La nueva Ley de Educación: lo que le faltaba a 2020

Colegio Montpellier Madrid

Vivimos tiempos convulsos, no solo para la salud o la economía; también para la educación. Casi de un día para otro, llegó un virus que nos obligó a adaptarnos en tiempo récord a la nueva realidad cambiando las formas de enseñar, los canales de comunicación y la gestión de las emociones. Ahora vemos que todo el esfuerzo que se ha hecho en los colegios (públicos, concertados y privados), por hacer lo necesario y hasta lo conveniente, por inventar espacios y protocolos, por readaptar nuestra enseñanza y reestructurar nuestra mente y nuestros recursos, nos lo agradecen desde la clase política sacándose de la manga una nueva Ley de Educación que no suma, sino divide. Una norma aprobada sin consenso ni escucha y a toda prisa, que viene a traer más incertidumbre en este tiempo tan incierto.

Trabajo en un colegio concertado, donde cada mañana recibo a un montón de alumnos y de familias que se despiden de sus niños deseándoles que pasen un feliz día, que les vaya genial, que disfruten y aprendan mucho. Les escucho y mi sensación, cada día, es que no solo los niños, también sus progenitores, están felices de venir al cole que –atención: es importante- ellos eligieron libremente en su día y en el que siguen contentos, satisfechos y confiados.

Por eso, muchos nos preguntamos sin que nadie sepa respondernos:

  1. Por qué las familias no pueden elegir el colegio que quieren para sus hijos, en igualdad de oportunidades, cuando contamos con una amplia oferta donde elegir. Qué miedo tienen nuestros gobernantes a esa libertad.
  2. Por qué nuestros hijos no pueden elegir religión en su colegio (y seguimos hablando de amplia oferta), cuando todos queremos que vivan unos valores que contribuyen a hacernos mejores.
  3. Por qué tenemos que aceptar que la escuela concertada se convierta en arma arrojadiza entre partidos políticos, simplemente por imponer “mis ideas” sin pensar en lo más importante: la educación, los alumnos, las familias, los profesores…
  4. Por qué algunos parecen más cómodos en la trinchera que en una mesa común buscando el consenso a una de esas cosas que, como la sanidad o la investigación, merecen estabilidad y no fractura cada cuatro años.
  5. Por qué plantear ahora otra preocupación adicional, con todo lo que ya tenemos encima, sin buscar un objetivo de mejora o beneficio para toda la comunidad educativa y cuando es irrefutable el buen funcionamiento de la concertada y la demanda social que esta suscita.
  6. Por qué no tratar sobre los contenidos, las competencias, las formas de aprender, las destrezas a mejorar de los que serán los trabajadores del futuro.

La educación no merece, no merecemos, ser tratada con una visión tan cortoplacista al capricho de unos u otros. Nuestros políticos deberían ser capaces de sentarse con especialistas, pedagogos, sociólogos, profesores, padres y entregarnos propuestas que piensen más en toda aquella persona que esté en el barro, luchando cada día, y menos en ahora me toca a mí dejar mi huella, “mi ley”, imponer mi visión de las cosas; políticos que piensen un poco menos en quién hace las leyes y un poco más en quién es el afectado por aquellas: en la libertad de las familias y en el bien de nuestros niños; que piensen en poner en práctica, en todos los centros, estrategias y metodologías motivadoras que hagan a los alumnos desear volver al cole cada día. Que piensen, en definitiva, en un mejor futuro para nuestra sociedad.

El papa Francisco dice en su encíclica “Fratelli Tutti” (y no hablando de educación, pero viene al caso): “La política ya no es una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino solo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz”.

Sabia reflexión y real como la vida misma… Una pena.

Seguiremos apoyando y moviéndonos por una mejor educación para todos.

Begoña SantanaColegio Montpellier (Madrid)

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