La Tiza y la Pantalla en Harvard

Portada de Historia de las Guerras de Religión-3

Empecé a escribir el libro Historia de las Guerras de Religión, publicado en la primavera de 2022 en Sekotia (Almuzara), como suele suceder, sin saber que estaba haciéndolo. Es la peculiar forma que tenemos los escritores de acercarnos al papel en blanco. Entre conferencias, pizarras y ordenadores transcurre la vida.

En el curso 2004/2005 emprendí en la Universidad de Alcalá el Doctorado en Historia Moderna que luego culminé en la Universidad de Castilla-La Mancha en el curso 2010/2011. Por el camino, acompañada de mi hermana y amiga Laura, mientras ella realizaba al unísono su Tesis Doctoral sobre el despertar de Toledo en la Edad de Plata de la Cultura española, realicé estancias de investigación en L’École des Hautes Études en Sciences Sociales, de París, y siendo ya doctoras, las dos desarrollamos períodos docentes como profesoras Erasmus Plus en Bulgaria, como profesoras visitantes en Georgia, en Argentina, en Grecia, etc.

Al inicio el objetivo de mi pesquisa era estudiar la incredulidad como causa inquisitorial. Trabajé con los legajos del Archivo Diocesano de Cuenca, del Archivo Histórico Nacional, del Archivo General de Simancas, del Archivo General de Indias y de algunos fondos pretéritos albergados en el Archivo General de la Administración. También con volúmenes de la Biblioteca Nacional de España, de la Bibliothèque Nationale de France, y de la Bibliothèque Fondation Maison des Sciences de l’Homme, de París.

Afirmo que empecé a redactar este libro sin intuir que lo estaba haciendo porque entiendo que el proceso se inicia en el mismo momento en que la escritora se sumerge en el tema de estudio aunque después esa línea avance hacia otros objetivos y, entonces, allá por 2004, el propósito era explorar causas de ateísmo en los expedientes del Santo Oficio. Pero, como si el ámbito de investigación tuviera apéndices que le permitieran desplazarse por el plano, desde la Historia los personajes fueron caminando hacia la Filosofía.

Cogí las maletas y me fui a Harvard, en Estados Unidos, donde realicé las estancias como Associate y Fellow del Real Colegio. Investigué en la Widener Library de Harvard University y recuperé testimonios primarios de personas incomprendidas del siglo XVII que vivieron en Reino Unido, Francia, Italia, Holanda, América, etc.

Estatua de John Harvard, en Harvard UniversityLa universidad de Harvard fue fundada en 1636. Su nombre original era New College (Nuevo Colegio). En 1639 cambió su denominación por la de Harvard College, como agradecimiento a su benefactor John Harvard (1607-1638), un joven clérigo inglés que, en 1637, había emigrado con su esposa a Nueva Inglaterra. Se estableció en la ciudad de Charlestown, que actualmente forma parte de Boston, donde fue nombrado ministro de la Iglesia. A su muerte, a causa de la tuberculosis, donó a la universidad su biblioteca de 400 volúmenes y la mitad de su patrimonio personal, una suma de 779 libras. Hoy su estatua preside los jardines de Harvard Yard, el área de 10 hectáreas que constituye el centro del campus.

En época revolucionaria, tras la independencia de las trece colonias británicas y la fundación de Estados Unidos, empezó a llamarse Harvard University. Este nombre definitivo apareció por primera vez en la Constitución de Massachusetts de 1780.

El primer claustro de la universidad, formado por congregaciones, tenía un carácter eminentemente religioso. Posteriormente, durante el siglo XVIII, el currículo académico y el cuerpo estudiantil se fueron secularizando. En el siglo XIX Harvard ya se había convertido en el establecimiento cultural de las élites de Boston.

En lo relativo a mi investigación histórica, pensé que había llegado al lugar indicado. Entre los anaqueles de la Widener Library buceé en la historia de la ciencia, consulté los recursos sobre los librepensadores en los archivos del Viejo Continente como si el océano fuera un internet sin fronteras. Estudié a los musulmanes de Esmirna que esperaban al Mesías hacia 1666, mientras conversos judíos buscaban en América a los descendientes de las Diez Tribus perdidas, convencidos de que allí estuvo el Edén. Y, así, empecé a componer el libro Historia de las guerras de religión, que en la primavera de 2022 llega a los lectores con un alegato firme en torno a la Paz como lección primordial a enseñar en los colegios.

No es casual que la primera novela moderna en alemán verse sobre el conflicto. Su título es Simplicius Simplicissimus, en alemán, Der abenteuerliche Simplicissimus Teutsch, y en español fue traducida la obra como El aventurero Simplicíssimus. Es una novela picaresca compuesta por Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen en 1668 y publicada en 1669. La obra reconstruye el horror de la Guerra de los Treinta Años y es la obra cumbre del Barroco germánico.

El autor fue raptado con 10 años de edad por la milicia de Hesse. Fue niño-soldado durante la contienda y, al final de su vida, se convirtió al catolicismo. En el siglo XIX este relato contribuyó a afianzar el folklore alemán, como manifestación del espíritu del pueblo, y en las escuelas la didáctica reforzó el patriotismo. Entre el período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, Karl Amadeus Hartmann (1905-1963) diseñaría la ópera antibelicista Simplicius Simplicissimus.

MARÍA LARA MARTÍNEZ

Profesora de Historia Moderna y Antropología de la UDIMA

Primer Premio Nacional de Fin de Carrera en Historia, Gobierno de España

Escritora, Premio Algaba

Académica de la Televisión

Profesora Erasmus Plus en la Universidad de Gotemburgo

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