¿Qué sabe España de ciencia y de sus propios científicos?

Casi la mitad de los españoles, al ser preguntados por qué científicos conoce, cita a Albert Einstein, seguidos de Marie Curie o Isaac Newton, mientras que apenas un 11% menciona a Severo Ochoa y solo un 8% a Santiago Ramón y Cajal, según el Estudio de Cultura Científica 2024 en Europa, EEUU, Turquía e Israel, de la Fundación BBVA.

En el conjunto de países testados, al ser preguntados los ciudadanos por cuáles han sido “los científicos más importantes de toda la historia a nivel mundial”, entre los ciudadanos de la mayoría de los países encuestados hay consenso en dos grandes referentes, ambos del campo de la física: Albert Einstein y, a distancia, Isaac Newton.

Einstein es mencionado en primer lugar en casi todas las sociedades: su mención alcanza el pico en Israel y Alemania (61% en ambos países) y su valor más bajo en Hungría (33%) y Turquía (32%). A mucha distancia, destacan nombres como Isaac Newton (más mencionado en Estados Unidos e Israel que en Europa, con la excepción de Reino Unido), Marie Curie (más en Europa), Thomas Alva Edison o Nikola Tesla.

Las grandes figuras nacionales suelen aparecer con un porcentaje de menciones significativas en los respectivos países: Louis Pasteur y Marie Curie en Francia (36% y 33%), Isaac Newton, Charles Darwin y Stephen Hawking en Reino Unido (33%, 19% y 16%), Galileo Galilei en Italia (25%) y Albert Szent-Györgyi en Hungría (32%). En Dinamarca Niels Bohr, con un 49% de menciones, se sitúa incluso por delante de Einstein.

¿Y de los españoles?

Al poner en perspectiva comparada el caso de España, aparece la “anomalía”, como se señala textualmente en la comunicación sobre el estudio, de que una figura de tanta relevancia como Santiago Ramón y Cajal, en un área científica particularmente dinámica en el presente como la neurociencia, no aparezca en las primeras posiciones –ocupadas por Einstein (48%), Marie Curie (25%) y Newton (22%)–, siendo mencionado solo por el 8% de los encuestados. La científica Margarita Salas, que ha tenido una amplia y continuada presencia en los medios de comunicación y en el espacio público, alcanza el mismo porcentaje de menciones que Cajal.

Teniendo en cuenta el impacto y desarrollo de la genética en las últimas décadas, es llamativa la ausencia en todos los países de dos grandes pioneros de la disciplina, los codescubridores del ADN: ni Francis Crick ni James Watson aparecen entre los científicos con un número significativo de menciones en los 18 países analizados.

Entre los españoles, Einstein es nombrado por casi la mitad (48%), seguido por Curie (25%), Newton (22%) y, a distancia, Severo Ochoa (11%) y Santiago Ramón y Cajal (8%).

Esto, en lo que concierne al conocimiento de los científicos. Mejor es, o mejorable, según el cristal con que se mire, la noticia sobre el grado de comprensión de la población común sobre la ciencia en su conjunto.

Los resultados del estudio muestran que algunas nociones fundamentales son conocidas y comprendidas por la mayor parte de los ciudadanos, aunque siguen siendo ajenos a un segmento no trivial: el hecho de que el Sol no gira alrededor del Planeta Tierra (76% en el conjunto de Europa y EEUU, 72% en España, 71% en Israel y 52% en Turquía) y el origen del universo en la gran explosión del Big Bang (75% en Europa, 78% en España, 71% en EEUU, 67% en Turquía y 49% en Israel).

Otros conceptos son también comprendidos por una parte significativa de la población de las sociedades analizadas, como el que el cromosoma X o Y del padre determina el sexo del recién nacido (75% en Europa, 63% en España, 76% en EEUU, 75% en Israel y 81% en Turquía) y que las células se dividen (62% en Europa, 63% en España, 60% en EEUU, 52% en Israel y 42% en Turquía).

