Internacionalización: apuntes para un ¿nuevo? escenario

Seguramente una de las preguntas que están rondando por la cabeza de muchos responsables de internacionalización y de centros educativos de cualquier nivel, es esta pregunta o una muy similar. De la misma forma también debe de rondar la necesidad imperiosa de prepararse para el día después que, pasada la alerta sanitaria, llegará.
Superada la visión apocalíptica que parece imponerse desde algunos medios de comunicación, creo que es el momento de analizar, con un cierto sosiego, el tablero en su conjunto y, una vez definido, establecer los límites del campo de juego en el que nos podemos mover en los próximos meses. Frases del estilo de “tras esta crisis se escribirá un nuevo mundo, con otras reglas” recién pronunciadas por el Comisario de mercado Interior de la UE recuerdan mucho a aquellas pronunciadas por el ex presidente de la República Francesa de que “hay que refundar el capitalismo”. Las crisis, sin duda, realizan modificaciones aunque no siempre son del carácter estructural al que aluden esas frases u otras parecidas.

Como primera medida debemos medir, en términos económicos al menos, la magnitud del objeto de este artículo. La educación internacional para el curso 18/19, en cifras aproximadas, movió en España más 2.000 millones de euros (2.143.631.704 euros) y logró que más de 600.000 estudiantes se matricularan en instituciones de study abroad, Erasmus+, cursos de idioma y programas de formación de escuelas de negocio. Estas cifras se recogen en un trabajo que, siendo el más exhaustivo y riguroso realizado hasta el momento -tuve la oportunidad de participar en él- tiene que tomarse como una aproximación conservadora. Con casi toda seguridad, la aportación a la economía española es mayor.

En el estudio no se recogen los aportes económicos realizados por estudiantes internacionales en centros educativos con programas “profesionalizantes” como las escuelas de cocina, de fotografía, de animación, etc.  Tampoco aparecen reflejados otros aportes indirectos, como el que supone las visitas de familiares o amigos a los estudiantes en el periodo de estancia en España y que se dan por la única razón de que los estudiantes están aquí. Si a todo lo anterior le añadimos el aporte realizado a la economía española a través de la formación online o semi presencial (no contabilizada en el trabajo de referencia) vemos que estamos ante un sector de unas dimensiones económicas importantes.

Al aspecto económico directo es obligatorio añadir un aspecto “indirectamente económico”. A saber, en nuestras manos (en las de las entidades educativas y en las del conjunto de la sociedad) está hacer que cada uno de esos alumnos que atraviesan nuestras fronteras lo haga inicialmente como alumno y salga como “consumidor” de lo español. Muchos de esos alumnos llegan a España en una franja de edad que resulta crucial; una franja “esponjosa” en la que el alumno absorbe, como si fuera una esponja, no solo los conocimientos sino también el contexto en el que estos se adquieren.

De estudiante internacional a consumidor de lo español

Nuestra forma de vida, nuestra forma de socialización y participación comunitaria, nuestro entorno natural y cultural son elementos que juegan a nuestro favor para que ese proceso de absorción se resuelva positivamente y el estudiante, además de la formación adquirida, obtenga una experiencia vital agradable que lo acompañe para toda o para una parte importante de su vida. Logrado ese objetivo, tendremos ante nosotros una figura virtuosa en la que un estudiante internacional pasa de ser estudiante a ser un consumidor de lo español y, una vez en su país, un “facilitador empático” con nuestra cultura, productos y servicios.

Todo eso se ha parado con la crisis del Covid-19. Son muchos los centros que dan por perdido el año académico. También, dependiendo del sector, son muchos los que no van a poder aguantar el parón y desgraciadamente tendrán que cerrar con el consiguiente quebranto empresarial y con el aumento de las dificultades que muchos titulados en ciencias sociales o humanidades tendrán para reincorporarse al mercado laboral. No olvidemos que la enseñanza de español para extranjeros es uno de los campos en los que licenciados en filología, historia del arte y similares, encuentran salidas laborales. En algunos casos, aquellos centros que han podido han potenciado su carga docente on line buscando, al menos, relativizar el golpe. En otros casos, se intentan implementar rápidamente “formaciones on-line” de dudoso éxito ya que es imposible crear de la noche a la mañana un verdadero sistema de formación on-line. Es más que sabido que un curso on-line no consiste en “subir” a la red, tener un profesor (convertido vía fast track en tutor virtual) las 24 horas del día enganchado, o poner clases encapsuladas en formatos digitales. La formación on-line es absolutamente diferente a la formación presencial y requiere otra metodología, otros profesionales y otras dinámicas.

Desde nuestro punto de vista, este año no debiera ser considerado un año “perdido” en ningún sentido salvo en el económico -que no es poco-. Los centros y las entidades tendrían que aprovechar este tiempo para entrar en un proceso interno de reflexión que les prepare para, nos guste o no, el siguiente fenómeno global que volverá. En un tiempo y espacio globalizado, del que los estudios internacionales son claros beneficiarios, tenemos que entender que las amenazas y los acontecimientos también cuentan con una vertiente global. No deja de ser paradójico que en uno de los momentos más seguros de la Historia, el miedo y la incertidumbre atenace nuestras decisiones sociales y económicas.

Si queremos evitar entrar en un peligroso círculo de desconfianza, parece necesario que cada centro, individual o colectivamente, establezca un código ético bajo el que actuar en casos similares. Establecer claramente una política de cancelaciones en casos “globales”, un plan de contingencias que evite las desbandadas y el sentimiento de desatención que pueden sufrir los estudiantes, establecer unos mecanismos de seguimiento inmediato que hagan que el estudiante, lejos de su entorno de confianza se sienta acompañado, etc., resultan claves para evitar daños que duren más de lo necesario en el tiempo.

Buenas prácticas

Es loable la precisión que en este caso nos ha enseñado el protocolo de actuación de una empresa relacionada indirectamente con el sector de la educación internacional.
MadridEasy, una empresa de alojamientos para estudiantes nacionales e internacionales, aplicó desde el minuto uno su código ético de actuación, definido previamente. Un código ético con una concepción holística del sector/actores, entendiendo que además de proporcionar soluciones a los estudiantes era y es necesario proporcionarlas también al resto de los actores involucrados (propietarios, programas, entidades, etc.) para evitar una auténtica destrucción de un tejido socio/empresarial confeccionado con el paso del tiempo y que será, más temprano que tarde, necesario para reflotar al sector. De igual modo, Eureka, escuela de español, hizo lo propio desde el minuto uno.

Esta concepción holística entiende que al buen puerto se llegará si todos los agentes involucrados pierden algo en vez de unos lo pierdan todo. Resulta también destacable
Dejemos que los científicos busquen la vacuna para el COVID 19 y encarguémonos de confeccionar otras que eviten a los estudiantes y al resto de los agentes involucrados en este sector económicamente tan importante la sensación de abandono o la obligada reconstrucción de redes de confianza.

Pasarán los meses y nuestras plazas y calles se volverán a llenar de gente y, también, si somos capaces de establecer modelos claros de gestión de crisis “socio educativas”, de estudiantes internacionales. Hay mucha “faena” para este año. Ahora sólo falta que la administración también se dé cuenta de la magnitud del sector y de su importancia en la reactivación económica para el día después.

Pedro Carreras es consultor educativo y experto en internacionalización

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