Limitar el uso del móvil en el aula, esa es la cuestión

uso del móvil en clase

La llegada del primer móvil de uso personal en España está en torno a los 10,96 años, el 90,8% de los adolescentes se conectan todos o casi todos los días y el 98% está registrado en alguna red social. Este es el menú, y el problema a la vez. Frente a ello, el 22 de junio se presentó en el Parlamento Europeo una iniciativa, secundada por decenas de empresas, fundaciones y entidades sociales para acotar el uso de los móviles en las escuelas, que cuenta también con el respaldo de la Fiscalía General del Estado y de la Agencia Española de Protección de Datos.

Todo arranca de la mano de seis entidades de la sociedad civil, la Asociación Europea para la Transición Digital (AETD), Save The Children, Fundación ANAR, iCMedia, Dale Una Vuelta y Unicef, que han unido fuerzas para consensuar una propuesta de Pacto de Estado ante un problema cada vez más acuciante: el impacto negativo que, en determinadas circunstancias, puede tener el uso de Internet y las redes sociales en los menores de edad.

La iniciativa nace de una “honda preocupación” sobre los riesgos que afrontan niños y adolescentes en internet y las redes, al utilizar servicios diseñados para adultos, que pueden afectar a su socialización y potenciar posibles problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, y facilitar situaciones de violencia como el acoso escolar y sexual.

Además, los dispositivos móviles se han convertido en una puerta a contenidos pornográficos, lo que genera una banalización de las relaciones sexuales, sexualización precoz y exposición a contenidos inapropiados. Por último, a los promotores de esta iniciativa les preocupa también seriamente la captación masiva de datos de los menores, con vistas a su perfilado para la venta a terceros con fines publicitarios.

Ante esta situación, decidieron consensuar una serie de medidas que inciden en la necesidad de asumir el problema, formar a los profesionales para afrontarlo, y desarrollar la legislación vigente para que todos los actores implicados asuman su responsabilidad en la necesidad de un entorno digital que no dañe a una población vulnerable, como son los niños y los adolescentes. Se trata de unas propuestas de consenso nacidas de la sociedad civil, con las que trabajar ahora en el ámbito parlamentario.

Las premisas, los pilares sobre los que trabajar en un ideal Pacto de Estado empiezan por “reconocer el problema del uso problemático de internet, redes sociales y pornografía por parte de los niños, niñas y adolescentes, como un problema de salud pública”.

Lo segundo es “adoptar medidas de atención y orientación, y reforzar las ya existentes (por ejemplo, dotando de recursos a Atención Primaria) y establecer nuevas vías de ayuda como son centros de tratamiento de especializados por unidades de adicciones comportamentales”.

En tercer lugar, sostienen la oportunidad de “educar en ciudadanía digital responsable y en educación afectivo sexual a menores, a docentes y a padres y madres”, para, en cuarto lugar, “limitar el acceso a contenidos inadecuados” y proceder al “establecimiento de medidas para limitar el acceso a contenidos inadecuados”, por ejemplo, por medio de la “verificación de la edad, etiquetado inteligente y refuerzo de la capacidad de control de los organismos públicos competentes”.

Diseños de productos y servicios digitales teniendo en cuenta la edad del menor, con avisos sobre los riesgos a los que están expuestos los menores” sería el quinto ‘mandamiento’, en tanto que el sexto la fijación de “algoritmos que respeten los derechos de los menores, su privacidad, que no sean discriminatorios, ni manipulen, ni generen adicción, que sean comprensibles para padres, madres y menores, y que sean certificados por un tercero como ocurre en le industria farmacéutica con los medicamentos”.

El Pacto de Estado se completaría con un llamamiento a la “responsabilidad de todos los agentes implicados, incluida la industria. Es necesario que se responsabilicen de los algoritmos que diseñan, desarrollan o usen, cuando estos provoquen daños a los menores”.

Por último, es deseable, cuando no imperioso, establecer un “marco legal de rendición de cuentas para directivos responsables de las plataformas y redes sociales que incumplan con la obligación de la verificación de la edad y de los productos y servicios digitales que afecten a la salud del menor”.

El debate no es menudo. Si decenas de organizaciones sociales, fundaciones, empresarios e instituciones públicas se han puesto de acuerdo en redactar esta propuesta de Pacto de Estado, siguen siendo divergentes los puntos de vista sobre el uso o no de los móviles en la escuela en manos de los menores. La irrupción de la tecnología en los centros educativos es inevitable y ya ha aterrizado, y no pocas iniciativas docentes, disruptivas e innovadoras, pasan por el uso del móvil o las tabletas. De acuerdo están todos en que hay que educar a los menores en lo digital, no tanto en la prohibición.

