Héroes con bata, cafres con lata

heroes con bata

Esta pasada semana me tuve que someter a una intervención quirúrgica en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Afortunadamente, y gracias al excelente trabajo de cirujanos y el equipo médico, solo estuve un día y medio ingresado, lo suficiente para comprobar de primera mano de la pasta de la que están hechos los profesionales que allí trabajan. Desde aquí mi agradecimiento y admiración, no solo por su capacitación técnica y profesional, sino también por la humanidad, cariño y dedicación que dedican a cada paciente. Estoy convencido de que lo que vi en el Gregorio Marañón -un hospital público, por cierto, para los que denuncian un desmantelamiento de la sanidad pública madrileña- es lo habitual entre la inmensa mayoría de estos profesionales. Creo que a nadie le cabe la menor duda de su inmensa como impagable labor durante la pandemia, un trabajo tan esencial como heroico, como así se les reconoció con aquellos aplausos en el balcón a las 8 de la tarde.

En las horas que fui atendido excelentemente por las enfermeras y auxiliares, algunas me preguntaron a qué me dedicaba, para simplificar y no explicar mi compleja vida ‘multitasking’, les dije que era “profesor universitario”. En cuanto lo decía, varias me preguntaron por la actitud de los jóvenes en la universidad, si era así de irresponsable y me manifestaban su temor y su consternación ante las escenas vistas tras el fin del estado de alarma con esos botellones multitudinarios con auténticos cafres bailando, gritando y emborrachándose, lata en mano, sin guardar ninguna medida de seguridad. Me comentaron que cada vez había más jóvenes ingresados por COVID en el hospital, algunos en la UVI. Al hacerme la pregunta de cómo se portaban en la universidad mi respuesta era un tanto gallega y como si me preguntaran por los pimientos de Padrón les decía: “unos se portan bien y otros no”.

Ante estas inquietudes de los sanitarios me quedé reflexionando sobre la sociedad en la que vivimos y sobre si los profesionales de la educación podríamos hacer más por tratar de mejorar el comportamiento cívico de nuestros estudiantes. Sé que la máxima responsabilidad sobre la educación ética y cívica está en las familias, pero como dice el sabio proverbio africano “para educar un niño es necesario educar a toda la tribu”. Todos deberíamos reflexionar sobre qué podemos hacer como padres, profesores o, simplemente, ciudadanos, para ayudar a esos héroes con bata que siguen velando por nuestra salud y luchando con el peor enemigo con el que nos hemos enfrentado como sociedad en las últimas décadas. Y los jóvenes irresponsables, no todos son universitarios -vaya eso por descontado- ni todos son jóvenes como demuestran las escenas vividas con las últimas celebraciones deportivas, pensar que tras su diversión está el sufrimiento de muchas familias y el epopeya indeseada de esos ángeles que nos guardan. Dejen la lata y póngase en la piel de los de las batas. Menos botellón y más educación.

Víctor Núñez, director general de ÉXITO EDUCATIVO y profesor universitario

 

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