Informe EE. La brecha de género invertida: por qué los chicos son peores estudiantes que las chicas y a nadie le importa

La brecha de género invertida: por qué los chicos son peores estudiantes que las chicas

Los varones tienen peores notas, se gradúan en menor número tanto al final de la ESO como del Bachillerato y ya son minoría en las universidades. Pero no parece que a nadie le importe. Los últimos datos oficiales del Ministerio de Educación y Formación Profesional, de marzo del año pasado, lo dejan bien claro: el 84% de las alumnas titula en ESO, frente a un 73,8% de los alumnos. En Bachillerato la proporción es aún más desigual: un 63,1% de las alumnas que comenzaron Infantil se gradúan frente a sólo un 47,5% de los alumnos. 10 y 15 puntos de diferencia, respectivamente.

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Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional. Gráfico: Elaboración propia.

En la Universidad las mujeres suponen el 55,6% del total de estudiantes. El único tramo educativo donde son muy minoritarias es en la FP Básica, el 29,3% del alumnado. En el resto de los estudios de Formación Profesional la brecha es menor, ya que las mujeres son el 43,7% en Grado Medio y el 47,7% en Grado Superior, aunque existen también importantes diferencias según las familias profesionales, algunas muy feminizadas y otras muy masculinizadas. Lo mismo ocurre en la universidad con las mujeres con presencia muy mayoritaria, por encima del 70%, en áreas como educación, salud y servicios sociales, y mucho más baja, en torno al 30%, en ingenierías, industria y construcción y menos del 15% en informática.

La brecha de género invertida: por qué los chicos son peores estudiantes que las chicas
Las estudiantes son mayoría en la Universidad, pero algunos grados están profundamente femininizados y otros altamente masculinizados. (Gráfico Ministerio de Educación y Formación Profesional)
Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional. Gráfico: Elaboración propia.

Más diferencias

El abandono escolar también es mucho más alto entre los varones. Entre 2011 y 2021 el de las chicas ha experimentado una notable reducción, pasando del 22,6% al 11,6%. Aunque el abandono escolar de los chicos ha bajado aún más, 13 puntos frente a 10, estos partían de una situación mucho peor: del 33,6% en 2011 han descendido hasta el 20,2% en 2021. Es decir, los chicos llevan diez años de retraso respecto a las chicas ya que están ahora en las mismas cifras que ellas tenían en 2011.

La brecha de género invertida: por qué los chicos son peores estudiantes que las chicas
Los chicos tienen ahora las mismas cifras de abandono escolar que las chicas en 2011, un retraso de casi 10 años. (Gráfico Ministerio de Educación y Formación Profesional)
Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional. Gráfico: Elaboración propia.

Existe, pues, una brecha de género, pero al revés de lo que suele ocurrir en muchas otras área educativas o sociales, esta brecha afecta a los varones. Y no parece que diferencias tan notables hagan que se encienda ninguna alarma entre los responsables del sistema educativo nacional. Ni en el Gobierno ni en las comunidades autónomas.

Así opina Toni García Arias, director del CEIP Joaquín Carrión Valverde de San Javier (Murcia), ganador del Global Teacher Award 2021, mejor docente de España 2018 y autor de varios libros para el que “la brecha de género en el fracaso escolar es una realidad más que palpable por parte de todo el profesorado. Y, a pesar de que no es ninguna novedad, es un problema que parece no preocupar a los responsables de la educación”.

A partir de 5º o 6º de primaria, dice, se empieza ya a observar ese desfase. Para Belén Blanco, responsable pedagógica de la Red de Colegios Marianistas, es a partir de primero y segundo de la ESO, el momento en el que las chicas maduran más deprisa que los chicos, cuando se hace notar una diferencia mayor. Ella cree que “no preocupa a nivel escolar porque es como si estuviese muy asumido que las chicas van a tener mejores resultados, que las chicas siempre van a ser más maduras y están más centradas”.

Una idea en la que coincide el sociólogo y antropólogo Mariano Urraco, profesor de la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA: “A nivel cultural está mucho más arraigado en nuestro imaginario colectivo la imagen de la niña responsable, las chicas como buenas estudiantes y la imagen del niño rebelde, de los chavales que pasan de la escuela. Que de alguna forma estudiar está asociado al género femenino”.

