La cualificación del alumno universitario español, a la altura del de Secundaria en Japón o Finlandia

“Los datos comparativos muestran que España tiene una proporción muy pequeña de estudiantes excelentes”, afirma Montse Gomendio, quien fuera secretaria de Estado de Educación entre 2012 y 2015, a propósito de la Encuesta de Cualificaciones de Adultos, de donde se desprende que la cualificación del alumno universitario tipo español es comparable con la que acreditan los alumnos de Secundaria de países como Japón o Finlandia.

En su estudio ‘El Nivel de Habilidades en España: Cómo Resolver el Puzzle con Encuestas Internacionales’, encargado por FEDEA a la profesora e investigadora agrega que “esta llanura ha llevado a la falacia de que España ha priorizado la equidad sobre la calidad, idea que algunos responsables políticos han utilizado para justificar resultados mediocres. Evidentemente, un país en el que durante decenios uno de cada tres estudiantes ha abandonado la escuela sin los niveles mínimos de alfabetización o aritmética elemental no puede calificarse de equitativo”. Este hecho, denuncia, ha sido “convenientemente ignorado”.

Otra creencia errónea generalizada, apunta, es que, debido a que España se ha quedado rezagada con respecto a la mayoría de los países europeos, todavía está en proceso de ponerse al día. Esta interpretación, a su juicio, “se ve refutada por el largo período de estancamiento que revelan las encuestas internacionales que evalúan tanto a los estudiantes de primaria y secundaria como a los adultos”.

Más concretamente, dice, la Encuesta de Cualificaciones de Adultos muestra que, si se observa la evolución a lo largo del tiempo comparando diferentes cohortes de edad, ocurre que en España el nivel de cualificación de la cohorte de más edad (entre 55 y 64 años) es “muy bajo en comparación con otros países”, y que los niveles de cualificación han mejorado a medida que una mayor proporción de la población ha accedido a la educación y ha permanecido en la escuela al menos hasta el final de la educación obligatoria (entre 45 y 54 años).

Por debajo de esa franja de edad, los niveles de aptitudes “se estancaron”. Así, las aptitudes de la cohorte de 16 a 24 son similares a las de las cohortes anteriores (de 25 a 34 y de 35 a 44), lo que significa que no se ha avanzado más en más de 20 años. “Este estancamiento”, indica Gomendio, “se ha producido a pesar del hecho de que el acceso a los niveles superiores de educación, en particular a la universitaria, ha aumentado muy rápidamente en las últimas décadas”.

De este modo, un gran esfuerzo por ampliar el acceso a la universidad, dice, “tuvo muy pocos resultados en términos de competencias reales, debido a la mala calidad del sistema educativo en su conjunto”.

Los datos aportados por la Encuesta de Cualificaciones de Adultos muestran que los titulados universitarios en España tienen un nivel de cualificación “comparativamente bajo, equivalente al de las personas que han cursado la educación secundaria en países como Japón o Finlandia”.

La consecuencia es que, a pesar de tener una tasa de acceso a la universidad superior a la mayoría de los demás países europeos, las generaciones más jóvenes, que se han beneficiado principalmente de esta expansión, “no han mejorado sus niveles de competencias básicas”, lamenta Gomendio.

Sin responder al mercado laboral

Las pruebas indirectas que vinculan los datos de PISA y PIAAC muestran que España es “uno de los pocos países en los que las competencias no mejoran entre el final de la educación obligatoria y la edad en la que la mayoría de los estudiantes finalizan sus estudios universitarios”. Por lo tanto, los beneficios de la gran expansión, recuerda en su análisis, han sido muy escasos.

Esta evidencia, junto con el hecho de que la mayoría de los estudiantes eligen campos de estudios universitarios que no son demandados por el mercado laboral, explica el grado de sobrecualificación que existe en España.

Según la tradición, el sistema educativo español ha evolucionado más rápidamente que el mercado laboral, por lo que los titulados universitarios padecen altos niveles de desempleo porque la economía aún no está preparada para absorberlos. La evidencia, no obstante, advierte Gomendio, “sugiere una interpretación diferente. En realidad, el nivel de desajuste de competencias es bastante bajo, por lo que, aunque los graduados universitarios tienden a aceptar puestos de trabajo que no requieren un título universitario, sus competencias son adecuadas para el trabajo”.

Esto es, juzga, el resultado de una combinación de un “alto grado de desajuste” en el campo de estudio y de las “escasas cualificaciones” adquiridas en la universidad.

En la actualidad, sobreavisa en su análisis, “el riesgo de automatización debido a la digitalización y la IA es primordial y muchos estudios han demostrado que las tareas más fáciles de automatizar son aquellas que requieren un bajo nivel de habilidades e implican acciones rutinarias”.

Esto, dice, conducirá a la “pérdida de algunos puestos de trabajo”, que pueden ser totalmente automatizados, y a la “profunda transformación de muchos”, lo que, a su vez, incrementará la demanda de personas capaces de realizar tareas altamente cualificadas no rutinarias.

En este orden de cosas, los datos presentados muestran que España “no está preparada para superar estos retos, ya que la escasa cualificación de la población hace que la mayoría de los adultos y muchos jóvenes sean muy vulnerables a estos retos”.

Así, concluye, España parece encontrarse en la llamada “trampa de baja cualificación”, donde la economía no puede emprender la revolución digital y verde debido a la falta de capital humano, “por lo que el país permanece atascado en un peligroso equilibrio entre empleos poco cualificados y un sistema educativo mediocre”.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí