Llegó Mafalda

Estatua de Mafalda en Argentina
Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires / CC BY 2.5 AR (https://creativecommons.org/licenses/by/2.5/ar/deed.en)

Teníamos 4 años. Una tarde en el parvulario Laura y yo coloreábamos fichas, y trazábamos letras en una minúscula hoja de libreta que nos daban como muestra para hacer los deberes. La letra F era la más difícil de hacer a juicio de María pero, siguiendo la pauta de puntos que nos indicaban para cada vocal y consonante, salía.

A Laura le encantaban los números y en el recreo jugaba ella sola a ser la profesora de una película de vaqueros del Oeste.

Nunca entendimos por qué la maestra no nos daba una página de cuaderno grande.

Tampoco por qué el día en que preguntó por palabras que empezaran por C hizo retractarse a María, que había dicho Colónen memoria del descubridor de América, y le exigió que alegara que era por el detergente. Desde el ángulo de la clase Laura movía su sacapuntas rosa y decía con la mirada: «a esa marca le han puesto el nombre por el personaje que dice mi hermana».

¡Qué importante es la vocación!, en el magisterio, en la medicina, y en cualquier grado u oficio. Hemos tenido muy buenos profesores pero aquella docente era un ejemplo de manual de desmotivación, cosa que aún nos sigue interpelando porque, por la edad, ella estaba al final de su carrera.

Y, en ese tira y afloja, entre saber y disimular para que no se enfadara la maestra, en una de las clases de la escuela infantil apareció Mafalda.

Desde una campaña cuyo objetivo no logramos recordar, nos llevaron a los pupitres unos libros donde Mafalda daba consejos sobre el medio ambiente. El volumen era en blanco y negro. Empezamos a leer las recomendaciones de aquella niña argentina que entonces era mayor que nosotras, y al instante la adoptamos como amiga. Aquel cuaderno dejó de ser bicolor para ser multi, porque con rotuladores fluorescentes en nuestro domicilio fuimos dando tonalidades a Mafalda.

En 2020, en Argentina en octubre siguen en el confinamiento establecido a mediados de marzo. Y el 30 de septiembre, fallecía, a causa de un accidente cerebrovascular, en su Mendoza natal, el humorista gráfico Quino. Un día antes se habían cumplido 56 años de la aparición de la tira de Mafalda.

La chica que hizo célebre la frase “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” se había sumado a la lucha contra el virus ya que, en mayo, Quino, como otros ilustradores, cedieron a sus personajes para difundir hábitos saludables. Las viñetas fueron publicadas el 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa.

En el señorío de Molina existió una Mafalda, Mafalda González de LaraVivió en el siglo XIII y se casó con el infante Alfonso de Molina, hijo de Alfonso IX de León.

En los primeros cursos, de 3 a 5 años de edad, había compañeros que «se metían« con nosotras por no tener primos hermanos.

A pesar de estas 2 circunstancias un tanto amargas (la de Colón y la de no tener más parientes de nuestra edad), nuestra escolarización, como alumnas que estaban deseosas de aprender, estuvo llena de situaciones amables.

Las Hermanas Lara seguimos sin tener primos hermanos, la única diferencia es que ya nos gusta la sopa. Y, en el compás de los siglos, estas dos Mafaldas nos valen de primas.

DRA. MARÍA LARA MARTÍNEZ Y DRA. LAURA LARA MARTÍNEZ

Profesoras de la UDIMA

Escritoras Premio Algaba

Historiadoras de “Todo es mentira” en Cuatro

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