La Iglesia recuerda al Gobierno que el “verdadero sujeto de la educación es la familia”

La Conferencia Episcopal Española confía en que durante el proceso parlamentario en curso de la ley educativa propuesta por el Gobierno español la misma refleje lo que, a juicio de los obispos españoles, es la esencia de la educación en sí misma, que es colocar a la familia como el sujeto principal.

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello García, en la rueda de prensa posterior a la celebración de la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal reconoció la “gran inquietud” que ha despertado en su seno la tramitación de la llamada ley Celaá. Lamentó, en este contexto, que se haya procedido a la tramitación de esta ley “a pesar de la pandemia, lo que ha impedido la participación adecuada de toda la comunidad educativa”, dijo.

En este punto, insistió en que el “verdadero sujeto de la educación es la sociedad y, en primer lugar, la familia, y no sería aceptable que el Estado se apropiara de este protagonismo a cuyo servicio está llamado, identificando el carácter público de la enseñanza con su dimensión organizativa de carácter estatal. No solo lo que es de titularidad estatal es público”, sentenció monseñor Argüello.

Los obispos españoles reiteraron la necesidad de que se ofrezca una “mayor protección del derecho a la educación y la libertad de enseñanza”, tal y como refleja la Constitución y su interpretación jurisprudencial. “Nos preocupa”, agregó, “que esta ley introduzca limitaciones”, entre otras, “al ejercicio de responsabilidad de los padres en la educación de los hijos y en particular a los alumnos con necesidades especiales”.

“Afirmamos”, prosiguió, “que la ley debería recoger la demanda social en todas las etapas educativas y lamentamos las trabas a la acción de las instituciones católicas concertadas, porque”, advirtió, “no es momento de enfrentar, sino de trabajar conjuntamente en el espacio público para ofrecer una educación adecuada”.

En relación con la asignatura de Religión, explicó que se ha trasladado desde la Conferencia Episcopal al Ministerio de Educación que “no puede excluirse del ámbito escolar la educación de la dimensión moral y religiosa de la persona para que pueda crecer como sujeto responsable y libre y comprometido con el bien común”.

Por eso, recordó, propuso en su día que esta asignatura quede integrada en un área de conocimiento para todos los alumnos y que no sea ajena al proceso educativo, “sino comparable a otras asignaturas fundamentales”, aunque lamentó que “no hemos recibido respuesta por parte del Ministerio”. De hecho, deploró, la reforma suprime el valor académico de la asignatura.

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