Jorge Úbeda (Promaestro): “Una cosa es que haya equilibrio y pluralismo ideológico en la educación y otra intereses partidistas”

La Fundación Promaestro se presenta en su web como una entidad privada sin ánimo de lucro, no confesional e independiente constituida en 2014 con el propósito de fortalecer la profesión docente a través de la creación y transferencia de conocimiento educativo. Defiende una escuela inclusiva, equitativa y de calidad y trabaja para fomentar una cultura que impulse y reconozca a profesores y maestros como los profesionales que son y sin los cuales es imposible mejorar la educación, afirma.

Los proyectos que desarrolla, dentro y fuera de los centros escolares, abarcan labores de asesoría e investigación, campañas de comunicación y programas de intervención educativa. Su máximo responsable, su director, Jorge Úbeda, concede esta entrevista a ÉXITO EDUCATIVO en la que habla de los profesores, de todo lo que de ellos conoce, y conoce bastante. Tanto que la que este miércoles publicamos es la primera parte de un encuentro que tendrá continuidad el miércoles siguiente.

Empecemos por el principio ¿Qué es lo que falla para que los profesores en España aún no gocen del reconocimiento, formal y social, que sí tienen en otros países de nuestro entorno?

El principal problema es que el cuerpo docente no está reconocido por el propio sistema educativo. Aunque los datos sí demuestran que la profesión de docente es una de las mejor reconocidas en España, sin embargo esos datos no reflejan bien cómo el sistema educativo reconoce esta profesionalidad docente, y esto se traduce en que la presencia del cuerpo profesional docente, por ejemplo, en todos los procesos legislativos, de reforma educativa o de innovación no los tienen especialmente en cuenta. Eso ocurre cuando los docentes son los que realmente están en la primera línea del trabajo en las aulas y en la relación con los estudiantes, y creando el conocimiento educativo acerca de lo que pasa en las aulas, de cómo responder ante esas necesidades. En suma, son un cuerpo profesional que tiene ese conocimiento por el que debe ser escuchado e incorporado a los procesos, pero eso no ocurre.

Eso no quiere decir que sean los docentes los únicos que tengan que participar en qué modelo educativo queremos, porque la comunidad educativa es mucho más amplia, pero sí que identificamos un problema de reconocimiento por parte del sistema de esa profesionalidad docente que se va repitiendo en los distintos gobiernos y en los propios niveles, ya sea autonómico como estatal. Da igual quien gobierne que esta es una constante en la historia del reconocimiento de la profesión docente en nuestro país.

¿Qué se puede o se debe hacer, y a quién corresponde dar el primer paso, para darle la vuelta a esta situación?

Hay claramente una responsabilidad en las administraciones educativas públicas y creo que eso debe ser reversible. Hay que tomar conciencia de que esto es así y eso no resulta fácil, porque las administraciones educativas gobernadas por el turno que sea de gobierno identifican en la educación uno de los elementos de posicionamiento partidista con respecto a la identificación también de sus electores, y eso hace que muchas veces se olvide que el sistema educativo también tiene que funcionar con criterios educativos y técnicos, y, por supuesto, con ideología, porque conviene tener visiones plurales, pero una cosa es que haya equilibrio y pluralismo ideológico en la educación y otra diferente es que haya intereses partidistas.

También hay un factor interno a la profesión docente, que tiene que hacer parte de ese trabajo para generar ese conocimiento, y para nosotros, en la fundación, todo lo que tenga que ver con impulsar y poner en marcha dinámicas de colaboración profesional de alto nivel entre docentes, como impulsar la reflexión sobre la propia práctica, la creación de conocimiento, la inserción de vivencias… eso generará una mayor confianza entre los docentes, que somos los que sabemos lo que estamos haciendo y el porqué nuestra voz tiene que ser escuchada.

Muchas veces lo único que se escucha de nosotros son reivindicaciones, bien de índole laboral, bien sobre las ratios. Pero no son las únicas cuestiones a los que nos enfrentamos en el ámbito educativo. También la educación docente tiene que ponerse en marcha y evidenciar frente a la comunidad educativa que, efectivamente, es un cuerpo profesional docente.

“La vocación se puede aprender”

¿Considera que es realmente imprescindible tener vocación para ejercer como docente?

La palabra vocación puede ocultar algunos elementos. Prefiero hablar de profesionalidad y creo que la profesionalidad docente es algo que se puede educar y aprender. Una preparación que requiere, desde luego, una serie de habilidades y competencias que no se reducen únicamente a ser especialista en una determinada materia, como puede ser en el caso de los profesores de secundaria y bachillerato; hablo de unas habilidades que tienen que ver con dimensiones relacionales, con la capacidad de generar vínculos con los estudiantes, de comprenderlos, de tener habilidades comunicativas y, por supuesto, de desarrollar una expertise en torno a los recursos que uno necesita y todos son elementos que se pueden educar y aprender.

