La gran expansión de los simuladores formativos, mezcla de hardware y software

Hoy nos centraremos en uno de los recursos más interesantes que ofrece la tecnología educativa: los simuladores. Es un sector que ha crecido muchísimo en los últimos tiempos, y al que auguramos un gran futuro. Pero, ¿qué es un simulador formativo?

El mejor ejemplo, y el más rápido que nos viene a la mente al hablar de este asunto, son los simuladores de vuelo, como el que ilustra este texto. Los pilotos comerciales y de guerra pueden hacer el cómputo de horas de experiencia que tienen desglosando entre el tiempo real y el tiempo de simulador. Y eso se debe a que el tiempo de simulador es muy importante.

En general, podemos decir que los simuladores de vuelo complementan la experiencia real con algunas características difíciles de conseguir habitualmente. Entre otras cosas:

  • Aportan experiencia a los pilotos más novatos, que aún no se han enfrentado al manejo de un gran aparato. Es una muy buena manera de dar los primeros pasos en el aire.
  • Eliminan el riesgo. Los errores no tienen un coste y sirven para aprender. Porque de eso se trata.
  • Además lo hacen a un menor coste. Siempre será menos gravoso desde todos los puntos de vista preparar a los principiantes mediante una simulación que a través de la experiencia real.
  • Los pilotos experimentados pueden practicar situaciones peligrosas sin poner ninguna vida ni ningún material en riesgo. Así cuando en la realidad tengan que enfrentarse a una situación inesperada la habrán experimentado.

Por todo esto es lógico que se hayan extendido ampliamente en la industria aeroespacial en todo el mundo.

Volar y más

Pero estas mismas ventajas son también de aplicación a otros ámbitos. Veremos algunos.

Exactamente el mismo concepto que los simuladores de avión se utiliza también por ejemplo en la Fórmula 1. Todos los aficionados saben que los pilotos entrenan intensamente en máquinas similares a la de la imagen, con la diferencia de que replican no un avión sino el coche que van a conducir en los circuitos. Se han convertido en un elemento indispensable para todos los equipos.

También hay grandes simuladores de barcos. Son instalaciones igual de complejas, que se utilizan para formar a los patrones futuros. Especialmente en el caso de grandes buques, o para entrenar situaciones complejas, que deben gestionarse con pericia.

Los simuladores de máquinas de guerra, como helicópteros y carros de combate, son habituales en los ejércitos modernos. En este caso además del abaratamiento de la instrucción y la posibilidad de practicar asuntos complejos se suma el hecho de poder recrear escenarios de batalla sin que muera nadie.

Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos: también hay instalaciones de simulación de grandes máquinas de obra civil, como gruas, excavadoras, etc. En ellos se puede experimentar el trabajo con grandes volúmenes, o en situaciones adversas. Algo parecido también existe con los simuladores para la formación de los empleados de las grandes grúas de manejo de contenedores en los puertos, o incluso de camiones.

Grandes instalaciones

En todos estos casos, estamos hablando de simuladores que replican máquinas semovientes complejas. Pero también existen simuladores formativos que sirven para entrenar el trabajo en grandes instalaciones fijas, que tienen una gran complejidad y experimentan situaciones de riesgo.

Por ejemplo hay simuladores para aprender a gestionar una gran instalación química, una plataforma petrolífera, una depuradora de aguas residuales, una red eléctrica, etc.

Aquí las ventajas que hemos visto hasta ahora se multiplican. Los propios simuladores son caros, pero lo sería mucho más utilizar la gran instalación de la vida real para formar a los responsables. Además los riesgos pueden ser enormes.

En los simuladores de máquinas buena parte del esfuerzo de simulación se centra en que los interfaces de uso sean iguales que los de los aparatos reales: desde el joystick del avión al volante del coche, el timón del barco, los mandos de las grúas, el panel de información, etc. Por no hablar de la vista por las ventanillas, que es seguramente lo que más llama la atención a los que nos acercamos por primera vez a este tipo de simuladores.

En el caso de los simuladores de grandes instalaciones, pueden parecerse muchísimo a la realidad. Esto se debe a que todas estas enormes infraestructuras finalmente se dirigen desde un puesto de mando que reúne en un lugar tanto la información que toman los sensores repartidos por todos los puntos importantes, como también los accionadores.

Por eso en muchos casos hay ligaduras entre los sistemas que se utilizan en las instalaciones reales y los que se utilizan en los simuladores de instalaciones.

En cualquier caso, estamos ante una línea de trabajo que ha dado en el pasado un gran rendimiento, y va a darlo aún más en el futuro.

Pero los simuladores formativos van mucho más allá. Y seguiremos ahondando en ellos próximamente.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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