Jorge Vidal (Psiquiatra): “Los mayores problemas de salud mental en alumnos se dan en la Secundaria”

Hasta un 60% de los docentes siente que su labor profesional no es valorada por la sociedad y carece de reconocimiento social y nada menos que más del 80% estaría dispuesto a cambiar de centro de trabajo, lo que refleja, a todas luces, un alto nivel de insatisfacción. La valoración social, la necesidad de formación continua durante toda su vida profesional, los conflictos derivados de la relación con las familias, con los equipos directivos, también los cambios en la legislación y la mayor carga burocrática están detrás de dos de las principales conclusiones del I Estudio Nacional sobre el Estado de Ánimo de los Docentes en España: 1 de cada 3 profesores españoles se ha sentido maltratado y cerca de 1 de cada 4 se autoperciben con síntomas depresivos

Pero la salud mental es algo que no solo afecta a los docentes, también lo hace de forma muy especial a la de los principales sujetos de su labor, los alumnos.

La salud mental de los alumnos es un aspecto fundamental para su bienestar, su desarrollo y su aprendizaje. En este sentido, los centros educativos tienen un papel clave para promover la salud mental positiva, prevenir los problemas psicológicos y apoyar a los estudiantes que los sufren. Para ello, es necesario que los centros educativos cuenten con una cultura organizativa que favorezca la convivencia, la participación, la inclusión y el respeto a la diversidad.

Asimismo, es importante que los centros educativos ofrezcan una atención integral e individualizada a los alumnos, que incluya la detección precoz de las dificultades, la intervención adecuada y la coordinación con otros recursos y servicios. Por último, es imprescindible que los centros educativos fomenten la formación y el cuidado de los profesionales que trabajan con los alumnos, así como la implicación de las familias y la comunidad en la promoción de la salud mental.

Jorge Vidal de la Fuente es psiquiatra de la Infancia y Adolescencia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, donde coordina el Programa de Enlace de Salud Mental y Educación , una iniciativa en colaboración del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, la Fundación Koplowitz y la Comunidad de Madrid. En esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO comparte la experiencia acumulada en este ámbito, así como sus observaciones sobre aquello que puede mejorarse en el seno de la escuela.

¿En qué consiste, en concreto, este plan pionero sobre la salud mental infanto-juvenil en colegios madrileños?

Con este proyecto financiado por las Fundaciones Alicia Koplowitz y Nemesio Díez acercamos la atención de los problemas se salud mental a los centros educativos. Siguiendo las recomendaciones de la OMS y las evidencias científicas actuales nos desplazamos al entorno natural de los pacientes para favorecer la detección e intervención precoces. Para conseguir estos objetivos realizamos intervenciones para mejorar las habilidades de los docentes y les asesoramos para atender a nuestros pacientes en el entorno escolar.

¿Cuáles han sido los resultados preliminares de la primera experiencia que desarrollaron?

La acogida por parte de los centros durante el curso pasado y el actual está siendo muy buena. Percibimos una adecuada satisfacción de los profesionales educativos, familias y niños y adolescentes con nuestro asesoramiento y las intervenciones. Hemos podido atender a lo largo del presente curso alrededor de 200 casos de menores en los que se han detectado necesidades de salud mental sin cubrir y hemos podido organizar su atención en los dispositivos habituales, vinculándolos con ellos de la mejor forma posible. Por el momento no disponemos de resultados objetivos pero está diseñado, y a punto de comenzar, un estudio que permitirá conocer el resultado de nuestra actuación. Medirá la eficacia de la intervención sobre los pacientes y sus familias y también el impacto económico, estimando su eficiencia.

¿En qué etapa escolar han detectado mayor problema de salud mental?

La demanda es claramente mayor en la educación secundaria, es en los institutos donde tenemos que dedicar más tiempo derivado de las situaciones emocionales complicadas, con problemas del estado de ánimo, trastornos de la alimentación, autolesiones, ansiedad. Sin embargo, es necesario favorecer la detección en las fases tempranas de los trastornos, de modo que podamos realizar las intervenciones de la forma más precoz posible y también dirigir la mayor cantidad de esfuerzo posible a prevención.

¿Tanto daño causó el confinamiento entre los escolares?