Iniciativas contra el móvil en el aula, haylas

La preocupación es tal que las iniciativas para impedir que el móvil entre en la escuela se suceden en los últimos meses. Hace apenas unos días, el consejero de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes del Gobierno de Canarias, Poli Suárez, anunció que elevará al Consejo Escolar de Canarias, máximo órgano de participación y asesoramiento del Ejecutivo Autonómico en materia educativa, una consulta sobre la posible regulación regional del uso de teléfonos móviles y otros dispositivos en los centros educativos del Archipiélago.

“Hasta ahora, de forma no oficial, hemos hablado de la posibilidad de ver cómo se gestiona el uso de los dispositivos móviles en los centros educativos”, expresó Suárez, para quien “es un tema que tenemos que empezar a valorar más formalmente, pero contando con la comunidad educativa y con informes de expertos”.

Poco antes, a principios de noviembre, el Departamento catalán de Educación anunciaba un proceso participativo como paso previo para regular el uso de los móviles en los centros educativos. Se trata de un proceso que conducirá el Consejo Escolar de Cataluña y en que participarán todas las entidades de la comunidad educativa, con sesiones de debate de proximidad a los 12 servicios territoriales y una muestra de unos veinte centros.

Tomaba esta decisión en pleno debate social sobre el uso del móvil entre los adolescentes y sobre la regulación a los entornos escolares. Además, recuerda Educación, es “indispensable” que los centros educativos formen el alumnado en relación con el entorno digital, “que forma y formará parte de su vida, tanto en cuanto a su dimensión social como la utilización como herramienta de aprendizaje, como compilación en cantidad suficiente la regulación curricular”.

La iniciativa que más sorprendía a todos, conocida en octubre, fue esta: El resultado de un referéndum convocado por la dirección del Instituto de Educación Secundaria Reyes Católicos de la localidad aragonesa de Ejea de los Caballeros, en el que votaron los padres de los alumnos, convirtió a este centro en ‘libre de móviles‘ por una mayoría del 67,75% del total de votos.

El pasado 10 de octubre tuvo lugar la votación, en la que participaron 379 padres y madres, lo que representa el 56% del censo total, que asciende a 678. El número de votos emitidos a favor de prohibir los móviles en el centro educativo público fue de 256 (el 67,75%) mientras que los noes, el voto de aquellos que querían que sus hijos pudieran seguir accediendo al instituto con su smartphone, ascendieron a 123 (el 32,45% de los votos emitidos).

El acoso escolar se hace fijo por culpa del móvil

¿Cómo es posible soportar que un solo país sume alrededor de un millón de casos de acoso escolar en solo tres años? Francia atesora esas lamentables cifras que, en no pocas ocasiones, culminan en el suicidio del menor acosado. Es un problema en el país vecino extrapolable a su entorno, incluido España, obviamente.

En el arranque del actual curso, el Ejecutivo Macron resolvía tomar las riendas e impulsar un paquete de medidas entre las que se incluirá el confiscamiento del móvil al menor que acose. Las autoridades educativas del país vecino admiten que, según encuestas del departamento de evaluación, prospectiva y desempeño, el 15% de los estudiantes de secundaria dicen haberse sentido acosados ​​durante un año escolar, uno de cada cinco estudiantes de secundaria ha sido víctima de al menos un acto de ciberviolencia en repetidas ocasiones y el 6,7 % de estudiantes de secundaria reportan ser víctimas de varias formas de violencia repetidamente.

Pero ¿en verdad es tan malo que el móvil entre el aula? La cosa tiene hasta nombre propio: El phubbing (ignorar al interlocutor por mirar el móvil) es un fenómeno globalmente extendido. Un comportamiento casi obsesivo y mecánico provocado, entre otras, por la inmediatez y facilidad de interacción con las notificaciones del smartphone. Yeslam Al-Saggaf, investigador visitante de la Universidad de Navarra, sugiere que el fenómeno del phubbing es un síntoma de “adicción al móvil”, que puede afectar negativamente a la socialización de los estudiantes más jóvenes.

En clase hay que estar a lo que hay que estar

Un trabajo de investigación entre jóvenes españoles y portugueses sobre el uso del móvil refleja que un autocontrol deficiente en el uso del móvil conlleva experiencias como las de dejar de hacer planes por culpa del móvil, tener problemas de concentración en clase o en el trabajo, pasarlo mal al no llevar consigo el móvil, comprobar constantemente el dispositivo para no perderse conversaciones o que otros se quejen de que usamos demasiado el móvil.

