La mitad de los adolescentes tienen problemas para detectar las noticias falsas

La mitad de los adolescentes tienen problemas para detectar las noticias falsas

Un vaso puede estar medio lleno o medio vacío, dependiendo del punto de vista del espectador. Pero lo cierto es que, más allá de las interpretaciones o las miradas, la cantidad de agua que contiene es la que es.

Algo así podríamos decir del estudio (1) realizado por Eva Herrero y Leonardo La Rosa, ambos pertenecientes al Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III, sobre la alfabetización mediática de los adolescentes y la desinformación, y que ha sido publicado por la revista científica Comunicar. El trabajo analiza la relación de estudiantes de entre 11 y 16 años con los medios de comunicación, los bulos y su capacidad para detectarlos. Los resultados del estudio pueden considerarse positivos o francamente mejorables, pero son los que son.

Bulos y noticias verdaderas

Primero se ha encuestado a más de 1.600 estudiantes de ESO de centros públicos de España y después el estudio se ha completado realizando más de 75 entrevistas en profundidad a docentes de este nivel de enseñanza.

Los adolescentes piensan mayoritariamente, un 58,8% que son capaces de distinguir entre una noticia falsa y una verdadera, frente a un 41,2% que cree que no es capaz de diferenciarlas.

Para averiguar la veracidad de esta información, se enfrentó entonces a los jóvenes ante dos titulares falsos. El primero, con un bulo sobre inmigración fue detectado por el 48,2%, mientras que otro titular falso, en este caso sobre la COVID, fue detectado por el 58,8%.

La prueba con dos titulares verdaderos tuvo peores resultados. El que informaba de una auténtica estafa de la que eran víctima ancianos fue considerado falso por el 62,9%. Otra noticia sobre Airbnb, también auténtica, también pasó por falsa para una mayoría del 57,6%.

Distinguir los géneros periodísticos

Que los jóvenes tengan unas nociones básicas de los géneros periodísticos que les permitan diferenciar entre información y opinión, les podría ayudar a detectar bulos.

Para Eva Herrero, coautora del estudio, los adolescentes “tienen dispositivos como los móviles desde prácticamente muy temprana edad, a los 11 años. Una forma de luchar contra la desinformación es conocer cuáles son las principales características que tiene un género o cómo se construye una noticia o cómo se construye el editorial de un periódico”.

En este caso, los encuestados estaban casi unánimemente convencidos (92,1%) de poder diferenciar opinión de información, pero la investigación desvela una realidad muy distinta. El 64,4% confundió la pieza de opinión que se les presentó con un texto informativo. Los resultados fueron algo mejores cuando lo que se les dio fue una información, de tal modo que en este caso se confundió el 47,8%.

La mayoría de los profesores encuestados, un 65,63%, piensa que sus estudiantes no saben diferenciar información de opinión.

Consumo compulsivo

El estudio también llama la atención sobre la forma de consumo de información que hacen los adolescentes. La mayoría lo hace a través de las redes sociales (55,5%), la televisión (29,1%) y sus grupos de familia y amigos (7,9%), por delante de los periódicos digitales (6,5%) o la radio (1%).

El profesorado señala que los estudiantes realizan un consumo mediático intensivo y acrítico de determinados medios audiovisuales y digitales como Tik Tok, Instagram o Youtube. Eva Herrero subraya que esta forma de consumo, “según el propio profesorado es tán compulsiva que que no les da tiempo a digerir todo lo que están consumiendo. Esto dificulta la posibilidad de diferenciar entre lo que es la información y lo que no lo es, entre lo que es un bulo y lo que no lo es”.

Déficit

Para los investigadores, pese a estar habituados a navegar por internet y utilizar con mucha frecuencia las redes sociales, los estudiantes de secundaria presentan un déficit en competencias básicas relacionadas con la alfabetización mediática.

Como posible solución para corregir ese déficit, Herrero apunta que habría que “introducir estos contenidos en la escuela a lo largo del estudio. Nos hemos dado cuenta es que a pesar de que la alfabetización mediática es una competencia transversal, al final responde mucho a la voluntad del profesor o a la motivación por impartirlo en la materia o en la asignatura”. Su propuesta pasa por que se haga de modo más formal, introduciéndolo como materia prácticamente desde primero de la ESO “para que los estudiantes se vayan familiarizando con todas esas dinámicas mediáticas a las que están expuestos desde los 11 e incluso los 10 años, la edad a la que tienen su primer móvil”.

Tras las entrevistas realizadas a los docentes, la mayoría del profesorado de secundaria se mostró partidario de introducir en los planes de estudio contenidos relacionados con el funcionamiento de los medios de comunicación.

 

(1) Más información: Herrero-Curiel, E., & La-Rosa, L. (2022). Secondary education students and media literacy in the age of disinformation. [Los estudiantes de secundaria y la alfabetización mediática en la era de la desinformación]. Comunicar, 73. https://doi.org/10.3916/C73-2022-08

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