¿Hacia la inexorable cretinización digital?

Psiquiatras, psicólogos, neurocientíficos y un buen número de expertos en educación lo advierten. Distintos estudios lo confirman. Las alarmas ya han saltado, pero nadie le pone el cascabel al gato del abuso de las pantallas entre menores. Un problema que no solo expone a niños y niñas a potenciales adicciones tan potentes como a la producida por cualquier sustancia estupefaciente o el juego, sino que, además está provocando importantes deterioros cognitivos con los riesgos que ello implica.

En relación a la adicción que provocan, les aconsejo que vean el impactante documental de Netflix ‘El dilema de las redes’, donde varios antiguos directivos y tecnólogos de las grandes empresas de Silicon Valley (Facebook, Twitter, Google…curiosamente no aparece la propia Netflix) nos advierten de cómo sus programadores e ingenieros trabajan para que las redes, cual telas de araña, atrapen a los usuarios a través de sofisticados algoritmos. Lo más inquietante del documental es la advertencia sobre el aumento de suicidios entre adolescentes. Aunque sea harina de otro costal, si quieren abundar más sobre cómo nos controlan cada vez más a través de estas plataformas y algoritmos les aconsejo encarecidamente el último libro del coronel Pedro Baños “El dominio mental: la geopolítica de la mente”.

Pero tan preocupante o más que la adicción a estas redes y el dominio mental que ejercen, es el efecto devastador que este abuso está causando sobre la inteligencia de los menores, hecho que se evidencian distintos estudios científicos. El neurocientífico francés Michel Desmurget, director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, lo puede decir más alto pero no más claro en el título de su libro “La fábrica de cretinos digitales”. En una entrevista para BBC llega afirmar “simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo”.

Otros estudios demuestran que el conocido como ‘efecto Flynn’ y que nos indicaba como el coeficiente intelectual no paraba de aumentar de generación en generación se ha frenado en seco. Investigadores noruegos del Ragnar Frisch Centre for Economic Research ya nos advirtieron de ello en el estudio titulado ‘Flynn effect an its reversal are both evironmentally caused’ en el que comprobaban como en la población noruega se produce un descenso del CI (Coeficiente intelectual) a partir de los nacidos en el año 1975, señalando como posible causa el uso de pasatiempos en línea. Aunque esto pueda deberse a factores relacionados con el medioambiente y otros hábitos de vida, cada vez son más estudios, que confirman este supuesto descenso del CI.

Muchos profesores también observan como las pantallas e internet favorecen en muchos casos falta de concentración, pereza intelectual y merman la curiosidad y el pensamiento crítico al encontrar fácilmente respuestas simples en las pantallas. Ya hay países que se han puesto muy serios con esto. En Taiwán, por ejemplo, consideran que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil y se establecen multas para los padres que no limitan el tiempo de pantalla de los chicos entre 2 y 18 años. En China están limitando el consumo de videojuegos entre los jóvenes.

Nunca habíamos tenido tanta información a nuestro alcance, pero el exceso no es sinónimo de una buena calidad, más bien todo lo contrario. En una inundación el bien más escaso y valioso es el agua potable. Difícilmente vamos a depurar las aguas de nuestros hijos si no frenamos este peligro que parece estar fomentado por a quienes les interesa tener a masas más cretinizadas y, por tanto, más manejables. El detalle de que los grandes gurús de Silicon Valley lleven a sus hijos a colegios sin pantallas no deja de ser revelador.

No quiero con esta reflexión defender ni mucho menos la eliminación de lo digital en la educación en un suerte de neo-ludismo tecnológico, simplemente quiero alentar un necesario debate que debe implicar, tanto o más, a las familias como a los centros educativos. En España, nuestros adolescentes están entre los mayores consumidores de redes sociales, hábito que se ha disparado hasta en un 170% durante el confinamiento. Por tanto, no quiero ni pensar qué saldrá en nuestro país del cóctel explosivo del abuso de las pantallas y las leyes que arrumban cada vez más el esfuerzo y el trabajo. Que Dios nos coja confesados y, a ser posible, con el móvil desconectado o fuera de cobertura.

Víctor Núñez Fernández, doctor en Periodismo y director general de ÉXITO EDUCATIVO

Víctor Núñez
Author: Víctor Núñez

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