La universidad se reinventa para mantener la calidad académica: nuevos métodos de formación

Cuando comenzó el año 2020, no podíamos imaginar que uno de los retos con el que nos encontraríamos en el ámbito universitario sería el de mantener la calidad de la enseñanza sin que ningún estudiante se quedara atrás por culpa de la pandemia sobrevenida.

En tan solo unos días las universidades tuvimos que adaptarnos a un modelo educativo a distancia, para el que en la mayoría de los casos, no estábamos preparadas, o nos encontrábamos a medio camino porque teníamos experiencia en formación híbrida. Era, por tanto, necesario adaptar el modelo presencial a un modelo que permitiera a la comunidad educativa continuar, ya que era vital que el motor educativo no parara.

Fue un reto importante para todos. Tuvimos que realizar un gran esfuerzo para ofrecer a los alumnos una experiencia plena y que el modelo educativo de U-tad basado en “aprender haciendo” no se viera resentido por la situación. En nuestro caso, contábamos con experiencia en un modelo de enseñanza híbrida ­­-parte de los alumnos siguen la clase desde el aula y otros desde su casa de forma síncrona, es decir, acceden al aula mediante sistemas de aprendizaje en línea-, y la experiencia adquirida con este modelo nos permitió afrontar con éxito la tarea de pasar en tan solo tres días toda la formación que impartíamos en modelo presencial a un modelo telepresencial síncrono, manteniendo el mismo horario que en la docencia física en las aulas.

Para que este modelo funcione es necesario que los alumnos cuenten con los mismos medios que tienen en la universidad en formato presencial: facilitarles licencias de los programas y el equipamiento tecnológico para poder seguir el curso tal y como lo hubieran hecho de forma presencial. El objetivo era que ningún alumno se quedara atrás. Finalizado el curso lectivo 2019/2020, las universidades sabíamos que el reto aún no había finalizado; teníamos que hacer frente a nuevas necesidades que venían impuestas por las medidas anticovid, donde era necesaria una vuelta segura a las aulas y por tanto, la universidad tenía que volver a reinventarse.

A día de hoy lo ideal sería establecer un modelo de aprendizaje híbrido, con turnos escalonados de entrada para evitar la coincidencia de los alumnos, adecuando los espacios para garantizar la distancia de seguridad, dotando a las aulas de la infraestructura técnica necesaria para la impartición del modelo híbrido y lo más importante, realizando la adaptación necesaria en la metodología de impartición para garantizar la participación de ambos tipos de alumnos, los que siguen la clase desde el aula y los que la siguen desde casa.

Metodologías como Flipped Classroom o aula invertida nos permiten transferir el trabajo de determinados procesos de aprendizaje fuera del aula para luego afianzarlos durante las sesiones presenciales; y otras como Just in Time Teaching (JITT) o aula a tiempo donde ponemos a disposición del estudiante los contenidos educativos para su estudio.

También son muy útiles en este caso los cuestionarios de autoevaluación sobre lo estudiado que reportan la información necesaria al profesor para que pueda adaptar los contenidos de las sesiones presenciales híbridas a las necesidades del grupo. Todo esto junto con el uso de las herramientas de aprendizaje online, y de aprendizaje colaborativo, nos ha permitido demostrar que se pueden adquirir las mismas competencias y alcanzar el mismo porcentaje de satisfacción por parte de los alumnos de ambas modalidades.

Toda crisis lleva implícita una oportunidad y, por ello, las universidades debemos reinventarnos y aprovechar la capacidad de adaptación del estudiantado y el claustro para buscar nuevos modelos educativos.

Pilar López Frutos, Directora de tecnología académica y de desarrollo de negocio online en el Centro Universitario U-tad.

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