Además, en ese proceso es donde yo quería conectar esa cuestión de la vocación. Muchos profesores descubren la pasión por enseñar, lo que podríamos identificar con esa cuestión de la vocación. Ese descubrimiento de que este oficio tiene características profesionales claras adquiere un nivel de compromiso diferente cuando uno descubre que este oficio se puede vivir y desarrollar con pasión y con compromiso. Por vocación entiendo esa pasión por enseñar y ese compromiso.

Algunas investigaciones nos lo dicen. Cuando se le ha preguntado a estudiantes del mundo entero cómo definirían en pocas palabras a un buen docente suelen responder de la misma manera: un buen docente es aquel que sabe lo que tiene que enseñar y sabe enseñarlo, y dicen algo también muy importante, y es que nos quiere, entra en relación con nosotros, nos respeta, nos tiene en consideración y cree que podemos aprender. Es decir, nos quiere. Son dos elementos que, de alguna manera, unen esa profesionalidad con esa pasión que incluye un compromiso.

“No todo el mundo vale para ser profesor”

En este sentido, ¿Qué cualidades específicas debe caracterizar a un profesor de cualquier otro profesional, igualmente preparado para enseñar lo que sabe?

La característica principal es que el buen profesor tiene y adquiere una mirada educativa sobre la realidad de sus estudiantes, la realidad social, es decir que sabe cuál es el papel que la educación cumple en la dinámica social, un papel decisivo y se siente y se compromete con esa función social. Los ‘porqués’ y los ‘paraqués’ de la educación también son muy relevantes, como tener esa mirada educativa, esa mirada que penetra su relación con las disciplinas que tiene encargadas en su desempeño.

Ya sean esas disciplinas las que están más vinculadas a la educación infantil y primaria, que están muy relacionadas con el desarrollo de competencias iniciales como la lectoescritura o el acceso a los primeros rudimentos de la cultura desde el punto de vista científico e histórico y humanístico, como si nos vamos a niveles superiores de secundaria o bachillerato donde, de nuevo, no es suficiente que el docente conozca muy bien su materia, pues eso debería ser de serie. La pregunta que se hace un profesor no es qué tienen que aprender mis alumnos, sino cómo lo pueden aprender, cómo pueden incorporar ese conocimiento y hacerlo valioso para sus propias vidas.

Esa pregunta que atraviesa las respuestas que se dé así mismo el profesor caracterizan muy claramente a un buen docente. No todo el mundo ha educado su mirada desde el punto de vista educativo, porque eso hay que hacerlo, no todo el mundo vale para ser profesor.

¿Es un error creer que una parte de los profesores llegan a las aulas sin estar realmente preparados?

La formación el profesorado en España tiene elementos muy buenos de currículo universitario, pero otros claramente mejorables. El máster de formación de secundaria fue un avance sobre lo que era la antigua capacitación pedagógica, porque se ha vuelto un requisito más exigente en el que los alumnos y futuros profesores tienen que incorporar de manera más significativa y clara sus conocimientos educativos, educativos, sociológicos, psicológicos, etc… a su propio desarrollo, y el prácticum tiene un peso mayor en su formación, pero sí creo que es insuficiente.

En el ámbito de la educación infantil y primaria es probable que tuviéramos que reforzar el aprendizaje con todo lo que tiene ver con el ámbito científico-matemático, y ahí sí que vemos cierto déficit, es decir, que los maestros del futuro tienen que desarrollar con una mayor profundidad y solidez todo lo que es el aprendizaje científico y matemático, porque además es una cuestión de futuro: tenemos pocas vocaciones STEM en España y eso tiene que ver con la educación primaria.

En el caso de la secundaria claramente el proceso del máster, siendo mejor que lo que teníamos antes, es claramente mejorable, en tiempo, dedicación y con todo lo que tiene ver con el prácticum y la inserción profesional. Una vez que has terminado el máster, el tiempo que pasas en un centro es claramente mejorable. En realidad, solo un 5% de los profesores noveles tienen realmente un tutor que los acompañe en ese proceso de iniciación profesional, porque esta profesión se aprende sobre todo en la práctica. Creo que en términos generales tenemos un profesorado bien preparado, pero tenemos margen de mejora, siendo lo mejor que lo tenemos identificado y que lo único que falta es voluntad política.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here