La OCDE (PISA) como neoconversa digital

En estos tiempos de tan escasa memoria, los que llevamos un tiempo en el sector nos hemos sorprendido con el reciente entusiasmo de la OCDE con respecto a la tecnología educativa. Y es que Andreas Schleicher, como cabeza visible de la organización en este campo, siempre se había manifestado en general como contrario a los ordenadores en el aula. Pero ahora habla con soltura sobre la introducción de Inteligencia Artificial, robots o blockchain en los colegios.

Aquí lo podemos ver: «OECD Education and Skills Today«, su artículo más reciente, de hace unos pocos días. En él se muestra firmemente partidario de la tecnología como impulsora de un nuevo aprendizaje, de mayor calidad. ¡Quién te ha visto y quién te ve!

Hasta hace muy poco tiempo, para la OCDE el que los estudiantes pasaran tiempo delante de un ordenador era peor que una pérdida de tiempo. Directamente se tildaba como algo negativo. Y las inversiones en tecnología eran homeopatía educativa, ya que quedaban absolutamente diluidas. Una especie de nada. Aquí un ejemplo entre muchos, que pueden encontrarse fácilmente en su buscador preferido How Computers are Related to Students’ Performance.

Brotes verdes

Tecnología y educación era un desierto. Sin embargo, en esta misma sección en diciembre de 2019, apenas tres meses antes del coronavirus, ya anunciábamos algunos brotes verdes: «PISA y tecnología: algo parece estar cambiando«. Allí constatábamos cómo los resultados internacionales en general parecían retroceder. Y cómo los tradicionales líderes en PISA ajenos a la tecnología estaban siendo sustituidos por nuevos campeones, todos ellos intensivos en tecnología. Donde antes brillaban Finlandia o Castilla y León, por poner dos casos repetidos, ahora se alzaban países como Estonia, Singapur, China, o regiones como Galicia.

Aún a pesar de nuestras indicaciones, en general la percepción era que la tecnología seguía siendo negativa. Por otra parte, y como señalamos con más detalle en este otro artículo: «Elegir hardware es necesario, pero elegir software es más importante«, se seguía hablando de tecnología educativa de una manera muy extraña. ¿A qué nos referimos? A que en la mayoría de los estudios sobre el impacto de la tecnología en la educación lo que se ha medido es la mera presencia de equipos en los colegios, aunque estén metidos en un armario.

¿No ha sido esto injusto? ¿Es que la hipótesis era que los ordenadores debían transferir conocimientos, habilidades o competencias a los estudiantes por ósmosis? ¿Que daba igual exactamente cómo se utilizaran? Analizando muchos informes, era triste comprobar que no se discriminaba siquiera si los ordenadores de las aulas estaban encendidos o apagados.

Y llegó el virus

La situación cambió en todo el mundo de un día para otro, como ya sabemos. Y entonces la tecnología se hizo imprescindible. Lo analizamos en algunos artículos, que pueden recuperarse yendo al histórico de esta sección. La hemeroteca aquí funciona realmente bien. Pueden hacer scroll hacia abajo y descubrir fácilmente todo lo publicado, cronológicamente.

Para el común de los mortales, y los más conscientes, la tecnología antes del virus era un «nice to have», como dicen los anglosajones. Algo interesante. Y para hacer innovación. Para juguetear. Ya sabemos que los experimentos se hacen con gaseosa.

Pero con el virus pasó a ser un «must have». Algo absolutamente necesario. La única manera de garantizar la educación en confinamiento. Y eso hizo que muchas cosas cambiaran.

Por nuestra parte, siempre fuimos optimistas. Nuestra opinión era que todos aprenderíamos de la experiencia. Por eso afirmamos rotundamente al comienzo de la pandemia que «La educación después del coronavirus será mejor que antes de él«. Y  estamos convencidos de que el tiempo nos ha dado la razón.

Ahora se hace un uso más reflexivo, razonado y razonable de la tecnología. ¡A fuerza ahorcan! Hemos podido utilizarla masivamente. Y hemos caído en la cuenta de sus ventajas. Pero también de sus inconvenientes. Porque hay que ser realistas.

Los neoconversos

Sin embargo, parece que hay algunos que antaño eran detractores y hogaño no solamente se suben al carro de la educación digital, sino que también se muestran como sus máximos defensores. Es lo que parece estar haciendo la OCDE, como estamos comentando aquí.

Los neoconversos defienden su recién adquirida fe con más ahínco que los viejos fieles. Es algo que se ha repetido siempre en la historia. Aunque solamente sea para ocultar su propia memoria de lo que fueron.

En el caso de la OCDE, Schleicher en su artículo citado habla de «smart schooling», que podríamos traducir como «escuelas inteligentes». Que son obviamente las que utilizan la tecnología. Lo que antes era perseguido.

Ahonda más en la cuestión cuando viene a indicar que la tecnología sí que estaba preparada. La pregunta que se hace es: «The technology is ready. Are we?» ¿Estamos nosotros preparados para la tecnología?

Porque, según explica ahora la OCDE, en las «escuelas inteligentes», la tecnología es prácticamente omnipotente desde un punto de vista educativo. Sobre todo gracias a la Inteligencia Artificial, que es casi casi una especie de varita mágica. Lo único que necesita es que los docentes la conozcan y se formen. Siempre la culpa es de los docentes.

«Aurea mediocritas»

En esta sección hemos sido críticos, y hemos analizado las limitaciones de los robots, del blockchain en educación, y especialmente de la Inteligencia Artificial. No tienen más que ir a la hemeroteca.

Y es que los clásicos tenían razón con su «aurea mediocritas»: no hay que ser ni cobarde ni temerario, sino valiente. No debemos ser ni tacaños ni despilfarradores sino generosos. Frente a la timidez o la desvergüenza, la modestia. En este caso, no nos dejemos llevar por la ley del péndulo, tan española por otra parte.

Sigue siendo necesario un uso reflexivo de la tecnología. Aquí seguiremos. ¿Nos acompañan?

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Julián Martín
Author: Julián Martín

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