La educación digital no es innovación: ya es imprescindible

Este artículo se publica el 5 de mayo. Y es ya el noveno desde que se cerraron los centros educativos. Al principio a muchos podría parecerles que ese cierre iba a ser un pequeño paréntesis temporal de un par de semanas, o poco más. Sin embargo, el cierre escolar se ha ido haciendo cada vez más largo, y ahora parece claro que la gran mayoría de los estudiantes no van a volver a sus aulas presenciales durante este curso.

En esta sección siempre hemos estado situados más en el medio y largo plazo que en un cortoplacismo ciego en esta situación de incertidumbre. Cuando la realidad no es clara, conviene tener la cabeza fría y no dejarse llevar por los acontecimientos, sino intentar adelantarse a ellos. Por eso desde muy pronto hemos defendido y argumentado algunas medidas para el curso 2020-21.

En el mes de marzo nos centramos en aspectos menos tecnológicos y más puramente educativos, y ya hablábamos de la importancia de evaluaciones diagnósticas para los estudiantes cuando se retomen las aulas, y de la necesidad de un gran plan de refuerzo educativo el curso que viene para intentar paliar el aumento de las desigualdades que se está produciendo en el confinamiento entre los estudiantes más avanzados y los rezagados. Estas dos medidas han sido posteriormente defendidas también desde más voces en el sector. Es lógico porque se trata de aplicar el sentido común.

A primeros de abril estuvimos razonando sobre cómo se puede articular una educación digital. Nos parecía evidente desde el principio que iba a ser absolutamente necesario. Por eso fuimos dando pasos y ya hace un mes clamábamos por que se repartieran portátiles corporativos para los docentes como primera medida imprescindible para las demás, que se articularon de una manera clara y sencilla en una receta breve para digitalizar la educación.

En las semanas más recientes hemos intentado ayudar y aportar puntos positivos señalando que la experiencia que estamos viviendo debería hacer que la educación después del coronavirus sea mejor que antes, gracias a que toda la comunidad está aprendiendo y sacando conclusiones, que podrán ser de aplicación de cara al futuro. E incluso hemos tenido la audacia (o la ingenuidad) de proponer activamente que la situación actual debería aprovecharse para conseguir por fin el tan ansiado consenso educativo. Es algo que seguimos defendiendo a capa y espada, en cualquier momento pero mucho más ahora.

Cambios educativos estructurales

Y llegados ya al mes de mayo, podemos observar con más perspectiva lo que ha estado sucediendo en estos casi dos meses y medio de pandemia. Lo más destacable a nuestro criterio es el hecho de que se ha consolidado la percepción de que el coronavirus va a forzar cambios educativos no ya coyunturales sino estructurales. Ha quedado claro que está marcando un antes y un después.

Hemos llegado a ver incluso cómo algunos han mutado las referencias temporales «antes de Cristo» (a. C.) y «después de Cristo» (d. C.) hacia «antes del coronavirus» y «después del coronavirus». No llegaremos aquí a tanto, pero sí señalaremos que el coronavirus es un hito fundamental en nuestro camino. Y que va a cambiar la educación.

Así lo está reconociendo por ejemplo la UNESCO, que recientemente está proponiendo revisar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, «garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje» para incluir nuevos indicadores teniendo en cuenta que la educación ha cambiado por el Covid-19 a largo plazo.

«Digitalización máxima» en la nueva ley

Así se está recogiendo también entre las más altas instancias educativas de nuestro país. La Ministra de Educación ha indicado que desde la administración se está pensando en «un modelo educativo combinado, entre lo presencial y a distancia» para el curso que viene. Así lo declaró ayer mismo en esta entrevista.

Y por eso, en otra entrevista también publicada ayer, la Ministra anunció que la nueva ley educativa incluirá una «digitalización máxima» como uno de sus principios rectores fundamentales. Solamente hay otros cuatro más, que se sitúan al mismo nivel: «el interés superior del menor; una enseñanza personalizada, inclusiva; una enseñanza para el desarrollo sostenible; una coeducación».

Así pues, la educación digital oficialmente va a dejar de ser algo propio del campo de la innovación, y va a convertirse en un requisito imprescindible. Toda la comunidad educativa deberá prepararse para ello. Y podrá contar con nuestra ayuda.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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