La inteligencia emocional comienza con el desarrollo del ser

La sociedad occidental tradicionalmente programa la vida del ser humano partiendo del «HACER» (estudio, trabajo entrenamiento deportivo…), para luego «TENER» (propiedades, una familia, una carrera profesional…) y posteriormente a lo que hayamos hecho y tengamos… «SEREMOS» (un status social, un rol familiar, una figura relevante en cualquier área). Sin embargo, ¿qué ocurrirá si perdemos lo que «TENEMOS»? ¿Cómo volveremos a conseguirlo? Tendremos que volver a «HACER» para poder «TENER», en un entorno diferente y las probabilidades disminuyen. Es más, y si lo que «TENEMOS» lo heredamos en su día y no lo «HICIMOS», ¿cómo plantearé mi reconstrucción?

Si nos fijamos en realidad este proceso está planteado desde fuera hacia dentro. Dependeremos de la opinión de los demás para establecer nuestra propia valoración. ¿A qué nos lleva esto? A estar comparándonos constantemente con los demás y a necesitar la aprobación externa, lo cual nos conduce a una insatisfacción constante, a la infelicidad.

¿De dónde partiremos pues para convertirnos en seres sanos, equilibrados, felices y realizados? De nosotros mismos, de nuestra identidad… aquello que va más allá de a qué nos dedicamos y a qué familia pertenecemos. Empezaremos con el desarrollo del «SER», partiremos de nuestro autoconocimiento, para posteriormente autocontrolarnos, automotivarnos y, de este modo, una vez alcanzado nuestro desarrollo personal, ser capaces de ponernos en el lugar de otros (empatía) y desarrollar habilidades sociales que nos permitan obtener nuestros objetivos con la ayuda de los demás, no desde la imposición sino desde la comunicación asertiva y negociadora. «HACIENDO» en lo que nos sentimos realizados y «TENIENDO» aquello que queremos.

Estos son los 5 pasos de la Inteligencia Emocional, es una inteligencia que algunas personas han desarrollado de forma natural por su capacidad de adaptación o por su gran plasticidad cerebral, que les ha permitido aprender con rapidez de sus relaciones interpersonales e intrapersonales como alcanzar sus objetivos. La mayoría debemos obtenerla mediante la modificación cognitiva y el entrenamiento.

Es una inteligencia que se aprende, no es innata, a diferencia de la inteligencia basada en habilidades verbales, numéricas, de abstracción, etc., medidas en el coeficiente intelectual, que vienen altamente determinadas por la genética.

Sin embargo, y de acuerdo con los últimos estudios, tanto esta «Inteligencia tradicional», como la Inteligencia Emocional, dependerán para su desarrollo de la calidad y cantidad de estímulos que el sujeto perciba, así como la capacidad de enfocar la atención, percepción y memoria… para el aprendizaje. Necesitando de la motivación y creatividad para colaborar en el desarrollo general, aportando novedades a su entorno. (El entorno actualmente es muy grande).

El desarrollo intelectual y el desarrollo emocional se hayan íntimamente relacionados, ante un bloqueo del desarrollo emocional se producirá un bloqueo intelectual. Esta es la razón por la que el porcentaje de identificación de superdotados es tan bajo, es tan alto el porcentaje de fracaso escolar o el bullying es una epidemia.

Desde hace poco tiempo, relativamente hablando, empezaron a implementarse mayoritariamente las teorías psicológicas cognitivas o de procesamiento de la información. Teorías que basan el desarrollo de la persona en la influencia del entorno, y en cómo la percepción particular del mismo determina su comportamiento. Esto derivó en conclusiones como la que cuantifica que un buen coeficiente intelectual solo aporta un 8% aproximadamente en el éxito, frente al 64% aproximadamente que aporta un buen CE (Coeficiente de Inteligencia Emocional). Entendiendo por éxito el alcance de los objetivos marcados y una adaptación al medio adecuada.

Motivar es un verbo, una acción (cuya raíz etimológica latina «Movere», significa Moverse), si no sabemos dar con la motivación del alumno, no sabremos transmitir el conocimiento necesario… si el alumno no se siente escuchado, aceptado, recogido… no confiará en nosotros, primer paso para la «influencia».

¿Porque esto se plantea ahora y no en generaciones anteriores?

Porque en generaciones anteriores la sociedad «remaba» en la misma dirección que la familia, el entorno era más normalizado, más homogéneo y mucho más sencillo.

Actualmente los menores viven en un mundo donde reciben una media de 2000 estímulos publicitarios diarios, que en la mayoría de los casos transmiten valores contrarios a los valores recibidos en otros entornos, acceso a información falsa, incompleta, además de inadecuada para su edad. Esto los convierte en seres muy vulnerables.

Teniendo en cuenta esto y que se estima que en 2050 la mitad de los trabajos que se desarrollaran no han sido creados todavía, ¿qué es lo que podemos ofrecer a nuestros menores para prepararlos? Desarrollo del sentido crítico. La mayoría de las familias o bien utilizan unos valores antiguos que no sirven para el mundo actual o utilizan nuevos sistemas de valores que van en contra de las leyes naturales, en ambos casos poco adaptativos.

En los colegios se empieza a hablar de «Desarrollo de habilidades sociales» o «Inteligencias Múltiples», con respecto a la Inteligencia Emocional, aunque esto es solo la punta de iceberg. Un desarrollo emocional completo que influya verdaderamente en el «SER» del individuo, va mucho más allá, respecto al individuo como ser social, responsable, con buenos hábitos mentales, comunicativos, físicos, sociales y espirituales… para que el menor sea capaz de alcanzar sus propios éxitos y sea sano y equilibrado.

Todo lo necesario para el correcto desarrollo personal  se puede transmitir en la escuela de forma transversal, en el día a día o por medio de actividades realizadas en tutorías, coloquios, convivencias y actividades varias.

Pilar García, coach especializada en adolescentes y familias.

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