decano del COP Comunitat Valenciana, presidente de Psicofundación, presidente de la Fundación para la investigación y desarrollo de la psicología aplicada (FIDAP) y presidente de la Unión Sanitaria de Valencia.

En esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO, Santolaya Ochando perfila el estado de la cuestión de una comunidad educativa azotada emocionalmente en los últimos años por una pandemia de la que aún se recupera, pero también por unos nuevos tiempos en que la autoridad del docente no está del todo en su mejor momento, lo que explicaría cierta desazón por parte del profesorado, y con unas nuevas generaciones probablemente algo más despistadas que las anteriores, y donde, por cierto, el acoso escolar no disminuye, bien al contrario se muestra creciente.

Desde la pandemia, la educación les ha tenido particularmente ocupados como profesionales, ¿cómo está la comunidad educativa a día de hoy?

Las familias, estudiantado, profesorado y directivos de centros educativos se enfrentan a retos diarios, que se vieron incrementados con la llegada de la pandemia. Son bastantes los estudios que vienen confirmando el incremento de sintomatología ansiosa y depresiva, conductas autolesivas, trastornos de la alimentación, adicciones, casos de violencia (acoso, de género, sexual, filioparental…) y, en las situaciones más extremas, suicidios.

La mayoría de la comunidad educativa se encuentra bien, superando las situaciones habituales que generan un normal estrés y tristeza, pero hay un creciente porcentaje de personas que están cronificando los malestares y problemas de comportamiento. Se puede concluir que al menos 1 de cada 4 estudiantes y docentes presentan sintomatología ansiosa y depresiva preocupante. Es lógico que se disparen las alarmas y resulta urgente adoptar medidas eficaces para mejorar el bienestar de la comunidad educativa.

Recientemente, se conoció el I Estudio sobre el estado de ánimo de los docentes y los resultados fueron preocupantes: el 38% muestra síntomas de depresión y el 13% presenta conductas autolesivas. ¿Cómo afrontar esto desde la psicología?

Las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica recomiendan las terapias psicológicas como el tratamiento de primera elección para los problemas de salud mental más comunes. Se evalúan las circunstancias de cada caso, determinando qué causas están provocando el malestar, para posteriormente realizar intervenciones necesarias para cambiar las circunstancias ambientales y sociales, así los pensamientos, emociones y conductas de las personas, desde un enfoque individual, grupal y comunitario.

El comportamiento es muy complejo e interrelacionado, por lo que realizar intervenciones psicológicas eficaces no es algo fácil, requiere años de preparación, pericia del profesional de la Psicología, con condiciones y tiempos suficientes para evaluar e intervenir. Además, también en salud mental más vale prevenir que curar, fomentando el bienestar psicológico. En definitiva, como en todos los ámbitos, la Psicología afronta ese tipo de problemas con rigor y eficacia, si se la permite actuar en condiciones adecuadas.

El acoso escolar es otra de las áreas en las que trabajan, pero, por más que aumente la concienciación y las medidas preventivas, los casos no dejan de producirse. ¿Qué hacer, lo primero?

Lo primero es reconocer que los problemas de comportamiento son complejos y cuando hay casos de gravedad requieren la intervención de profesionales expertos. Toda la comunidad educativa debe participar y colaborar para reducir los casos de acoso, fomentando las relaciones de buen trato, pero no se puede pretender que los docentes sean expertos en la prevención, detección e intervención del acoso escolar, que es lo que se les está exigiendo. Esta es una de las razones de su malestar: se están atribuyendo al profesorado unas responsabilidades que exceden de sus competencias. Hay programas de intervención psicológica que, implementados por psicólogos y psicólogas competentes con la colaboración de toda la comunidad educativa, sí consiguen mejorar la convivencia y reducir el acoso.

El que no la totalidad de centros educativos dispongan de un psicólogo, ¿es un problema presupuestario, de voluntad política o de concienciación?

Lo primero que quiero aclarar es que casi la totalidad de los centros educativos no disponen de psicólogo. En algunos pocos centros privados sí tienen este profesional, o en otros centros públicos y concertados, sí hay orientadores psicólogos que siempre han intervenido como psicólogos, pero lo que existe en bastantes centros escolares es la presencia de orientadores educativos, que son profesionales de variadas titulaciones. Algunos de ellos tienen la titulación de licenciatura o grado en Psicología, muchos otros tienen otras titulaciones.

La orientación educativa surge para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, las maneras de enseñar y de estudiar, así como para facilitar consejo sobre posibilidades de continuación de estudios y salidas profesionales, adaptadas a las capacidades y vocación del alumnado. Los orientadores educativos están contratados como orientadores, no como psicólogos. Ahora se pretende que vayan asumiendo mayores responsabilidades para fomentar el bienestar emocional, resolver problemas de comportamiento y promover la salud mental. La mayoría no tiene la preparación idónea para ello, ni las condiciones laborales adecuadas para desempeñar esas labores con eficacia.

Volviendo a la pregunta de qué problemas provocan que no haya psicólogos en los centros educativos, el primero es de concienciación, de reconocimiento de que los psicólogos son los profesionales cualificados para tratar los problemas de comportamiento complejos y promover el bienestar psicológico, la salud mental. Claro que la participación de toda la comunidad educativa es imprescindible para mejorar su bienestar, pero para aportar el conocimiento y la coordinación sobre cómo intervenir ante la problemática psicológica que se está manifestando, es un profesional de la Psicología. Basta ya de actuaciones ineficaces y pretender que otros profesionales asuman unas labores para las que no tienen la preparación idónea.

