Las tortugas de Charles

sea turtle in body of water

Si pusiéramos una cámara oculta en los juegos de recreo de los alumnos de Educación Infantil, dos temas que presentarían casi todos los diálogos serían su afición por las mascotas y la profesión que querrían desarrollar de mayores. Quizás alguno de esos niños hubiera escuchado la historia de Darwin.

Y como, con esa temprana edad, podría resultar difícil entender por qué el ser humano desciende de los primates, la pincelada del evolucionismo que se puede ofrecer en las clases de 3, 4 y 5 años puede ser el descubrimiento del medio natural a partir del viaje a las Islas Galápagos.

Sin embargo, no sabemos cuánto tiempo se impartirá esa lección ya que, con el revisionismo histórico, posiblemente Charles Darwin (1809-1882) puede que sea opacado en los libros de texto.

Hasta este mes de septiembre de 2020, el naturalista era puesto como ejemplo de libertad por desafiar prejuicios en honor de la ciencia. Ya, en su tiempo, parte de la sociedad británica lo criticó por defender que «los monos» estaban en la ascendencia del género Homo, aunque a Charles Darwin le dio exactamente igual, continuó investigando y defendiendo lo que creía que era verdad.

Charles era el quinto hijo (el segundo varón) de los 6 que tuvo el matrimonio formado por Robert Waring (médico rural y miembro de la Sociedad Real de Londres) y Susannah (joven orientada hacia las artes plásticas). El abuelo paterno de Charles era el médico y naturalista Erasmus Darwin, quien había publicado en 1794 la obra Zoonomía. Su abuelo materno era Josiah Wedgwood, inventor del gres.

Con 8 años, el 15 de julio de 1817 Charles se quedó sin madre, guardando como único recuerdo de ella la imagen de Susannah amortajada con un vestido de terciopelo negro. Asistió a la escuela diurna en Shrewsbury, donde los maestros lo veían como un niño ingenuo que era lento aprendiendo. Después estuvo interno en otro centro durante 7 años. Con 16, Darwin ingresó en la universidad de Edimburgo para estudiar Medicina, ya que su padre quería que le ayudara en la consulta, si bien fue dejando paulatinamente la carrera para dedicarse al análisis de la zoología marina.

Cuando comunicó a su padre que quería cambiar de carrera, este le dijo que de acuerdo, pero que se matriculara en Teología. No le dio posibilidad alguna de elegir el grado. De este modo, en 1827, la familia Darwin se trasladó a Cambridge. Decisión que Charles no rebatió porque pensó que si se formaba en Teología podría codearse con muchos clérigos ingleses que eran naturalistas. Allí permaneció otros 3 años. Y, después de graduarse en  Cambridge, afirmaría que su estancia había sido la más feliz de su vida. El 26 de abril de 1831, con 22 años, recibió el grado de Bachiller en Artes y se le planteó la posibilidad de zarpar en el HMS Beagle, un bergantín de tres palos, junto con el capitán de la Real Armada Robert Fitzroy.

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El viaje del Beagle duró casi 5 años. Salió de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y arribó a Falmouth el 2 de octubre de 1836. Estuvo en lugares aislados de Europa, en Valparaíso (Chile), Tahití, Nueva Zelanda, Australia y el Cabo de Buena Esperanza.

En las Galápagos (pertenecientes como provincia de Ecuador), Darwin recaló en 1835, alrededor de 5 semanas. La primera misión científica que había visitado el archipiélago había sido la expedición científica de Alejandro Malaspina en 1790.

En el siglo XIX, la comitiva británica observó que los caparazones de las tortugas variaban ligeramente entre unas islas y otras, permitiendo así su identificación. Darwin recogió datos botánicos, zoológicos y geológicos que posteriormente le permitieron cuestionar las teorías sobre la generación de la vida. Tras regresar de su viaje por el mundo, Charles se hizo un hueco entre los científicos más importantes del momento. En 1859 publicaba «El origen de las especies», marcando un antes y un después en la historia de la humanidad.

No obstante, en septiembre de 2020, a raíz del movimiento “Black Lives Matter” (“Las vidas negras valen la pena”), el Museo de Historia Natural de Londres está revisando las exposiciones que considera “ofensivas”, incluidas las vinculadas con Darwin, por considerarlas unidas a conceptos como “imperialismo”, “colonialismo” y “esclavitud”.

Por supuesto que hay que condenar toda forma de racismo y de desigualdad. No puede vivir en sociedad el individuo que no tome el respeto hacia el prójimo como el punto de partida. Pero, ¿por qué las piezas traídas de las Galápagos están en litigio? ¿Qué culpa tienen las tortugas o los primates? Los hallazgos de Darwin permitieron impulsar la ciencia hasta el punto de promover una revolución cultural…

Saltando de una etapa educativa a otra, sería una buena práctica de inicio de curso proponer a los estudiantes de Bachillerato debatir sobre este tema. Todos podemos reflexionar sobre la vigencia de algunas sentencias de Darwin: “Yo no soy apto para seguir ciegamente el ejemplo de otros hombres”; “sin duda, no hay progreso”; “el hombre selecciona para su bien, la naturaleza lo hace para el bien común”; “el escudo es tan importante para vencer como lo son la espada y la lanza”.

 

DRA. MARÍA LARA MARTÍNEZ Y DRA. LAURA LARA MARTÍNEZ

Profesoras de la UDIMA

Escritoras Premio Algaba

Historiadoras de “Todo es mentira” en Cuatro

Redacción
Author: Redacción

Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

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