Juan Fernández (Investigación Docente): “No parece que haya pruebas como para afirmar que la educación de hoy sea peor”

Juan Fernández es docente desde hace más de una década. Creó el proyecto Investigación Docente (@profesmadeinuk) en el que comenta libros y artículos sobre educación que no han sido traducidos al castellano.

Es autor del libro ‘Educar en la complejidad’ y ‘La evaluación formativa’, este último en coautoría con Mariana Morales. Ha escrito sobre educación para distintos medios, y ha participado como formador en diversas instituciones. Actualmente está realizando su doctorado en Psicología Educativa.

La Fundación SM contó con él como ponente el pasado mes de abril durante su Seminario Internacional de Educación Integral (SIEI) ‘Juntos renovamos la educación’ en España, Brasil, México y Chile de forma simultánea. En esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO expone sus reveladores puntos de vista sobre la educación.

¿En qué estaba usted pensando cuando creó investigacióndocente.com?

Jajaja, pues en realidad la idea fue de Mónica, mi mujer. En principio, pensaba en tener a mano algunas notas que había tomado sobre un libro que me ayudó mucho: “Hidden Lives of Learners”. Pero a ella (también es profesora) se le ocurrió que tal vez esas notas fueran útiles para más gente. Lo que empezó con libros, fue creciendo en lectores y ahora ya hay contenido más diverso: recursos que he creado, enlaces a libros interesantes, y hasta una entrevista a un gran investigador sobre la motivación en el aula. Más de 18.000 visitas mensuales implican una gran responsabilidad de crear contenido de calidad.

Uno de los libros de los que es autor es ‘Educar en la complejidad’. Con el título se dice todo ¿Tan compleja es la cosa esta de la educación o lo complicamos?

La educación es un fenómeno en el que inciden muchos factores. La misma clase a distinta hora o la misma actividad con distinto alumno ilustran cómo las relaciones entre estos factores son complejas. En el libro trato de invitar a una reflexión sobre esta complejidad para que el debate no sea superficial. Lo que sucede es que, a veces, el debate educativo se complica en una sucesión innecesaria de eslóganes y siglas, detrás de las cuales hay mucho dinero en formación y muchos intereses en mantener ese statu quo. Además, todos hemos pasado por la educación, de un modo u otro, y los mensajes se entrelazan con nuestros afectos. Por lo tanto, sí, es muy compleja, porque también influye mucho nuestra memoria emotiva de lo que fue para nosotros la escuela.

¿Cómo ve usted la educación en España a día de hoy, pero, sobre todo, cómo ve la de pasado mañana, que ya sabe que el futuro se echa encima sin avisar?

La veo como una barca que avanza llevaba por la corriente. Al menos no se hunde, pero faltan estructuras que puedan direccionar la barca hacia un objetivo claro. Pasado mañana, ojalá se propicie un debate a fondo y un pacto educativo. Estructuras a modo de timón: relación con las facultades de formación del profesorado, generación de espacios de reflexión y de intercambios de experiencias a largo plazo (no de un día), y sobre todo una mayor relevancia de las ciencias del aprendizaje. Quizás no pasado mañana, sino la semana que viene. Algunos trabajamos intensamente para que suceda cuanto antes.

Actualmente se está especializando en psicología de la educación ¿Le falta al sector ponerle más cabeza que corazón, o es esta una pregunta idiota?

Me parece una pregunta muy relevante. La emoción y la cognición van unidas, por lo tanto, la cabeza y el corazón trabajan juntos. Sin embargo, en mi opinión existe un desequilibrio claro hacia el lado afectivo. En ocasiones me han reprochado en redes el hecho de compartir artículos, como si fuera una especie de blasfemia contra el dogma común de que en educación todo vale si se hace con buena intención. Por eso pienso que existe la creencia de que la investigación educativa no tiene nada relevante que decir y sólo importa la experiencia del día a día en el aula y el cariño que uno le pone. Me preocupa experimentar a veces que somos una profesión que vive de lo inmediato, pero que es ajena a lo que desde su propio ámbito de conocimiento se aporta para mejorar el aprendizaje.

Gracias a su blog, el sector está al tanto de las últimas investigaciones en materia educativa. Los avances en este campo siempre son notorios, pero ¿por qué existe la sensación en la calle de que la educación es hoy peor que la de generaciones atrás? Ya sabe que, con o sin bromas, empieza reivindicarse la denostada EGB como un referente, a la vista de lo posterior…

Para estas cosas sirve la investigación educativa, por ejemplo. No parece que haya pruebas como para afirmar que la educación de hoy sea peor. Probablemente tiene algunos problemas comunes con el pasado, y otros nuevos. Existe la tendencia a creer que todo tiempo pasado fue mejor. Y aquí, como decíamos en la pregunta anterior, la experiencia del día a día no vale, porque está sesgada por la percepción de cada uno y por lo que pasa en mi contexto concreto. Cuando se analiza el contexto global de la educación, no podemos afirmar que haya un empeoramiento. Esto no quiere decir que haya aspectos preocupantes y problemas inmediatos que se deberían solucionar lo antes posible.

¿Qué les pasa a los jóvenes escolares que se les ve apáticos y aparentemente desinteresados en los centros educativos?

De nuevo, la respuesta la tomo de “Educar en la complejidad”. No hay un único factor. Hay gente que se esfuerza, fracasa y se rinde enseguida. Hay gente que no se esfuerza porque quiere ajustarse al barrio, o al grupo. Hay gente aparentemente desinteresada sólo por pasar desapercibida en clase. Hay una apatía que se explica por la falta de desafío en algunas tareas. Otros son tal vez más parecidos a nosotros de lo que nos gustaría reconocer. Habría que atajar las causas por varios frentes, pero nunca bajo la idea de que existe “una juventud” que comparte causas y consecuencias.

Supongo que lo habrá observado también: se trata de una apatía que alcanza a la universidad ¿Tiene algo que ver esto con que la adolescencia se prolonga más en el tiempo que antes?

Quizás sí que percibo una cierta pasividad que no es exclusiva de la juventud, sino de la sociedad en su conjunto. Tal vez nos hemos cansado en cierta manera de perseguir ideales, tal vez estamos de vuelta de la promesa de que algún día seríamos totalmente libres. Tal vez estamos encerrados en nuestro bienestar individual, y los proyectos colectivos van perdiendo capacidad de movilizar voluntades. Por eso, y disculpen los lectores si cito de nuevo mi libro, la visión del bien común me parece imprescindible para el futuro de la educación. Habría que reflexionar sobre si generamos espacios de aprendizaje donde se potencian las cosas que nos unen, y no las que nos separan.

¿Se atreve con un consejo para aquellos profesores que dan todo lo que saben y pueden, innovando tecnológicamente incluso, pero que no terminan de animar a sus alumnos?

Me atrevo a darles todo mi apoyo, y mi compromiso para seguir leyendo y compartiendo lo que leo en aras de dar respuesta a situaciones como estas. Como digo, existen varias causas. Lo importante es que sientan el apoyo constante de la sociedad, el reconocimiento a su trabajo y esfuerzo, y entre todos aportemos claves para mejorar su desempeño profesional. La mejor manera de ayudarles a apoyar la investigación educativa y la transferencia de esos hallazgos a la práctica docente, para que no tengan que ser ellos los que la descubran en un constante prueba y error que desgasta mucho.

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