La promesa apenas cumplida del «brain training»

Hoy hablaremos sobre una de las promesas que ha lanzado la tecnología educativa: la posibilidad de que gracias a ella podríamos entrenar nuestro cerebro («brain training»), de tal manera que podríamos mejorarlo o, al menos, evitar su deterioro con la edad por ejemplo. Porque ese ha sido el reclamo comercial para vender este tipo de productos, muchas veces pensados sobre todo para personas entradas en años.

¿Funciona el brain training? ¿Cumple su promesa? Será lo que analizaremos. Y ya adelantamos una conclusión provisional: no, los programas de «brain training» en general no sirven para mejorar nuestro cerebro. Pueden resultar útiles en algunos casos, pero su alcance es corto y referido a aspectos muy concretos.

Con esta afirmación no estamos diciendo que este tipo de software sea un fraude o que haya que desterrarlo, pero sí debemos ser conscientes de sus limitaciones. Y, si lo usamos, debemos tener claro para qué, y no dejarnos llevar por algunos reclamos quizá demasiado optimistas que se han utilizado a veces.

Ampliando público

El momento clave en el que este tipo de software se popularizó fue cuando la compañía Nintendo lanzó sus videojuegos con el nombre de «Brain training» en el año 2005, apelando a los estudios del neurocientífico japonés Ryuta Kawashima. El juego consiste en un conjunto de actividades interactivas con las que se puede practicar o bien realizar una especie de «examen» que determina nuestra supuesta edad mental, relacionándola con nuestra edad e indicándonos si estamos mejor o peor que lo que nos correspondería.

Nintendo ha sido siempre una empresa líder que ha marcado la pauta en el sector sobre todo ganando públicos que no solían ser videojugadores. Y este fue uno de sus movimientos estrella en ese sentido. De repente, personas ancianas también podían «jugar» con las consolas de Nintendo, especialmente las portátiles, que ya no solamente eran una máquina para «jugar» sino que podrían considerarse una suerte de herramientas de rehabilitación o de gimnasia mental.

Desde el punto de vista comercial y de negocio, la jugada es perfecta. Y ha tenido mucho éxito. Tanto que este movimiento ha sido también seguido por otros actores en el mercado, y replicado también incluso en otros sectores, como los libros en papel con actividades mentales para personas mayores, etc.

¿Qué se entrena?

De manera genérica, podemos decir que este tipo de herramientas sí muestran efectivamente un progreso en el desempeño de los «jugadores», que se muestra con gráficos, retos y logros, como una evidencia de la mejora conseguida. Pero las mejoras de los jugadores en realidad solamente son mejoras en las actividades interactivas específicas que se realizan, sin que eso pueda significar que supongan una mejora genérica en nuestro cerebro.

Para comprender mejor lo que queremos decir, hay que entrar en algunos aspectos técnicos de psicología cognitiva, pero intentaremos explicarlo de una manera sencilla. Mucho de lo que vamos a decir tiene que ver con el concepto de «transferencia del aprendizaje«, que nuestro admirado Héctor Ruiz resume mucho mejor que yo aquí. Nuestro objetivo no es científico ni académico sino divulgativo o periodístico, por lo que no buscaremos tanto el rigor terminológico sino sobre todo hacer comprensibles los conceptos. Además esto no es de aplicación general, sino sobre todo a las actividades de brain training donde nos estamos centrando hoy.

Por resumir mucho, podríamos decir que tenemos una serie de facetas o dominios de la inteligencia (velocidad mental, memoria, procesamiento, etc.) y procesos cognitivos que son específicos de determinadas áreas de conocimiento o de aprendizaje, y que de alguna manera podrían ser la concreción de los dominios de la inteligencia en los distintos campos de nuestra actividad.

Pues bien: si practicamos mucho determinados procesos cognitivos, como por ejemplo los que se proponen en las actividades de «brain training», podremos mejorar esos procesos cognitivos determinados que estamos practicando, pero eso no significa que esa mejora tenga una transferencia en el dominio de la inteligencia que pueda estar relacionado. Por poner un ejemplo: si practicamos mucho determinado ejercicio de memoria, quizá podremos mejorar nuestro desempeño en esa muy concreta actividad mnemotécnica, pero eso no quiere decir que nuestra memoria general sea mejor. Si nos proponen un tipo de actividad memorística diferente, tendremos que volver a practicarla para adquirir destreza.

Utilidad, pero limitada

De esta manera, y como conclusión, podemos decir que las actividades de brain training pueden resultar interesantes como una manera de estimularnos, de mantenernos activos o de entretenernos, pero de ninguna manera podemos considerar que suponen una mejora para nuestra inteligencia ni nuestro cerebro.

De hecho hay actividades que tenemos más a mano que son mucho más interesantes en la línea que supuestamente busca el brain training. Una de ellas es, sencillamente, la lectura. Una novela ligera de evasión moviliza nuestra inteligencia en mucho mayor medida que el brain training, y si leemos textos con mayor complejidad nuestra activación mental es muy superior. Si tienen personas mayores cerca recomiéndenles que mantengan buenos hábitos de lectura. Pocos ejercicios mentales son más interesantes para mantenernos activos.

Y en cuanto a las actividades de brain training, de manera general se debería impedir que se vendan con el reclamo de la mejora de la inteligencia, como ha sucedido alguna vez. Tenemos el caso de una aplicación de este tipo, que fue condenada a pagar 2 millones de dólares de multa por publicidad engañosa, ya que no era cierto que entrenara nuestro cerebro. Son interesantes, o divertidas, o nos mantienen despiertos, y pueden ser positivas; pero no deben prometer lo que no cumplen.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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