Innovemos con cabeza

tecnología como herramienta educativa.

Estamos en el ojo del huracán de un debate que gira entorno al uso de los móviles en los colegios. Se oyen opiniones de todo tipo y, aunque yo tengo la mía propia, no vengo a hablar de esto, pero sí de algo bastante relacionado: el uso de la tecnología como herramienta educativa.

Y digo herramienta porque en los últimos años se ha confundido el concepto de innovación con el cambio de soporte: innovar no es sustituir los libros por tabletas o chromebooks. En ocasiones los colegios han decidido optar por la introducción de la tecnología en el aula como reclamo comercial, es decir, para aumentar matrícula, porque el colegio de enfrente está teniendo mucho éxito. En otras, arrastrados por la vorágine tecnológica que nos empuja.

No estoy en contra de la tecnología en las aulas de Secundaria o en los últimos cursos de Primaria, es más, creo que en función del uso que se le dé, puede ser un buen medio para comprender mejor. Por ejemplo, es más sencillo entender el funcionamiento de una turbina con un video que con un dibujo en la pizarra.

Pero, como en todo, siempre hay un “pero” y en este caso, unos cuantos.

En primer lugar, no podemos introducir la tecnología en el aula sin antes haber formado al profesorado. Y no hablo de enseñarles cómo funciona un software concreto. Si no que, previamente, los maestros tienen que dominar el “arte de la enseñanza”: ¿cómo van a mover las cabezas de sus alumnos? ¿cómo van a interactuar? ¿cómo van a gestionar el ruido pedagógico de su aula para que esté orientado al aprendizaje? ¿cómo van a acompañar el proceso de aprendizaje? ¿qué evidencias de aprendizaje se van a generar? ¿cómo van a personalizar el aprendizaje de cada alumno y alumno?

Por otro lado, qué importante es, ante un proceso de cambio, evaluar qué aspectos queremos mantener porque realmente aportan valor al proceso de aprendizaje de los alumnos. Lo que me parece “peligroso” es dejar de lado lo esencial como puede ser el escribir a mano, hacer esquemas, tomar apuntes… La tecnología tiene que enriquecer y aportar, no empobrecer. Así que creo que es fundamental, tal y como adelantaba en el título del artículo, buscar el equilibrio.

¿Alguna vez hiciste una “chuleta” en tu etapa escolar? Si tu respuesta ha sido afirmativa, seguramente estarás de acuerdo con lo siguiente: cuando hacías la chuleta acababas memorizando lo que tratabas de comprimir en un papelito. Solo el hecho de tener que sintetizar la información para que cupiera en el minipapel o en el bolígrafo BIC hacía que tu memoria se activara. Y es que escribir a mano ayuda a memorizar.

Y, escribir a mano, no solo ayuda a memorizar, sino que ayuda a la comprensión. Y a ordenar los pensamientos, a conectarnos con el presente, estimula un tipo de motricidad fina que no se entrena con el ejercicio de tecleo, favorece la esquematización y síntesis de las ideas (al ser más lento escribir a mano que teclear el cerebro se ve forzado a sintetizar la información).

Pero el teclear también aporta rapidez, facilidad para revisar y corregir el texto.

Este es solo un ejemplo de la importancia que tiene el revisar aquello que sí funciona antes de plantear un cambio. ¿Y si buscamos el equilibrio entre lo tradicional y lo nuevo? Esto es innovar con cabeza.

Por Anabel Valera IbáñezHead of School Improvement de IEP y directora ejecutiva de la Red de Directivos de Instituciones Educativas en España REDIE

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