Lo que el sector EdTech puede aprender de la industria farmacéutica

En nuestros últimos artículos hemos presentado la Educación Basada en Evidencias (Por una educación informada en las evidencias científicas) y hemos explicado por qué La tecnología educativa necesita fundamentación científica y validación. Hoy daremos un paso más, para adentrarnos en lo que, quizá, pueda ser el futuro de la tecnología educativa, siguiendo la estela de la industria farmacéutica.

La industria farmacéutica ha experimentado una inmensa transformación en las últimas décadas. Ahora nos parece probablemente algo casi medieval, pero no hace tanto tiempo en las boticas se preparaban las fórmulas magistrales como recetas de cocina para administrar remedios a los pacientes, a petición de los galenos.

Hoy en día lo que nos encontramos en las farmacias es una gran colección de productos cuya eficacia ha sido ampliamente probada. Resulta impresionante fijarse en la enorme cantidad de fármacos existentes en el mercado, y en todas sus aplicaciones.

Mejora vital continua

Es algo que realmente ha mejorado nuestra vida, y lo ha hecho con un salto cualitativo. Solamente hay que pensar en el hecho de cuántas veces hemos tomado antibióticos en nuestra vida. ¿Recuerda alguna ocasión? Pues sepa que si hubiera vivido no ya hace siglos, sino incluso hace solamente unas cuantas décadas, probablemente usted hubiera fallecido en esa ocasión que ahora tiene en mente. Realmente da vértigo caer en la cuenta de ello.

La esperanza de vida ha aumentado muchísimo en las últimas décadas. Y lo sigue haciendo poco a poco. Y esto es un triunfo de la ciencia que no hace falta explicar mucho. Vivimos el doble de años que nuestros bisabuelos. Y esto es un mundo totalmente nuevo que disfrutamos.

Pero no solamente es que vivamos más, es que también vivimos mejor. ¿Se imagina lo que sería una migraña, o un dolor de espalda crónico, antes de los analgésicos? Por no hablar de cualquier pequeñísima cirujía, obviamente. El dolor. Seguramente no hay nada peor en la vida, y somos capaces de combatirlo, por suerte.

Además, este es un proceso de mejora continua. Los laboratorios producen fármacos que curan dolencias, o ayudan al tratamiento de las enfermedades, encontrando remedios nuevos permanentemente. Es cierto que hay enfermedades que no tienen cura, pero incluso en esos casos se busca convertirlas en crónicas, para permitirnos seguir con nuestra vida. Y cuando hay una cura, siempre se fuerza un margen de mejora: una inyección cada semana en vez de cuatro al día, etc.

Todo esto es posible gracias a que hay un conjunto de instituciones públicas y privadas que colaboran a nivel mundial: las grandes empresas farmacéuticas trabajan con los hospitales y sus médicos en investigación y validación de fármacos y tratamientos, los gobiernos corroboran los avances y los aprueban, financian los productos por su utilidad, y finalmente los pacientes se benefician de todo.

¿Y en educación?

En educación estamos aún muy lejos de alcanzar una cooperación de ese tipo. De hecho, el movimiento de informar la práctica pedagógica en los conocimientos de la ciencia del aprendizaje no solamente es muy reciente, sino que además todavía es minoritario. Si modestamente con estos artículos contribuimos a difundirlo nos daremos por satisfechos. Pero nuestro ánimo tiene mayor alcance.

¿Se imaginan un sector de la tecnología educativa donde se obtengan patentes y se publiquen resultados de impacto de la aplicación de determinados productos o soluciones para la mejora del aprendizaje de tal o cual área del conocimiento o competencia en tal o cual nivel educativo?

En la actualidad, los congresos de «innovación educativa» son demasiadas veces una especie de circo esperpéntico, donde tienen cabida las opiniones y ocurrencias de magos, cocineros, humoristas, presentadores de televisión, deportistas, etc. En el mejor de los casos intervienen economistas o sociólogos que han estudiado la educación desde sus campos de especialidad.

Lo más parecido a lo que buscamos quizá podría darse en las ponencias que muchas veces presentan algunos docentes, que hablan de su experiencia particular con sus estudiantes. Muchos defienden la bondad de estas «mejores prácticas» y tienen razón al hacerlo, porque al menos es un pequeño paso (muy pequeño) en la buena línea.

Pero incluso los congresos donde docentes exponen su caso particular suelen parecerse todavía a una reunión de druidas medievales que comparten cómo las infusiones de determinada planta parece que sirven para aliviar el estómago o para aumentar la fertilidad, etc.

¿Cómo podríamos construir en educación lo que se ha logrado en medicina?

Cuestión de liderazgo

No estamos hablando de algo irrealizable. Estamos ante algo que puede hacerse y, por tanto, debe hacerse. Y para ello, solamente hay que ir avanzando e ir dando pasos en la dirección adecuada.

El coronavirus ha supuesto una lección formidable sobre cómo funciona este sistema de colaboración y cooperación internacional entre instituciones públicas y privadas.

Realmente podemos maravillarnos sobre cómo a los pocos días de que en China se estudiara y se publicaran determinadas informaciones sobre el comportamiento del virus, en un par de laboratorios de Europa y Estados Unidos ya se había preparado una vacuna basada en el ARN. Eran vacunas con una sólida fundamentación científica. Y lo que había que hacer era validarlas, en una carrera contra el reloj.

Pero es que ese movimiento se repitió en un montón de grupos de investigación de todos los continentes, y se han creado vacunas en Asia, América o Europa. Y se están utilizando ya en todos los países del mundo. Realmente es increíble.

Para conseguir ese gran hito, el liderazgo lo han tomado las grandes empresas farmacéuticas. Es cierto que posteriormente deben trabajar con los hospitales y los médicos para hacer los ensayos clínicos, y con las agencias de medicamentos de los distintos países, para obtener las aprobaciones pertinentes. Todo el sistema debe estar bien engranado y engrasado. Pero es la industria la que da el primer paso.

Esto ha sido así en el caso del coronavirus como ejemplo máximo del funcionamiento del sistema, pero en realidad es lo que sucede de manera consistente en el campo de la salud. Con el coronavirus lo hemos visto en cámara rápida y en directo.

Pues en educación también la industria es la que debe liderar. ¿Cómo hacerlo? Sobre eso seguiremos indagando en próximas entregas. ¡No se lo pierdan!

Julián Alberto Martín

Julián Martín
Author: Julián Martín

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