La educación en países con crisis humanitarias: asignatura pendiente

Con motivo del Día Internacional de la Educación, este 24 de enero, la ONG Educo denuncia la falta de financiación que recibe la educación de los niños, niñas y adolescentes en los contextos de emergencias humanitarias.

En un comunicado se explica que “en el mundo, cada vez hay más emergencias humanitarias, más complejas y de mayor duración. Hablamos de guerras o de desastres causados por la crisis climática, entre otros. En situaciones como estas, el derecho a la educación de la infancia no está garantizado”, afirma Pilar Orenes, directora general de Educo.

“Cuando las bombas han destruido tu escuela, cuando has tenido que huir con tu familia por la violencia o cuando las lluvias torrenciales han arrasado toda tu comunidad, tu derecho a la educación se esfuma. Si no hay un compromiso a nivel internacional ni se aumenta la inversión económica por parte de los países, estamos dejando atrás a miles de niños y niñas en todo el mundo”, señala Orenes.

Actualmente, a nivel global se destina un 3% de los fondos humanitarios a educación en contextos de emergencia. Sin embargo, desde Educo se estima que el porcentaje debería alcanzar el 10%, tal como reclama la Campaña Mundial por la Educación, de la que la ONG forma parte y coordina la actuación en España.

“En los contextos de emergencia humanitaria, se tiende a dejar la educación en un segundo plano. Obviamente, en un primer momento lo más urgente es asegurar la alimentación o la protección de los niños y niñas. Sin embargo, la educación también es urgente. Si no vuelven a estudiar cuanto antes, el riesgo de abandono escolar es muy alto, y con él, el trabajo infantil o los matrimonios precoces. Es básico para su futuro, pero también para su presente. Ir al colegio es retomar las rutinas que ayudan a sobrellevar el día a día en una crisis, es reencontrarse con otros niños y niñas, relacionarse con ellos y ellas y hacerlo en un espacio protegido”, afirma la directora general de la ONG.

Los países donantes han incrementado sus desembolsos humanitarios al sector educativo en estos últimos diez años. En 2013, las contribuciones a la educación representaban el 1,9% del total de desembolsos y en 2022 suponían el 2,9%.

Concretamente, se ha pasado de 163 a 721 millones de dólares, o sea, más de cuatro veces más, según el Financial Track System de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Sin embargo, el incremento económico no es proporcional a unas necesidades cada vez más crecientes.

A medida que aumenta el número de crisis, su complejidad y su duración, las necesidades educativas en estos escenarios se han multiplicado por seis en la última década, mientras la repuesta de los actores humanitarios no ha estado a la altura. La infrafinanciación ha empeorado en los últimos cinco años donde en 2022 solo se cubrió el 28,9% de las necesidades. Eso significa que, en los últimos 5 años, un 40% de niños, niñas y adolescentes que viven en contextos de emergencia no han podido seguir estudiando.

Ante esta situación, Educo reclama que los compromisos presupuestarios a la educación en contextos de emergencia se redoblen y suban al 10%. Asimismo, la ONG pide que se reconozca la necesidad de priorizar la educación en emergencias y por lo tanto los fondos destinados, que se trabajen estrategias a largo plazo que ataquen las causas sistémicas de las crisis para que se reduzca su impacto y se propicie la paz, y que el enfoque de género tenga un lugar preponderante.

“La educación es la herramienta clave para que las próximas generaciones estén más preparadas para reconstruir sus países de manera pacífica y sostenible. Es una pieza fundamental para la lucha contra la pobreza y la reducción de la brecha de género. La inversión en educación en contextos de guerra, conflictos olvidados o entornos devastados por sequías o terremotos no puede limitarse a garantizar que se retoman las clases y se forme a niños, niñas y adolescentes, sino que, además, deben incluir programas de educación acelerada para los que han perdido parte del curso escolar, atención a la salud mental y apoyo psicosocial para menores y personal educativo, así como asegurar el comedor o instalaciones de agua y saneamiento. Todo ello, con una perspectiva de género que asegure una atención especial a niñas y mujeres, el colectivo siempre más afectado”, concluye Orenes.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí