La mayoría de alumnos de Primaria que van mal en matemáticas no mejoran en la ESO

Un estudio de la Fundación Bofill elaborado por Miquel Àngel Alegre y Laura Morató confirma que el 90% de los alumnos con resultados bajos en matemáticas en 6º de primaria sigue mal en 4º de ESO. Los resultados en matemáticas en la ESO, en declive durante la pandemia, siguen en niveles de suficiencia.

Pero, ¿cuál es el margen de mejora de los alumnos entre primaria y ESO? Tras el descenso de la pandemia, los resultados de las pruebas de competencias básicas en matemáticas en 2023 se mantienen 4,3 puntos (sobre 100) por debajo de los de 2016 a 6º de primaria y casi 6 puntos por debajo a 4º de la ESO.

A partir del análisis de los resultados de competencias básicas por cohortes de alumnos, realizado por primera vez en España, se puede conocer el recorrido que hace el alumnado a lo largo de su escolaridad. Los investigadores han analizado cómo les va a los alumnos en la prueba de matemáticas de 6º de primaria y cómo les va a estos mismos alumnos años después en la prueba de matemáticas de 4º de ESO.

Los resultados evidencian carencias en matemáticas que se arrastran y se incrementan a lo largo de la ESO. También que, prácticamente 9 de cada 10 alumnos que en las pruebas de 6º tuvieron un rendimiento bajo en matemáticas, siguen teniéndolo en las pruebas de 4º de ESO.

Otro dato concluyente es que más del 60% del alumnado con rendimiento medio y alto en numeración y cálculo en las pruebas de 6º baja su nivel en las de 4º.

De acuerdo con el análisis, se cronifican, cuando no aumentan, las desigualdades educativas entre centros socialmente desfavorecidos y no desfavorecidos, lastre para la mejora de resultados en el conjunto del sistema. Aún hay más: la diferencia de puntuación entre centros de alta y baja complejidad en catalán y en matemáticas se cronifica en la ESO y aumenta en primaria.

¿Son estos resultados atribuibles a la pandemia? Los datos indican que la tendencia a la pérdida de aprendizaje en matemáticas en la ESO es de tipo estructural y que la crisis del COVID puede haber actuado bien intensificándola o dificultando su enderezamiento.

Los autores no se limitan a la descripción de la situación, también formulan sus propias propuestas. Más que ningún otro, consideran, la enseñanza de las matemáticas requiere de un enfoque que ponga al alumno y su proceso de aprendizaje en el centro de un trabajo y un seguimiento intenso de sus carencias, fortalezas, logros, emociones y disposiciones.

Y esto no es posible sin una política de recursos, que permita agrupaciones reducidas en matemáticas. Así, el 80% de las horas de matemáticas en la ESO deberían cursarse en grupos de máximo 10 alumnos (centros de menor complejidad) o 5 alumnos (centros de mayor complejidad).

También reclaman programas de apoyo educativo en matemáticas, en horario no lectivo, de amplia cobertura y gratuitos para los niños y adolescentes de primaria y secundaria con menos recursos, con el objetivo de fortalecer o recuperar aquellos aprendizajes en los que muestren mayores dificultades.

Destacan la necesidad de un reparto más justo de los recursos docentes y asignaciones económicas entre los centros educativos, que obedezca a un modelo de financiación por fórmula estable y estructural basado en las necesidades sociales y educativas de escuelas e institutos.

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