Las dimensiones de la formación integral en la Escuela Católica

Formación integral

La formación integral busca desarrollar armónicamente todas y cada una de las dimensiones esenciales de la persona. Cuando hablamos de las “dimensiones esenciales del ser humano”, nos referimos al conjunto de potencialidades fundamentales y esenciales con las cuales se articula su desarrollo integral. Dichas dimensiones son inseparables y sólo pueden distinguirse mentalmente pues se encuentran unificadas en la persona.

En cada una de las dimensiones se dan ciertos procesos que posibilitan su evolución y crecimiento, los cuales no son tangibles y solo son perceptibles y observables a través de algunos signos que los exteriorizan y manifiestan. Estas señales se pueden considerar como indicadores que permiten interferir la presencia y el grado de desarrollo de cada una de las dimensiones. Mediante los diversos indicadores para cada una de las dimensiones, se podrá dar razón del desarrollo humano integral de cada niño y joven, tales como valores, actitudes, competencias, conocimientos, habilidades y destrezas, sentimientos, autoestima y visones de futuro.

Coherentes con la misión educativa pastoral de la escuela católica, la formación integral que propugnamos comprende las siguientes dimensiones:

  • La Dimensión ética: se refiere al actuar del ser humano a partir del uso de su libertad, con autonomía y responsabilidad, que debe regirse por los principios y valores que motivan, sustentan y orientan toda la vida y las opciones concretas de la persona. Para que sea posible la convivencia humana dichos valores deben ser compartidos, respetados y promovidos por todas y todos. Como fundamento de todos ellos está el valor incomparable de la vida en todas sus manifestaciones y, para nosotras/os los seguidores de Jesús, el mandamiento nuevo del amor que compendia toda la moral cristiana.
  • La dimensión espiritual-trascendente: es la capacidad del ser humano de ir siempre más allá de sus circunstancias presentes; la posibilidad, como ser histórico, de crecer, de desarrollarse permanentemente. Es la facultad de abrirse a los demás en alteridad y reciprocidad, pero, sobre todo, es la necesidad de dar sentido y profundidad a la propia existencia, encontrando razones fundamentales para vivir. Es más, desde la conciencia de haber recibido la existencia como don gratuito y amoroso de Dios, el ser humano está llamado a abrirse al absoluto y acoger a Dios mismo, para nosotras/os revelado en Jesucristo, en quien se nos ha manifestado el proyecto salvador de Dios y se nos ha revelado el misterio, la vocación y el sentido último del ser humano. Se trata de comprender la vida en clave religiosa, y más concretamente, en clave de fe.
  • La dimensión intelectual-cognitiva-científica: es el conjunto de potencialidades que tiene el ser humano para conocer la realidad, entenderse e interpretarse a sí mismo, y para investigar y comprender el mundo de la naturaleza y el mundo social y cultural, conocimiento que le permite hacer transformaciones constantes de sí mismo y del entorno. Se refiere también a la capacidad de crear e innovar para responder a las siempre crecientes necesidades y aspiraciones.
  • La dimensión psico-afectiva-sexual: Comprende el conjunto de potencialidades y manifestaciones de la vida psíquica del ser humano que abarca la vivencia de las inclinaciones, las emociones, los sentimientos, la afectividad y la sexualidad y la forma de relacionarse consigo mismo y con los demás, con base en principios y valores auténticamente humanos.
  • La dimensión comunicativa-relacional: la persona humana es un ser en relación y un ser social y comunitario. Por lo mismo, tiene la posibilidad y la necesidad, para vivir, de expresarse y comunicarse, de interactuar a través de múltiples códigos y símbolos: gestual, corporal, verbal, grafico, iconográfico y artístico. Desarrolla para lograrlo múltiples actitudes y mediaciones: la expresión corporal, la escucha, el diálogo, la dialéctica.
  • La dimensión estética: el ser humano tiene la capacidad de expresar lo más profundo de su ser, sentimientos, valores, utopías, contradicciones, y de representar y recrear el mundo a través de múltiples códigos simbólicos artísticos: la pintura, la música, la escultura, el teatro, la danza, la literatura, la arquitectura y el cine.
  • La dimensión ecológica: como ser vivo, parte de un inmenso ser vivo que es el cosmos, dotado de conciencia y libertad, el ser humano tiene la inmensa responsabilidad y el deber de ser el ángel custodio de la creación, amando, respetando, defendiendo y promoviendo la vida y todo aquello que la favorezca y garantice. Cada vez más debe ser consciente de que es el ecónomo y el ecólogo de la creación y de que en cuanto tal, debe tener siempre en el horizonte la posibilidad de un desarrollo humano sostenible del cosmos.
  • La dimensión corporal: antropológicamente la vida es co-extensiva a la corporeidad, a tal punto que todas las demás dimensiones de la persona están en relación con ella. La educación corporeizada debe formar para una corporeidad libre de toda opresión, y solidaria; una educación que contribuya a liberar los cuerpos de la condición mercantil y de exclusión a que han sido sometidos, cuerpos felices y solidarios. Por lo tanto, la persona debe valorar, respetar su corporeidad y la de los demás y desarrollarla armónicamente.
  • La dimensión lúdica: el ser humano está llamado a gozar de la vida y ser feliz y, por tanto, a crear y favorecer todo aquello que le ayuda a sentirse alegre y contento humanamente: la recreación y el deporte, las expresiones artísticas como la música, y la danza, el teatro y el humor, la admiración de la naturaleza, los paseos, las excursiones, y el turismo, las fiestas y los festivales, al mismo tiempo que expresan, también crean las condiciones para la alegría y la felicidad. Obviamente, todo ello, desde una comprensión auténticamente humana.
  • La dimensión socio-política-ciudadana: toda persona, para poderse realizar, necesita vivir en una comunidad y formar parte de la sociedad. Dentro de ella debe llegar a ser un sujeto crítico y un ciudadano consciente, activo y participativo, con miras a la construcción de una sociedad justa equitativa y solidaria, donde quepamos todas/os sin discriminaciones ni exclusiones, con dignidad donde se garanticen y promuevan los derechos fundamentales de cada persona.
  • La dimensión tecnológica-laboral-productiva: Una formación para la vida tiene que incluir necesariamente una educación para el trabajo, no simplemente como el aprendizaje de una manualidad práctica, sino que incluya el componente tecnológico que dé razón y fundamento científico a la labor que se realiza, y que este acompañada de una formación social que promueva la dignidad y la primacía del trabajador sobre las cosas que produce y la función social de la producción con miras a la satisfacción de las necesidades básicas de todos.

Para más información:

PERESSON, Mario Leonardo, 2012, A la escucha del maestro, Bogotá, Colombia, 2012.

Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.

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