Javier Gil Valle (Formador): “Los profesores tienen problemas para escenificar los contenidos”

Javier Gil Valle, Javivi, formador y actor

Javier Gil Valle es un hombre poliédrico: licenciado en Sociología con un doctorado en la Universidad de la Sorbona de París, ha sido desde sociólogo a actor, – él es el popular Javivi de tantas series y películas – pasando por camarero, basurero, coach de equipos, profesor de actores, y también formador de oratoria y habilidades comunicativas.

Ahora ha puesto en marcha una formación dirigida específicamente a docentes en los que ofrece formación en oratoria para hablar en clase y mejorar la comunicación con los alumnos, además de coaching para equipos que busquen organizarse mejor y co-crear proyectos educativos en común. Además, ofrece dos talleres de teatralización de conflictos y de teatro terapéutico novedosos y llamativos. Acaba de volver de Orense, emocionado, después de un curso intensivo de fin de semana, y con esas imágenes aún en la retina, nos cuenta cómo se puede ayudar a los docentes.

¿Dirías que tienes vocación docente, de dónde te viene esa vocación?

Sí la tengo. Hace cinco años, cambié de propósito y me dije: voy a ver si dejo de vivir de mis emociones para vivir de mis conocimientos. Se trata de ayudar desde mi formación tan híbrida, tan transversal, sociólogo, actor, camarero, basurero, y luego profesor de teatro y he entrado también en el mundo del coaching empresarial.

Me viene esa vocación por los excelentes profesores que he tenido, en COU, en Sociología, en el mundo del teatro, del cine y de la televisión, donde he tenido grandes maestros.

¿Cómo son tus formaciones?

Mis clases son muy prácticas, como hacemos en el teatro. Nos decimos siempre: no me lo cuentes, hazlo. Por eso disminuimos el concepto de error. A mí me gusta poner el símil de estos chavales, que están siempre con el skate, que están venga a intentarlo y venga a intentarlo y no se frustran cada vez que no han conseguido el salto. Esta paciencia en el aprendizaje es la que yo también quiero transmitir. Creo que hay una cultura de ¡ay!, he fallado, ya no lo hago bien, voy al examen ya preexaminado. La cultura actoral consiste en hacer un proceso en progresión, de ir entrando en el personaje, de ir conociéndole, de aprender el texto sabiendo lo que estás diciendo y que hay un gran margen de asimilación.

Estamos en una cultura muy errónea, cuando oímos lo de que sólo hacen falta tres pasos para convertirte en algo en cinco minutos. Algunos procesos demandan más tiempo. Aprender a aceptar el error es lo que más estoy dando en mis clases y me ayuda mucho a ayudar. Acabo de hacer una experiencia con docentes en Galicia y me ha impactado ver lo solos que están, lo desprovistos que están.

Se da por sentado que los profesores saben dar clase, saben hablar, dirigirse a los alumnos. ¿Pero tienen esa formación?

Mi experiencia es que tienen dificultades para estar en clase, para “escenificar» los contenidos. Yo mezclo el talento actoral con el coaching de equipos, porque para mí una clase es un equipo de trabajo, y habrá que pensar que las personas que están ahí, los alumnos, también tienen que colaborar en el proceso de aprendizaje.

Cuando yo hago oratoria, me refiero a escenificar la realidad de los profesores. Es un es un sector que hay que dotarles de recursos y también la enseñanza pública tiene que dejar los huecos para ello, porque están muy atados de pies y manos.

También hacemos teatralización de los conflictos.

¿En qué consiste ese taller de teatralización de conflictos?

En el taller tomamos recursos actorales, para que recordemos que tenemos un cuerpo que no sabemos utilizar mucho. Tiene que ver con tomar conciencia de que hay partes del cuerpo que hablan y que no somos conscientes de que están hablando. También con la cara, con la máscara de la cara, para tener en cuenta hasta que punto emocionamos o no emocionamos, o sabemos leer una emoción.

Después pasamos a la palabra, a cómo tenemos esa voz, cómo gestionamos la respiración para que nos escuchen, para que consigamos hacernos oír. Tiene que ver con la pausa, con el ritmo, con el timbre, con la emocionalidad contenida, con una serie de recursos que usamos. Todo esto, muchos profesores, con todo el gustazo que le pueden dar a su trabajo, no lo tienen incorporado porque no venimos con ello de fábrica, hay que entrenarnos.

Una vez que tenemos ese entrenamiento de la oratoria, pasamos a la interpretación de conflictos. En el último taller, por ejemplo, hicimos uno en el que un profesor se queja porque quiere atender un caso de intento de suicidio, pero la excesiva burocracia y el poco tiempo que tiene no se lo permiten. Cada uno de los asistentes al taller interpreta un papel, el inspector, el director… cuando la obra no avanza se congela y todo reflexionamos. Esta teatralización permite que alguien diga lo que siente de verdad, y que la gente que no estaba hablando sienta que puede hablar.

Estamos viendo demasiadas obras de teatro de otra época sobre asuntos que no nos conciernen, pero no estamos viendo obras de ahora sobre asuntos que nos conciernen, como es algo tan importante como hablar del suicidio.

Cuando al final del curso alguien dice: va a ser una tontería lo que voy a decir, pero lo voy a decir, yo digo que el curso ha merecido la pena.

¿Los docentes han tenido la posibilidad de aplicar lo aprendido, cuál ha sido el resultado?

La responsable de los cursos de formación en Galicia me ha dicho que están recibiendo un feedback muy positivo, porque la mayoría de los profesores no se lo esperaban, es algo disruptivo. Ellos tienen que trabajar durante la formación. El taller no va de alguien que les explica algo y ellos sólo lo están escuchando, tienen que formar parte.

He detectado problemas de baja autoestima y de bajo nivel de autoconfianza. A un profesor yo le obligaba a pararse en mitad de una exposición y me decía: Javi no me puedo parar, si me paro me hundo. Y me comentaba que los alumnos le dicen: profesor pare ya, que nos marea.

Alguno contaba que a veces hay cinco alumnos que fastidian la clase. Sólo son cinco, pero como no tienen herramientas para trabajar con el grupo como si fuera un equipo, se dicen: yo soy el profesor, yo doy lo mío y como sea supero esa clase. Hay que darles herramientas de coaching grupal para que puedan afrontar estas situaciones.

El taller de teatro terapéutico ¿tiene utilidad para profesores estresados, cansados, o como decías con baja autoestima?

Igual que la literatura, la pintura o la escultura tienen algún efecto terapéutico, de alguna manera esto del teatro tal vez tiene aún más efecto. ¿Por qué? Porque tú construyes el guion que te estás haciendo.

Por ejemplo, si uno hace un cliché en el que su obra es que no vale para nada, que se desvaloriza, ¿te imaginas alguien que se haya podido liberar de este mal augurio, haya podido escribir gran parte de su texto y haya podido reconducir la historia, como hacemos los dramaturgos con otras historias? Esta es más interesante, puedes escribir cómo te gustaría que fuera tu siguiente paso. El coaching permite unas herramientas de preguntas que van construyendo con él esa continuación.

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