Lo que el futuro les depara II: El triunfo de la perseverancia

Lo que el futuro les depara (II): perseverancia

La perseverancia, que hay quien la considera una soft skill, es una cualidad esencial, no solo en el mundo de la empresa, sino más importante aún en el plano personal. Que uno luche denodadamente por conseguir las metas que se ha fijado, y además lo haga con sentido, es normalmente sinónimo de éxito. Más aun en esta sociedad complaciente y de lo inmediato que nos ha tocado vivir. No digo yo, vaya por delante, que lo que nos tocó vivir a nuestra generación, boomers nos llaman, haya sido muy diferente, ya que afortunadamente ya somos “hijos del desarrollismo y del bienestar”, pero si que creo que se ha ido introduciendo y acrecentando su efecto, probablemente por la irrupción radical de la tecnología asociada al juego, un sentir en el que la persistencia, el esfuerzo, se ha diluido como valor esencial. Digo que puede tener que ver con aspectos concernientes con cuestiones tan banales relacionadas con la tecnología del ocio, como el videojuego, ya que en el momento en los que uno configura su personalidad, es muy diferente que uno pueda “resetear” una partida y empezar de nuevo si el resultado no le convence, que tener que mantenerse hasta el final defendiendo tu posición. ¿Se acuerdan del Risk y de esas partidas interminables? Por no hablar del Monopoly, el parchís, e incluso el ajedrez. En fin, son muchos los ejemplos y diferencias sustanciales de actitud frente al juego que se me vienen a la cabeza, que forzosamente han de influir en la personalidad y en especial en lo que se refiere a la perseverancia; pero en todo caso no he hecho un estudio “sesudo” sobre ello y no quiero comentar sobre presupuestos sin fundamento, pero échenle una pensada y verán como no es difícil llegar a las mismas conclusiones.

La cuestión es que parece que la perseverancia está cayendo en desuso, y sin embargo, muchos estudios señalan esta condición como un determinante de éxito o fracaso vital, incluso por delante de la propia inteligencia. Otros no. En esto se ve que “pasa como en botica”, que hay de todo. En todo caso, si como dicen que “el río suena porque agua lleva”, vamos a otorgar que puede que un puntito de razón tengan quienes sostienen que es un factor determinante. Lógicamente si a la perseverancia le acompaña la inteligencia, pues mejor que mejor. De la misma forma que si lo que le acompaña es la estulticia, pues mejor no ser perseverante. En esto estoy de acuerdo con mi abuela cuando decía que “no hay nada peor que topar con un tonto pertinaz”. En la vida y en la empresa, apostillo yo. Porque si en la empresa te toca uno de esos, “pues apaga y vámonos”. Tienes el fracaso asegurado. Échenle también una pensada y verán como les salen ejemplos. En cualquier caso, maravíllense ustedes con nuestra lengua, la persistencia es un concepto positivo y racional, frente a la contumacia, que es el ejercicio de la insistencia en algo de forma irracional. Claro, no estaba yo entonces en condiciones de replicar a mi abuela, ni por conocimiento del lenguaje, ni por autoridad. Entonces se llevaba mucho el “caponazo de corrección” sin que fuera delito, y no era cuestión de ser contumaz en esas cosas, porque dolían.

Creo que no me equivoco en el análisis introspectivo si digo que a mí me ha ayudado mucho más el ser persistente y luchar por mis objetivos personales y vitales. Uno es producto de lo que ha vivido, ya lo decía Ortega con otras palabras, “Él era él y sus circunstancias”, e inevitablemente eso marca tu forma de vivir la vida y afrontar tus problemas. Es lícito, incluso sano, equivocarse si uno es capaz de aprender de ese error. De la misma forma que hay quienes tienen una capacidad innata o trabajada, de errar menos. Pero en todo caso creo que hay factores que determinan, y  más que lo harán en el futuro, la diferencia entre los diferentes individuos.

En este sentido la escuela tiene mucho que ofrecer y trabajar. En un modelo educativo cada vez más procedimental y competencial, parece que no tienen cabida algunos aspectos como el sentido del esfuerzo, el rigor intelectual o la dedicación. Pero desde mi punto de vista, nada más lejos de la realidad. Son de esos “mantras” que se utilizan torticeramente por quienes bocean alegatos sesgados contra este modelo. Les aseguro, desde la experiencia, que no son incompatibles los aspectos antes señalados con propuestas metodológicas y educativas más competenciales. En muchos casos, son más bien lo contrario.

Decía que el éxito profesional y personal en el futuro va a tener que ver mucho con el trabajo de esa cualidad: la perseverancia. De nuevo, como señalaba en mi artículo anterior, el hecho de que vaya a ser una carencia casi colectiva, hará realidad aquello de que “en el país de los ciegos, el tuerto será rey” -perdón por la metáfora, que puede parecer tan poco afortunada y políticamente correcta, ahora que incluso la mayoría de jóvenes ingleses se declara contrario a su reciente monarquía-. Trabajarla, desde situaciones que incluso nos parezcan poco relevantes, como el juego antes mencionado, van a ser determinantes para su futuro. No lo olviden.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Base Educación

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