Habla la estatua

estatua de Cervantes

¿Qué está pasando? Salimos del confinamiento y los pedestales temblaron. El asesinato de George Floyd el 25 de mayo de 2020 en la ciudad de Mineápolis es un luctuoso suceso que hay que condenar una y mil veces. George nació en Carolina del Norte en 1973, jugó en los equipos de fútbol y de baloncesto de la escuela preparatoria, trabajó como camionero y vigilante de seguridad y, en 2020 perdió su trabajo debido a la pandemia de COVID-19. Murió a causa de los abusos policiales. Porque, lamentablemente, el racismo sigue existiendo hoy, de manera que todos debemos seguir luchando, mediante la paz, para erradicar la xenofobia en el planeta.

Pero, ¿qué tienen que ver Colón, Cervantes o Junípero Serra? Cierto es que la conquista española de América tuvo sombras, métodos injustificables a la luz del tercer milenio. Pero ni Colón, ni Cervantes ni Junípero Serra habitan en 2020. Podemos recordar sus viajes, podemos leer sus obras y podemos visitar las misiones ahora convertidas en ciudades.

No obstante, no debemos aplicar los valores del presente para enjuiciar el pasado porque las mentalidades cambian. Cronológicamente, el genovés fue navegante y posibilitó el encuentro entre dos mundos, falleciendo en Valladolid en 1506 sin saberlo. El alcalaíno fue soldado del Tercio Viejo de Sicilia, lo tomaron cautivo en Argel, a su regreso a la Península estuvo en prisión, desde las instancias oficiales no le dejaron viajar a América, presentó en sus novelas a una asturiana convertida en Sultana y a musulmanes y cristianos que, en el ciclo de Lepanto, eran amigos. Con las centurias, don Miguel, al que ahora en el Golden Gate Park de San Francisco determinados activistas tildan de “bastardo”, dio el impulso decisivo al español, un idioma que hoy hablamos más de 580 millones de personas gracias, en buena parte, al magnetismo de El Quijote. En tercer lugar, el franciscano mallorquín de la etapa de la Ilustración fue evangelizador, abogó por la inclusión y, en California, fundó 21 misiones, como la de San Diego.

En ese tránsito de la primavera al verano, la población se moviliza para pedir la igualdad y, por supuesto, que hay que solicitarla de manera unánime. Sin embargo, como ya anticipábamos, los derechos humanos hay que defenderlos renunciando a la violencia.
La antigua costumbre de los romanos de realizar la damnatio memoriae, o juicio post mortem a los emperadores que hubieran incurrido en tropelías, o la tradición de oficio de los virreinatos españoles de hacer un juicio de residencia a quien salía del cargo, revelan cómo dichas prácticas de auditoría tenían lugar cuando los acontecimientos eran recientes. Por tanto, se juzgaba al sujeto en función de los principios que marcaban el orden social del momento. En sus fases más feroces, la Inquisición aplicó la saña de establecer penas a reos que ya habían sido asesinados, o quemaba en efigie a difuntos pero, a pesar de estas tropelías, nunca aplicaba un código penal en vigor en ese presente a alguien muerto hacía siglos.

Llevando al plano docente este discurso, por lo general, en la Historia de las civilizaciones se ha evaluado a los “alumnos” con los parámetros de su propia época. ¿Qué sería de un adolescente actual si le obligaran de un día para otro a superar la reválida? Y, ¿si el saber memorístico fuera estimado como el primordial? O, ¿si las matemáticas avanzadas fuera preciso sacarlas adelante sin el recurso de la calculadora? Y, ¿qué ocurriría si en la consulta médica recetaran vetustas sangrías y terapias en vez de recurrir a los últimos avances científicos?

La Historia siempre se mueve entre dos ejes, el espacio y el tiempo. A estos mismos personajes a los que ahora se les practica un juicio anacrónico, se los han disputado numerosas ciudades como lugar de nacimiento. Y el tiempo, que dicen que lo cura todo, se pesa en una balanza. Instrumento de medir que debería encontrarse al margen de las corrientes políticas donde el fiel, en ocasiones, se inclina hacia el olvido o hacia el recuerdo.

Doctoras MARÍA LARA y LAURA LARA.
Profesoras de la UDIMA, Escritoras Premio Algaba y Académicas de la Academia de la Televisión.
Coordinadoras del grupo de investigación de la UDIMA «(GI-14/2) Espionaje en los siglos XVI-XIX. Experiencias de innovación educativa».

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