En un Manifiesto ustedes proponían una serie de medidas para atender la problemática en la escuela. Díganos, ¿qué es lo principal, lo más urgente?

Permítame primero aclarar que se refiere al manifiesto por el Bienestar de la Comunidad Educativa, que se divulga en esta web que subrayo y que recomendamos visitar. Las propuestas que incluye no solo están planteadas por la Organización Colegial del Consejo General de la Psicología, es un manifiesto preparado y suscrito por las principales organizaciones estatales de familias (CEAPA y CONCAPA) y de estudiantado (CANAE y Sindicato de Estudiantes), por relevantes organizaciones sindicales de profesorado (FSIE, STEs-intersindical, FEUSO), por directivos de centros educativos públicos (FEDADi) y otras entidades expertas (ASITES, ANIR, ACIPE, ANPE). Creemos que debe ser considerado el documento más relevante que existe en España sobre cómo mejorar el bienestar de la Comunidad Educativa, estableciendo una clara hoja de ruta que todas las autoridades y responsables educativos deberían tener en cuenta.

Respondiendo a qué medidas son más urgentes, hay unas de carácter estructural del sistema educativo, entre las que creo especialmente destacable la reducción de la ratio de alumnado por docente. La otra medida urgente sería la incorporación de psicólogas y psicólogos educativos a las plantillas de los centros escolares, de tal manera  que puedan conocer lo que ocurre de manera cotidiana, establecer relaciones de confianza con toda la comunidad educativa (familias, alumnado y profesorado), intervenir de manera inmediata cuando surgen dificultades, desarrollar programas para prevenir las problemáticas de comportamiento y fomentar el bienestar psicológico, derivando casos cuando sea necesarios a los sistemas sanitarios y de servicios sociales, coordinando su labor con ellos.

¿Cómo ve la integración de la tecnología en la educación desde una perspectiva psicológica?

Las tecnologías de la información y comunicación son unas herramientas que bien empleadas pueden mejorar los procesos educativos, pero que también presentan riesgos. Hay que aprovechar sus potencialidades para ampliar las posibilidades de aprendizaje, pues facilitan el acceso a los conocimientos y el desarrollo de habilidades con aplicaciones de realidad virtual. Sin embargo, creo que pueden reducir el desarrollo de habilidades, en la medida que la tecnología sustituye tareas que antes realizábamos los humanos y ahora pueden realizar los ordenadores. Me refiero especialmente a las recientes aplicaciones de Inteligencia Artificial.

Este es un campo de investigación reciente y desde la Psicología tenemos la responsabilidad de analizar sus efectos, lograr conclusiones rigurosas y plantear recomendaciones bien fundamentadas. Tal vez pueda ser conveniente evolutivamente retrasar en las personas el uso de algunas de esas tecnologías para fomentar el mejor desarrollo de habilidades cognitivas de investigación, memorización, razonamiento, creatividad, expresión…

Y ¿cómo abordar la diversidad en el aula, también desde la psicología?

El alumnado es diverso y los procesos de aprendizaje exitosos son los que parten de sus conocimientos, intereses y habilidades. El docente es un facilitador de experiencias de aprendizaje, que deben estar lo mejor adaptadas a esa diversidad del alumnado. La Psicología facilita unos conocimientos esenciales sobre cómo somos las personas y cómo aprendemos, por lo que conviene que los docentes tengan unos conocimientos básicos psicológicos para poder realizar mejor su trabajo. Además, las psicólogos y psicólogos educativos están especialmente capacitados para conocer mejor las características personales, facilitando una mejor comprensión del alumnado y recomendaciones a los docentes para atender mejor su diversidad.

Para directivos y educadores que están interesados en incorporar más principios psicológicos en sus prácticas, ¿qué consejos le daría?

En primer lugar, quiero destacar que la inmensa mayoría de los directivos y educadores cuentan con una gran preparación y experiencia que les permite hacer estupendamente su trabajo. Lo que ocurre en muchas ocasiones es que las circunstancias en las que tienen que ejercer su labor se complican y resultan muy estresantes, como pasó por ejemplo durante la pandemia. La educación resulta fundamental y el desarrollo de un país depende en gran medida de tener un buen sistema educativo, con el mejor profesorado posible. Toda mi admiración y apoyo a su labor de educar personas para se conviertan en seres más capaces, libres y felices.

Sobre los consejos que daría a los directivos y educadores, en primer lugar, es que cuiden y atiendan su vivencia y regulación emocional porque son referentes para los equipos que coordinan, para el alumnado y para las familias; cuidar la comunicación, para que sea directa, positiva y recompensante; generar confianza y seguridad para que los centros educativos sean percibidos como lugares seguros para el alumnado y así, poder confiar y comunicar cuando tienen problemas.

Unido a lo anterior, hay otra recomendación que seguramente también les parezca evidente: un directivo es un directivo, un docente es un docente, no son psicólogos. Cuando afrontas problemas de comportamiento, de cierta gravedad y complejidad, lo que toca es buscar la ayuda y colaboración de un profesional de la Psicología.

 

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