Así se desprende del trabajo llevado a cabo por Gonzalo Fernández-Duval y Javier García-Manglano, del Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra; Charo Sádaba, Facultad de Comunicación e Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra, y Tiago Lapa y Gustavo Cardoso, Centro de Investigación y Estudios de Sociología, Instituto Universitario de Lisboa, recogido por El Observatorio Social de la Fundación laCaixa.

El titular es esclarecedor: Los jóvenes que usan el móvil poco o principalmente para tareas organizativas presentan mayor capacidad de control. Los escapistas y los hiperconectados, en cambio, presentan dificultades de autocontrol en el uso del móvil. Luego sí, el móvil distrae en clase.

En 2017, la revista Applied Cognitive Psychology publicó las conclusiones de un experimento que dividió a varios estudiantes en cuatro clases: una en la que se permitía el uso del móvil, otra en la que se permitía pero no se utilizaba, una tercera en la que se retiraban los móviles y una cuarta en la que no se daba ninguna directriz. Los resultados del experimento demostraron que los estudiantes que mejor respondieron al test posterior fueron, con diferencia, aquellos a los que se les había confiscado el teléfono.

Más madera. Un estudio del eLearning Innovation Center (eLinC) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en colaboración con Accenture, permite trazar una panorámica sobre las tendencias principales en el consumo de contenidos digitales por parte de jóvenes y adolescentes. Los resultados apuntan a que un 70 % de las personas entre 14 y 35 años tienen el teléfono móvil como principal herramienta para la lectura de contenidos digitales.

Además, el informe también señala que el formato digital hace que este colectivo sea más propenso a las divagaciones mentales, en comparación con el papel, que permite concentrarse mejor. El informe El futuro del consumo de contenidos digitales, disponible en abierto en el repositorio de la UOC, remarca que, en un entorno de información sobreabundante, solo las organizaciones capaces de captar la atención de los usuarios podrán prosperar.

Y no es de extrañar: de acuerdo con los datos recogidos en el informe, en quince años la capacidad de atención de los humanos ha bajado de los 12 a los 8,2 segundos. Además, herramientas como el teléfono móvil, que consultamos más de 150 veces al día, aún ponen más a prueba la capacidad de concentración.

La UNESCO se suma a esta realidad. “Los teléfonos inteligentes en las escuelas también han demostrado ser una distracción del aprendizaje y, sin embargo, menos de una cuarta parte de los países prohíben su uso en las escuelas”. Es el lamento del último informe mundial de la UNESCO sobre la tecnología en la educación, que pone de relieve “que se carece de gobernanza y reglamentación adecuadas”, asegura.

Así, aunque en ningún momento habla de exigir su prohibición, sí “se insta a los países a que establezcan sus propias condiciones para el diseño y el uso de la tecnología en la educación, de modo que nunca sustituya a la enseñanza presencial y dirigida por docentes, y apoye el objetivo compartido de una educación de calidad para todos”.

¿Móvil sí en clase, o no?

¿Hay acuerdo entre los expertos sobre si el móvil es esa garrapata dañina que alela a los menores? Unanimidad, desde luego que no. Celia Rodríguez Ruiz, psicopedagoga de la editorial Rubio, señala que es importante reconocer que la adicción al móvil no se limita exclusivamente a adultos o adolescentes. De hecho, esta problemática comienza desde edades tempranas, con niños que son expuestos cada vez más pronto a dispositivos electrónicos. Estos dispositivos atraen a los pequeños con su interactividad, entretenimiento y estímulos que ofrecen a través de aplicaciones y juegos, recuerda.

Por su parte, la gurú sobre redes sociales María Lázaro explicaba en una entrevista a ÉXITO EDUCATIVO por qué no está de acuerdo en prohibir que el móvil entre en el aula por decreto: “Yo propongo una reflexión ¿qué sucede si excluimos los teléfonos móviles en los colegios y no apoyamos, también desde los colegios, que se haga un uso positivo y responsable del teléfono móvil y dejamos que los niños asocien que el móvil es un dispositivo para ocio, porque no puede tener ningún uso educativo? ¿Se puede usar el móvil con uso educativo dentro el aula? ¿Podemos usarlo en determinados momentos y decir que solo se utiliza para determinadas actividades pedagógicas, que pueden estar incluso enmarcadas en el currículo escolar?”

Las respuestas a sus propias preguntas empezaban por contestar la esencial, la del uso del móvil en clase, aun con limitaciones: “Yo creo que sí, pero como siempre, igual que en nuestra casa ponemos unas normas para el uso del móvil, en nuestra casa tiene que haber unas normas, y no en todas las etapas educativas. Es necesario introducir el móvil en los colegios del mismo modo que no a todas las edades es necesario o recomendable dar un teléfono móvil”.

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