El incremento de los trastornos de salud mental es un fenómeno generalizado a nivel mundial que viene sucediendo de forma previa a la pandemia, que ha servido de disparador de muchas situaciones personales que ya estaban previamente frágiles. Se ha observado un mayor incremento con ese motivo, pero el problema no es coyuntural ni se puede explicar por un único fenómeno.

¿No se puede hablar de los mismos problemas de siempre (intentos de suicidio, autolesiones, trastornos alimentarios…) o hablamos de un nuevo escenario y casuística?

No encontramos trastornos mentales diferentes de los que se han podido observar previamente, estos fenómenos son bien conocidos. Sin embargo, la frecuencia con que se presentan, el modo en que se expresan y la evolución de los mismos está modificado por factores socio familiares que han ido cambiando rápidamente en las últimas generaciones, con cambios enormes de las relaciones interpersonales, tanto intrafamiliares como extrafamiliares.

Toda vez que detectan un caso en un centro educativo, ¿Cuál es el protocolo? ¿Cómo actúan?

En las reuniones con los equipos directivos se comenta acerca de la necesidad de posibles casos y cuando se considera que uno de ellos puede beneficiarse de una valoración se informa a la familia y se le explica el programa. En el caso de que a los padres les parezca adecuado firman el consentimiento informado y entonces realizamos una valoración multidisciplinar (Psiquiatra, Psicólogo Clínico, Enfermera Especialista en Salud Mental) que permite dictaminar las necesidades no cubiertas. Elaboramos un plan que permita entonces organizar la atención en los dispositivos habituales y realizamos intervenciones que favorezcan su mejoría en el entorno educativo, a través de los docentes, las familias o de los propios niños y adolescentes.

No todos los colegios disfrutan de un servicio de psicología. Con carácter general ¿Cómo debería actuar frente a esta cuestión de la salud mental los equipos directivos de los centros?

Es complicado ofrecer recetas generales a los problemas de salud mental, porque son muy diversos y con necesidades completamente distintas y a veces cambiantes. Pero el primer paso fundamental en todos los casos es establecer una relación fluida con la familia del niño o adolescente que permita acudir a los recursos terapéuticos. En general tendrá que ser a través del pediatra o médico de atención primaria, quien da el primer paso para cribar los casos que se pueden beneficiar de una atención especializada.

Ante la ausencia de un profesional sanitario cualificado, ¿un orientador podría ser el ‘sustituto’ más apropiado, o cada uno de los profesores que mejor conoce a sus alumnos…? Denos alguna pista para comprender mejor qué hacer.

Los orientadores tienen una buena formación al respecto y han estado haciendo la labor de discriminar los alumnos que tienen necesidades de salud mental por muchos años y van a seguir ayudando. Sin embargo, el trabajo de orientación no puede ser en solitario, como sucede con el nuestro, y la mejor colaboración del docente responsable con el orientador es la mejor forma de detectar y ayudar a los alumnos. El término sustituto no me parece que sea adecuado, porque el ámbito clínico no puede ser sustituido y es necesario contar con psiquiatras, psicólogos clínicos y enfermeros especialistas en salud mental para ofrecer la mejor atención.

El acoso escolar es un drama de antiguo, pero con ciberacoso se ha refinado hasta extremos que, a veces, puede resultar su detección ¿Cómo afrontar este nuevo campo de minas que se mueve en internet y que no siempre detectan a tiempo padres y profesores?

El reto de afrontar el cambio de las relaciones interpersonales y sociales que deriva de las nuevas formas de comunicación a través de la red es algo compartido por todos los agentes que debemos ayudar a la infancia y adolescencia. En este sentido, me parece que desde el punto de vista terapéutico podemos intervenir en casos donde el uso de las redes y otros usos de las pantallas y nuevas tecnologías es patológico. Pero no podemos sustituir la labor educativa de los centros y las familias que son la principal barrera preventiva de los usos dañinos para las personas.

Le está leyendo un director de colegio: ante la mínima sospecha ¿Qué le recomienda hacer?

Ante la mínima sospecha hay que investigar, porque el mejor conocimiento del menor y la familia nos va a permitir tomar las mejores decisiones. Insisto en algo que no hay que decirle a los docentes, pero que ninguno de nosotros podemos obviar, es imprescindible tener la mejor relación posible con el alumno y su familia, porque es el motor de su aprendizaje y la mejor herramienta de ayuda cuando hacen falta otras cosas.

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