Sin embargo, existe un mayor desconocimiento sobre otras nociones, como la función de los antibióticos (solo el 52% de los ciudadanos de EEUU, el 48% de los europeos, el 43% de los españoles, el 29% en Israel y casi el 23% en Turquía responden correctamente que “los antibióticos destruyen los virus” es falso).

Suspenso en cambio climático… y en tomateras

Son llamativas las bajas tasas de conocimiento que se dan en gran parte de las poblaciones encuestadas sobre dos cuestiones que aparecen de manera destacada y recurrente en los medios de comunicación y el debate público: la genética (en torno al 40% de los europeos y de los estadounidenses, el 30% de los israelíes y el 55% de los turcos  creen que  “los tomates comunes que comemos no tienen genes, mientras que los tomates obtenidos por ingeniería genética sí”) y especialmente las causas del cambio climático (únicamente un tercio de los europeos y estadounidenses, un 27% de los españoles, un 20% de los israelíes y un 16% de los turcos saben que no “se produce por el agujero en la capa de ozono”).

No hay diferencias significativas entre hombres y mujeres, y son débiles en función del nivel educativo formal respecto al test en su conjunto de 11 ítems, sugestivo de que la cultura científica elemental forma parte del ecosistema de esas sociedades a las que contribuyen diversas fuentes y agentes, entre ellas, los medios de comunicación y la propia comunidad científica. Si se atiende a los ítems de mayor dificultad, como el referido a la genética, aparecen diferencias marcadas en función del nivel educativo y del seguimiento de medios de información.

Comparativamente, España obtiene unos resultados ligeramente por debajo de los del conjunto de los países europeos, con un segmento de conocimiento muy bajo-bajo del 24% frente al 21% en Europa y Estados Unidos y un porcentaje menor en el otro extremo, el del segmento de nivel alto de conocimiento, con un 14% en España frente al 19% en Estados Unidos y el 22% de media en Europa. El segmento de nivel medio de conocimiento estimado por la batería de ítems ofrecida es del 63% en España y de un 57% en el conjunto de Europa.

En las otras sociedades incluidas en el estudio, Israel y Turquía, la cultura científica de la población presenta un perfil más estratificado, apareciendo asociada al nivel educativo formal. Así, en contraste con Europa y Estados Unidos, las sociedades de Israel y Turquía presentan notables desigualdades: el nivel medio de conocimiento no supera el 40% en Israel y el 32% en Turquía, el segmento de nivel muy bajo o bajo de conocimiento suman un 48% en Israel y un 65% en Turquía y el extremo de conocimiento alto es solo de un 12% en Israel y un 4% en Turquía.

En ambos países, las diferencias con respecto al nivel educativo son acusadas: mientras en el nivel primario de educación ambos países registran amplias mayorías (70%) en el segmento de conocimiento muy bajo-bajo, al llegar a los estudios terciarios, un 66% en Israel y un 47% en Turquía se sitúa en los niveles medio y alto.

Lo que sale en los medios no es lo que cuenta en verdad

También forma parte de la faceta cognitiva de la cultura científica de una sociedad conocer la forma de operar de la ciencia, y en concreto sus sistemas de comprobación y validación. En esta faceta, amplias mayorías en todos los países analizados comprenden el proceso de validación del conocimiento científico, otorgando la mayor importancia a la comprobación empírica de las teorías mediante experimentos y a que los resultados de esos experimentos sean reproducibles por otros investigadores (por encima del 85% en ambos casos).

Al mismo tiempo, la gran mayoría en todas las sociedades entiende también que los resultados de una investigación se transforman en conocimiento público o validado por la comunidad científica a través de su publicación en revistas científicas especializadas, y –a distancia significativa– por su aparición en medios de comunicación generales.

La mayoría de la población comprende también un aspecto fundamental del conocimiento científico: el hecho de que la veracidad de las teorías científicas no es algo fijo, establecido de una vez por todas, sino que está abierta a contraste y superación por avances posteriores (80% en Europa, 79% en Estados Unidos, 66% en Israel y 55% en Turquía).

 

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