La formación DECA en religión: la fe y la moral para alcanzar la «auténtica maduración» del alumno

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«La educación es un tesoro, una ayuda inestimable para enseñar a pensar, a descubrir lo que somos para poder contribuir al bien común de la sociedad». Es por esta razón por la que Marcela Jiménez defiende la formación DECA para los docentes de religión. Porque se trata de un «proyecto de vida» que debe tener en cuenta la «dimensión trascendente de la persona». Una relación entre fe y razón que orienta la «auténtica maduración» del alumno.

Jiménez es la directora del título DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica) que imparte la Universidad UDIMA. Una titulación eclesiástica oficial expedida por la Conferencia Episcopal Española, que exige desde 2007 para ejercer como profesor de religión de Infantil y Primaria, tanto en colegios públicos como privados.

Es un título que los centros educativos suelen reclamar a sus profesores, debido a la gran demanda de clases de religión por parte de los alumnos o sus padres. Y también por la gran cantidad de centros de orientación católica que incluyen la religión como asignatura obligatoria en todos sus cursos, comentan desde la UDIMA.

«Para ser docente en el ámbito de la teología o de la religión se exige un nivel científico profundo de la materia», apunta Jiménez. También estar en posesión de la titulación civil correspondiente al nivel educativo de las clases (Infantil o Primaria). Además, la Conferencia Episcopal requiere al docente que esté bautizado en la Iglesia Católica y tenga «experiencia en la vida cristiana, testimonio de fe y aptitudes didácticas y pedagógicas».

«Razón y voluntad»

Entre los bloques formativos que incluye la DECA está el de ‘Pedagogía y didáctica de la Religión Católica’. El profesor deberá utilizarlo como medio para abordar qué enseñar y cuándo hacerlo según las distintas «etapas de la psicología evolutiva del alumnado». Es decir, organizar el aprendizaje de competencias y objetivos didácticos mediante la contextualización «epistemológica, psicológica y social», explica la directora.

Algo que, mediante diversas estrategias adecuadas a la enseñanza de la religión, incluye el estudio de la iconografía, la enseñanza de la Biblia, los sacramentos y la moral católica. Además, Jiménez subraya la importancia del profesor de religión para instruir «en el discernimiento del bien y del mal, en el arte de vivir y de buscar la verdad». Un «requisito», dice, para que el alumno alcance su «auténtico desarrollo y maduración» como persona.

La formación moral es el medio adecuado para desarrollar las virtudes y los valores, abunda la directora, pues los actos humanos voluntarios se realizan «a tenor de la plena conciencia (razón) y del perfecto consentimiento (voluntad)». Así pues, la escuela «no debe limitarse a transmitir sólo conocimientos técnicos e instrumentales, dejando a un lado sin protección alguna los valores», asevera.

«Esta formación descubre que la persona dotada de un cuerpo y una razón o logos de carácter espiritual constituye una unidad dual, que presenta una identidad en la diferencia y una igualdad en la diversidad. Identidad en cuanto al origen, la dignidad y destino común a la persona, y diferencia, porque cada uno se descubre en la apertura hacia el otro, en la comunión mutua, como realidad profunda que no es discriminatoria sino vocacional, o lo que es lo mismo, en la complementariedad propia del ser humano».

Éxito Educativo
Author: Éxito Educativo

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