Historiadores, preocupados por la “desafección política” que genera la enseñanza de Historia en España

La última señal de alarma la ha dado el primer informe general del Observatorio de la enseñanza de la Historia en Europa del Consejo de Europa (OHTE), que manifiesta la preocupación de los profesores por la saturación de los currículum académicos y la presión lectiva, y, para el caso español, la deslocalización de sus contenidos, resultado del traspaso de competencias, y el uso de lenguas regionales diferentes a la del español, que entorpece la asunción de conceptos.

El informe dibuja una imagen clara sobre cómo se enseña la Historia en los dieciséis Estados miembros del OHTE, más el Estado observador Ucrania. Abarca temas como los aspectos formales del plan de estudios y las prácticas en el aula, los retos a los que se enfrentan los educadores, el lugar de la Historia en los sistemas educativos, los libros de texto y otros recursos educativos, las dinámicas de enseñanza, los resultados del aprendizaje y las evaluaciones de los alumnos.

El primer aviso ya se dio tras el reciente anuncio de que la EBAU iba a reformarse. La conversión de una materia y asignatura que era troncal y general en una materia ya sólo opcional y electiva es, a juicio de la Real Academia de la Historia, “sumamente lesiva para su consideración pública y estimación formativa, en la medida en que presupone que los futuros estudiantes universitarios españoles ya no tendrán que demostrar un mínimo suficiente de conocimientos sobre la historia del país del que forman parte”.

Para la Real Academia de la Historia “este ya sería suficiente motivo para llamar la atención sobre esa conversión por sus nocivos efectos sobre la futura conciencia histórica de la joven ciudadanía española”.

El grado de preocupación en este ámbito, en declaraciones a ÉXITO EDUCATIVO, lo describe a la perfección Álvaro de Diego, historiador, catedrático de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo y autor de ‘La Transición sin secretos’, al afirmar que “el conocimiento adecuado de la Historia debería ser un elemento más de ciudadanía en tiempos convulsos, inclinados a la polarización y el enfrentamiento; un antídoto contra la manipulación política y la desafección democrática”.

De hecho, para este profesor de Historia Contemporánea, aunque el referido informe destaca la dificultad para la enseñanza de la Historia en España por la sucesión de leyes educativas y el perjuicio a los castellanohablantes en alguna comunidad autónoma (con lenguas cooficiales), “creo que no llega a precisar la gravedad del problema. Se queda, a mi juicio, corto”.

En consecuencia, De Diego lamenta que “los jóvenes españoles ignoran, por ejemplo, los rasgos básicos de nuestro sistema democrático porque desconocen la Constitución. Tampoco se les ha explicado la Transición que la alumbró”. Además, prosigue, la transferencia de las competencias educativas a las Comunidades Autónomas ha determinado un “concepto localista y regional” de la Historia en la que, “con independencia del sesgo de algunos libros de texto, muchas veces falta un hilo conductor común que explique el pasado compartido de los españoles”.

Una argumentación que, en declaraciones a ÉXITO EDUCATIVO, secunda la doctora María Lara Martínez, profesora de Ciencia Histórica y Antropología en la Universidad UDIMA y autora de ‘Historia del ser humano’, para quien “la preparación de los niños en los valores cívicos de los derechos humanos y de la democracia pasa por un sistema educativo donde no se instrumentalice la Historia al servicio de una ideología política, sino donde se tenga como referente que la sociedad crezca en humanidad, de ahí la relevancia de las Humanidades en el calendario escolar”.

¿La democracia en peligro?

En su documento de alegaciones a la reforma de la EBAU, la Real Academia de la Historia apunta que “cabría simplemente recordar que otros países de nuestro entorno histórico-cultural siguen considerando la formación histórica como una parte esencial, crítica e inexcusable de todos sus ciudadanos sin excepción, en sus respectivos niveles y grados, incluyendo el de los estudiantes que aspiran a seguir estudios superiores y que, por su preparación correspondiente, habrán de tener un protagonismo acaso mayor en la vida socio-política y cultural de su país”.

Porque, como apunta la doctora Laura Lara Martínez, profesora de Historia Contemporánea y de Historia de la Educación en la UDIMA, y coautora de ‘Breviario de Historia de España’, “sólo estudiando de manera reflexiva el pasado podemos construir entre todos un futuro mejor”. Lo dice sin olvidar que la Historia es una de las asignaturas “más susceptibles de ser manipuladas desde el poder”, pero “crear paréntesis en la Historia para no estudiar algunos períodos no tiene justificación porque el espíritu crítico se desarrolla estudiando las luces, para sacar lecciones a imitar, y las sombras, para que los momentos turbulentos no se repitan”.

El secretario general adjunto del Consejo de Europa, Bjørn Berge, aplaudió el trabajo del Observatorio como la última innovación en los estándares del Consejo de Europa sobre cómo enseñar la Historia de forma que dé a los ciudadanos fe en su democracia y los provea de las competencias necesarias para entender y defender su cultura democrática.

También el presidente del Comité de Dirección del OHTE, Alain Lamassoure, subrayó la importancia del trabajo del Observatorio. “Recurrimos a la Historia para entender el presente y cómo podría afectar al futuro. Pero la Historia también se puede manipular, con serias consecuencias para los derechos humanos y la democracia”, advirtió.

Las 15 conclusiones principales del informe muestran que la Historia se enseña desde la escuela primaria y que en la mayoría de los Estados las lecciones de Historia incluyen enseñanza sobre las minorías, pero menos de la mitad mencionan explícitamente la dimensión europea. ¿Es esto un problema? Habrá que verlo con el tiempo, pero, sin duda, lo que sí representa es un síntoma que habrá que tener en cuenta.

De vuelta a casa, la Real Academia de la Historia refiere parte de las conclusiones de la comisión de historiadores de los Estados Unidos que, aun enunciadas en 1994, serían aplicables hoy al caso español, a juicio de la institución española. Así, se apuntaba entonces que “el conocimiento de la historia constituye la precondición de la inteligencia política. Sin historia, una sociedad carece de memoria compartida sobre lo que ha sido, sobre lo que son sus valores fundamentales o sobre las decisiones del pasado que dan cuenta de las circunstancias presentes”.

“Sin historia”, agregaban los historiadores estadounidenses, “no podríamos llevar a cabo ninguna indagación sensata sobre las cuestiones políticas, sociales o morales de la sociedad. Y sin conocimiento histórico y la indagación que lo produce, no podríamos obtener la ciudadanía crítica e informada que es esencial para la participación eficaz en los procesos democráticos de gobierno y para la plena realización por todos los ciudadanos de los ideales democráticos de la nación”.

“La historia es como en medicina”, tercia la historiadora en declaraciones a ÉXITO EDUCATIVO Laura Lara: “Para fomentar la salud hay que estudiar el recorrido que ha tenido la enfermedad”. La misma idea que implementar a los efectos de aprender historia, donde, recuerda esta profesora, “la libertad de cátedra debe ser respetada en todas las instituciones y en todas las naciones”.

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