Las escritoras y las mascarillas

Aunque la sección “La tiza y la pantalla” está orientada a analizar fenómenos históricos vinculados con la actualidad, muchos de esos procesos nos interpelan poderosamente por la situación de pandemia que estamos viviendo. Las Hermanas Lara intentamos ocultarnos a través de la máscara de la literatura y solo, en ocasiones, dejamos en esta sección aflorar el yo.

Sin embargo, hoy adoptaremos un formato más subjetivo para dar las gracias a la Fundación Siglo Futuro. El motivo es el siguiente. El viernes 23 de octubre vivimos una tarde inolvidable. Recibíamos en el auditorio Buero Vallejo el Premio a los Valores Humanos y Culturales.

Desde el otoño de 2014 han sido muchas las actividades que las Hermanas Lara hemos tenido el placer de desarrollar para esta institución que vela por las artes y las letras. Conferencias, presentaciones de nuestros libros, foros de debate, recitales poéticos, pregones de Navidad en la ciudad y en la provincia, en definitiva, jornadas de confraternización entre las musas, las autoras, los personajes de las obras, los lectores y el público.

Agradecemos a la Fundación Siglo Futuro su preocupación constante por la cultura de Guadalajara y que nos hayan brindado su amistad. Gracias al Ayuntamiento de Guadalajara por congregarnos para recibir este galardón que nos ha llenado de emoción, a las autoridades nacionales, regionales y provinciales, y a los asistentes al evento que, con todas las medidas sanitarias, culminó con la Cumbre Flamenca.

Si hubiera que reconstruir la biografía de Laura y mía desde que, allá por 2004, culminamos la licenciatura en Historia en la Universidad de Alcalá y el doctorado en 2010 en ruta por Europa y América, habría que preguntar a los personajes.

Habría que tocar en la puerta de la posada de Bitinia hacia el año 270 de nuestra era y buscar a la que llegaría a ser la emperatriz Helena y a su hermana Caerelia, y un poco más adelante deberían charlar con el emperador Constantino ahora que, en este clima de revisionismo histórico y juicios anacrónicos, está en duda si mantendrá su estatua en la plaza de York. En gran medida esos seres históricos fueron máscaras detrás de las que escondernos Laura y yo en mis novelas El velo de la promesa y Memorias de Helena. Ahora las escritoras llevamos mascarilla.

Las hermanas Lara recogen el premio

Para seguir la pista a estos lustros también habría que desplazarse a París, a interrogar a Christine de Pizan, protagonista de mi última novela, Sin el estigma de Eva, historia de la que conversamos en Hita el año pasado para esta Fundación en la casa del Arcipreste.
Y habría que pedir razón de lo que hemos hecho en este tiempo a los sefardíes, a los jóvenes del Siglo de Oro, a los liberales de la Guerra de la Independencia y a los combatientes de la batalla de Guadalajara. Estos seres de tinta nos han acompañado durante la composición del Breviario de Historia de España, de Princesas en Jeans, en Guadalajara no es Abisinia, y también de Guerra en la Alcarria, uno de los libros en solitario de Laura. Y de todos ellos hemos tenido ocasión de disertar con los amigos de la Fundación que, además, unos meses después de comunicarnos el Premio, nos otorgó la distinción de nombrarnos Patronas de esta honorable institución con sede en el Campus de la Universidad de Alcalá, en Guadalajara.

A todos estos personajes viene a sumarse el Doncel. Martín Vázquez de Arce incesantemente lee.

Lee en la catedral de Sigüenza y lee en la magnífica escultura que recibimos sobre el escenario y que hemos colocado junto al ordenador en el despacho. El soldado que pereciera en 1486, en los estertores finales de la Guerra de Granada, es conocido universalmente por su monumento fúnebre. Su padre fue secretario personal de la familia de Mendoza. Vivió en la ciudad de Guadalajara, donde Martín se convirtió en paje del primer duque del Infantado. Tuvo una hija, de nombre Ana. Y, aunque pereció con cerca de 25 años, se lo llama “doncel”, si bien el término equivale a adolescente y en su caso era ya más bien joven.

Vivimos horas de prevención ante la segunda ola de coronavirus. Transcurridas las décadas, nuestros descendientes podrán saber que una nueva enfermedad nos sacudió de improviso. Que los centros educativos cerraron sus puertas para que las clases se transmitieran por internet y que, después, en otoño, los donceles y doncellas volvieron al aula pero con gel hidroalcohólico y en grupos burbuja. Que hubo una efervescencia artística de solidaridad…

En el futuro habrá que explicar que, en el último fin de semana del mes de marzo de 2020, los españoles adelantamos el reloj 60 minutos pero sin salir del confinamiento. Y que, en el postrero de octubre, retrasamos las manillas para iniciar al poco un nuevo estado de alarma en el que, si se prolonga hasta mayo, volveremos a cambiar la hora.
Es tiempo de ir interiorizando que las mascarillas llegaron para quedarse algunos meses más. Los ojos poseen una función además de la de ver. Los ojos expresan. Los ojos transmiten paz. Los ojos sonríen. Los ojos dan las gracias. El doncel de Sigüenza, con los ojos de piedra bien abiertos, lee.

Doctoras Laura Lara y María Lara, Profesoras de la UDIMA, Escritoras Premio Algaba y Académicas de la Academia de la Televisión.

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