La tecnología educativa necesita fundamentación científica y validación

No todo vale en educación. Y conforme la tecnología educativa va expandiéndose, el sector en su conjunto tiene que hacer un esfuerzo para que todos sus productos e iniciativas estén bien fundamentados e informados en la ciencia del aprendizaje, y además puedan presentar pruebas sólidas de validez y eficacia para la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Así de claro.

Quizá a muchos lectores lo que digo les pueda parecer algo un poco exagerado, o se han quedado un poco extrañados. ¿Qué quieres decir exactamente? ¿A qué te refieres? Veámoslo.

La semana pasada clamábamos Por una educación informada en las evidencias científicas. Y decíamos que este es un planteamiento todavía poco conocido y poco extendido. Si hay unas prácticas o metodologías pedagógicas que consiguen su objetivo mejor que otras, deberían ser éstas las que se primen o recomienden. Igual que en la medicina. Esa es la manera de que las Ciencias de la Educación actúen como tales.

La Educación Basada en Evidencias (EBE) no es en estos momentos algo exigible, pero sí debe convertirse en nuestra guía y referencia de trabajo. Al menos debemos tener este planteamiento en cuenta.

Y si esto es de aplicación general a cualquier aspecto de la educación, lo es más aún en el terreno de la tecnología educativa.

Fundamentación científica

En mi labor como mentor especializado en startups dentro del programa paneuropeo IMPACT EdTech, he tenido ocasión de conocer y analizar a un gran número de iniciativas y empresas. Y a lo largo de mi trayectoria de más de veinte años en el sector naturalmente también. Y en muchos casos me he encontrado con afirmaciones que me han sorprendido.

Siempre me ha resultado chocante el hecho de que un número demasiado elevado de empresas de tecnología educativa suelen presentarse diciendo que resuelven determinado problema educativo, pero no explican en qué se basan para construir su solución. En el mejor de los casos, bastantes de ellas dicen que «han contado con docentes», o que en su equipo hay profesores.

Y nada más.

Veo muchas empresas que se dedican a «inventar la rueda» de nuevo, y presentan como novedad elementos que no aportan realmente nada y son simplemente «más de lo mismo».

Incluso alguna empresa se presenta a sí misma como puntera porque cuenta en su equipo con profesionales de los dibujos animados, o de los videojuegos, etc. En muchos casos lo único que saben decir es que se dedican a que los estudiantes «aprendan jugando». Y no digo que eso no sea interesante, pero estamos hablando de educación y no de entretenimiento. ¿No pueden profundizar un poco más?

Afortunadamente, sí que empieza ya a haber compañías que son capaces de explicar que su producto o su solución están basadas en los conocimientos de la ciencia del aprendizaje, y están en disposición de ejemplificarlo en cómo operan determinadas funcionalidades de su software. Estas compañías sí que me llaman mucho más la atención y son objetivamente más interesantes.

Validez

Pero si además estas compañías han tenido la oportunidad de demostrar objetivamente su eficacia para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje, dan un paso más para que me fije en ellas. Igual que no aceptamos un medicamento que no hubiera pasado las pruebas necesarias para su aprobación, no deberíamos utilizar un producto educativo que no sea capaz de mostrar validez.

En estos momentos, lo que digo por desgracia es un desiderátum, una aspiración que aún no se ha cumplido. Pero igual que en el caso de la fundamentación científica debe convertirse en una guía o referencia.

El mercado de los medicamentos por ejemplo para esto está muy regulado, y nadie puede saltarse la regulación. En educación estamos aún muy lejos de esto, pero por ejemplo los libros de texto en papel pasan por un proceso cualitativo de validación. Al menos hay un cierto «control» por parte de la administración. ¿Y en el caso de los contenidos educativos digitales? ¿En las startups educativas?

Poco a poco iremos transitando hacia un sector de la tecnología educativa mejor establecido y más riguroso. Y cuanto antes lo hagamos será mejor para todos: para las empresas serias, para la administración, para los docentes y las familias y, sobre todo, para los estudiantes, que serán quienes se beneficiarán de la mejora.

Para muestra, un botón: en Estados Unidos está la Food and Drug Administration (FDA) como agencia pública que regula los alimentos, medicamentos, cosméticos o aparatos médicos; y este organismo ha aprobado un videojuego como tratamiento para mejorar la atención en niños con TDAH. Aquí está el comunicado de prensa. Es un hito verdaderamente.

Hacia algo parecido deberíamos tender para separar el grano de la paja. Y más pronto que tarde.

Julián Alberto Martín

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