La educación infantil privada no se merece este trato

Ignacio Grimá

Teniendo en cuenta la situación que están viviendo las escuelas infantiles privadas en estos momentos, no sólo es absolutamente innecesario asumir el gasto público inherente a crear 65.000 nuevas plazas públicas en el sector 0-3 (teniendo el Gobierno a su disposición una red privada deseosa de colaborar), sino que es incluso una falta de sensibilidad absoluta hacia un sector compuesto mayoritariamente por mujeres, que ponen toda su pasión en algo tan vocacional como ayudar a los niños a desarrollarse a todos los niveles (no sólo asistencial, sino también a nivel cognitivo y emocional), y que, de ir adelante esta nueva ocurrencia del Gobierno, llevaría con toda probabilidad a que la gran mayoría de los y las 50.000 profesionales que componen el sector pierdan su puesto de trabajo.

Ahora bien, la situación actual del sector no es únicamente consecuencia de la pandemia que estamos viviendo. Esto no ha hecho más que agravar una situación que ya de partida era extremadamente complicada, pero los problemas vienen de antes y que podemos agruparlos, principalmente, en tres:

  1. Sin duda, la caída de la natalidad está siendo un mazazo a todos los niveles para el sector, y echamos en falta una propuesta de consenso que tienda a poner medidas ante un problema tan grave no sólo a nivel de educación infantil, sino de todo el país.
  2. Otro problema extremadamente grave, y ante el que las administraciones públicas no están haciendo absolutamente nada, es la lucha contra centros ilegales y análogos que, no cumpliendo ninguno de los exigentes requisitos que se nos demandan a las escuelas infantiles privadas (en términos laborales, sanitarios, de infraestructuras o de cumplimiento de ratios, entre otros muchos aspectos), sí hacen una competencia desleal ante familias que únicamente perciben como valor el cuidado asistencial, y no tanto todos los demás aspectos en los que la propuesta de valor de una escuela infantil es absolutamente diferencial.
  3. Hay sin duda un caballo de batalla importantísimo ante la sociedad en general: evidenciar que la escuela infantil hace (por supuesto) una magnífica labor asistencial y de conciliación ante las familias… pero nuestro trabajo va mucho más allá. Hoy en día todavía hay parte de la sociedad que no percibe el enorme valor que aporta una escuela infantil de cara al desarrollo cognitivo y emocional del niño. Un trabajo que en ocasiones se considera que puede ser sustituido bien por el mero cuidado en casa o por parte de no profesionales de la educación, y que sin embargo lleva a que el niño no tenga la oportunidad de recibir una educación y estimulación que va mucho más allá. En este sentido, son ya numerosísimos los estudios que evidencian los beneficios de la escolarización temprana del niño no sólo en materia de rutinas o cuidados básicos, sino sobre todo a nivel de desarrollo cognitivo, socialización y crecimiento y gestión emocional.

En todo caso, las cifras de matriculación evidencian que, a no ser que nuestros representantes políticos hagan una apuesta decidida por la educación infantil 0-3, en el corto plazo acabarán desapareciendo la inmensa mayoría de las escuelas infantiles privadas, con el consiguiente impacto en el corto plazo tanto para las familias como para las y los profesionales del sector, y en el medio plazo en las arcas públicas que tendrán que sustituir con fondos públicos la propuesta de valor que desempeñamos desde la red de escuelas infantiles privadas.

Ignacio Grimá, presidente de Sectorial Infantil en ACADE

 

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Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

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