María Calvo Charro, profesora titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III, autora del libro “La masculinidad robada”, sostiene que “los chicos están fracasando escolarmente, no tienen comprensión lectora, tienen un problema realmente grave, y no se hace nada. Pero no se hace nada por el hecho de que son chicos. Hay como una asunción de que, si los chicos tienen problemas, que se los solucionen ellos, mientras que si las niñas tienen problemas aquí todos tenemos que volcarnos”.

Ausencia de estudios

Se trata, además, como veremos más delante, de un problema global, no reducido al ámbito español ¿Qué es lo que pasa, por qué se produce ese desfase entre los resultados de unas y otros?

Beatriz de la Riva, doctora en pedagogía y profesora en la facultad de Educación de la UCM señala que estudios recientes indican que entre las posibles causas de esta diferencia de rendimiento está el hecho de que “las chicas tienen motivaciones de logro internas más potentes o, como podríamos señalar vulgarmente, más amor propio”.

“En el instituto – explica Toni García Arias – observamos que, mientras en las niñas la popularidad está más relacionada con la moda y las notas, en los niños se alcanza la popularidad muchas veces por el comportamiento más o menos disruptivo”. Varios alumnos masculinos pasaron así de aprobar todas las asignaturas y tener un comportamiento ejemplar a suspender y comenzar a comportarse de manera chulesca, sólo para ganar popularidad. Y añade que “el machismo condiciona muchas veces el comportamiento de las chicas, es verdad, pero también el de los chicos, como en el caso de la búsqueda de empleo rápido y la actitud dominante en las relaciones entre iguales”.

Biología y roles

La pura biología, las diferencias biológicas, hormonales, los distintos procesos de crecimiento y madurez, podrían ser parte fundamental de la explicación para María Calvo. En esa línea Beatriz de la Riva señala que los docentes que trabajan con adolescentes comprueban que se trata de “un período en el que se produce una fuerte revolución hormonal, los chicos se distraen más fácilmente con las atracciones físicas que necesariamente se producen a esta edad”.

Belén Blanco apunta que lo que hay que hacer es “analizar los factores psicológicos, sociales, culturales, económicos y pedagógicos que pueden estar influyendo”.

Motivos sociales más profundos y complejos podrían también influir. Así, María Calvo advierte que en su opinión “todas las actitudes típicamente masculinas, que van muy unidas a la biología, se desprecian profundamente. Los niños tienen miedo de ser hombres”.

Beatriz de la Riva incide en que “como el papel del varón en nuestra sociedad actual ha cambiado y encuentra un hueco complicado, el ensayo de roles es aún más difícil para el adolescente. Un problema que no tienen las mujeres”.

Cada vez es más frecuente, apunta Belén Blanco que “en primero o segundo de la ESO te puedes encontrar muchos chicos que te dicen: “yo quiero ser médico, yo quiero ser ingeniero”, y que cuando llegan al Bachillerato se “pinchan” porque no tienen capacidad de hacer el esfuerzo, no porque no tengan la capacidad intelectual”.

Pérdida para la sociedad

En los centros educativos es palmaria la diferencia entre sexos que se acrecienta con el tiempo. Así Toni García Arias dice que “observamos que las niñas dedican mucho más tiempo a las tareas académicas en casa y que muestran mayores expectativas en cuanto a la realización de estudios superiores, mientras que ellos están más preocupados por la consecución rápida de un empleo o la realización de unos estudios que no les ocupen mucho tiempo”. En Levante, recuerda, cada boom inmobiliario supone el abandono de la escuela de muchos jóvenes varones.

Belén Blanco advierte de un problema que puede ser importante para el futuro laboral de nuestro país: “Se empieza a notar a nivel general en España, como sociedad, un descenso de gente buena en los campos STEM. Las chicas llegan menos, bien por vocación o por lo que sea, y cada vez hay un menor número de chicos, vamos a decir brillantes, con vocaciones más claras”. El hecho es, añade, que “se ha extendido tanto la mediocridad que ha hecho que la parte intermedia de la campana que formarían los alumnos se estire. Ya no destacan muchos alumnos, como tampoco tienes a gente de muchísimos suspensos, que antes los había. Eso también ha desaparecido casi totalmente”.

Brechas que sí se combaten

Mariano Urraco, cree que “hay una brecha inversa evidente, y que sin embargo se está trabajando sobre brechas que, siendo ciertas, podrían cubrirse solas, en el sentido de que si hay más niñas estudiando, es cuestión de tiempo que acaben estudiando ingeniería. Lo que hay que hacer es conseguir que todos, niños y niñas, estudien más, ya que estudian, entre comillas “lo que quieren”. Pero es algo que choca bastante con la corriente de pensamiento actual, con todo lo que eso implica”.

María Calvo es aún más crítica: “Está muy bien que los poderes públicos quieran que haya más niñas en STEM. Pero ellas tienen que quererlo también. Obsesionarse por conseguir una igualdad cuantitativa es absurdo y es más propio de países no democráticos como Rusia o China que lo consiguen porque lo imponen”.

Maestras y profesoras

Otros datos muy llamativos del sistema educativo español tienen que ver con el porcentaje de profesoras. Son mayoría en todos los niveles, excepto en el universitario donde están en crecimiento, siendo de momento el 42% del profesorado. Pero donde la cifra es sencillamente abrumadora es en las primeras etapas educativas: en Infantil hay un 97,6% de maestras, es decir que los maestros varones son una auténtica rareza. En Primaria el dato es un poco menos abrumador, aunque la diferencia también es abismal, ya que aquí hay un 82% de mujeres. 7 de cada 10 docentes son mujeres, y doblan a los hombres en los puestos de dirección.

La brecha de género invertida: por qué los chicos son peores estudiantes que las chicas
La presencia de mujeres es muy mayoritaria entre los docentes, incluso en puestos de dirección (Gráfico Ministerio de Educación y Formación Profesional)
Fuente: El Ministerio de Educación y Formación Profesional. Gráfico: Elaboración propia.

Y de igual forma que se hacen continuamente campañas de todo tipo y se buscan referentes científicos o técnicos para fomentar las vocaciones STEM entre las chicas, la abrumadora presencia femenina también puede tener su influencia, en este caso desmotivadora, en los chicos. María Calvo cree que “el profesorado femenino impone un ideal femenino en las aulas. Está muy mal vista la competitividad, está mejor vista la cooperación, hay que tener un pensamiento más holístico… se está incomprendiendo a los chicos, y por tanto es muy fácil que se frustren, que tiren la toalla y que piensen que estudiar es cosa de chicas”.

Mariano Urraco, apunta a la diferente atención que reciben las brechas de género. “Parece que la única brecha que interesa y sobre la que se invierte y sobre la que se generan políticas y programas es la de aquellas profesiones que están masculinizadas, véase las ingenierías o informática. Pero no se habla nunca de la brecha brutal que existe, por ejemplo, en Magisterio”.

No es el único ámbito de estudios donde casi no hay alumnos masculinos. Belén Blanco recuerda que “un año en la clase de biología tenían 33 chicas y 3 chicos. Lo que hay que ver es, eso ¿por qué se da? ¿Por una cuestión psicológica, madurativa, social, económica o pedagógica? No es un tema menor y cada vez va a más”.

Problema internacional y soluciones

Se trata de un problema muy extendido, prácticamente global. La profesora Calvo explica que “hay un informe de la Unesco del pasado mes de abril que dice que los niños tienen más probabilidades de repetir primaria que las niñas en 130 de 142 países”. Ese informe tiene un nombre revelador: No dejar a ningún niño atrás: informe mundial sobre la desvinculación de los niños de la educación. Pero, según María Calvo, plantea el problema, pero no ofrece soluciones, como ocurre con otros informes de la Unión Europea.

“Las soluciones son complejas – explica Toni García Arias porque van más allá de una simple intervención en la escuela. Lo primero que hay que realizar son investigaciones sobre este problema, ya que no existe prácticamente literatura al respecto”.

Una primera medida sería que la escuela ofreciese “referentes masculinos actuales en diferentes áreas, más allá de lo deportivo”. En este sentido cree que habría que fomentar la presencia de hombres en la Educación Infantil y Primaria.

La participación de orientadores y psicólogos en Secundaria, “la etapa donde muchos alumnos masculinos empiezan a mostrar comportamientos disruptivos y pérdida de interés hacia los estudios”, sería otra medida. A la que Toni García añade “cambiar la rigidez de cursos asociados a años de nacimiento” y que se permitiera la bajada o subida en las diferentes asignaturas en función de la madurez del alumnado y no de su año de nacimiento.

En definitiva, como concluye Beatriz de la Riva “sin duda, en este campo como en cualquier otro, lo deseable es analizar todas las causas y variables antes de emitir juicios sesgados en ninguna dirección”. Y en lo que coinciden todos los expertos consultados por ÉXITO EDUCATIVO es en que hay pocos estudios científicos sobre un problema que es global y que, paradójicamente, parece un “no problema”, un problema invisible.

Infografía resumen

La brecha de género invertida

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