Los docentes, confiables para el 61% de la población española

Los principales profesionales de la educación, los docentes, son confiables para el 61% de la población española, porcentaje que se reduce al 52% de media a nivel mundial, el último Global Trustworthiness Index 2023, de Ipsos, con lo que ha querido conocer más de cerca qué confianza les genera a la población ciertos profesionales con quienes tienen que lidiar en su día a día.

Una vez más a nivel mundial, los médicos son los que más confianza transmiten a la población. De media, un 58% así lo afirma, manteniendo el mismo porcentaje que el año pasado, pero bajando 6 puntos desde 2021 y el fin de la pandemia.

De la misma forma, se podría decir que también los científicos tienen un nivel similar de confianza a los ojos de la ciudadanía, ya que un 57% afirma que confía en ese tipo de profesionales, manteniendo también la misma cifra que en 2022. En tercera posición se quedaría, con un 52% de media, el personal docente. 

En España existe una fotografía muy parecida, pero con ligeras variaciones. Respecto al año pasado, los médicos pierden el primer puesto, bajando dos puntos, y quedándose en segunda posición con un 68% de personas que afirman confiar en estos profesionales. No obstante, junto con los Países Bajos, a nivel europeo, la gente de España es quien más confía en el trabajo que realizan.

La primera posición en este 2023 se la arrebatan los científicos, que lideran la clasificación de confianza con un 71%, un punto más que el año pasado. Una cifra que sitúa a España como el país europeo con mayor percepción de confianza hacia este perfil profesional. Por otro lado, en tercer lugar, se queda el personal docente con un 61%.

España, entre los países del mundo que menos confían en sus políticos

La confianza es una de las bases más sólidas sobre la que se cimentan las relaciones sociales y profesionales, además de ser un indicador muy fiable de la buena o mala salud de la que gozan las conexiones entre las personas. Como conclusión general, podría decirse que tanto los niveles de confianza como de desconfianza en diferentes sectores profesionales se mantienen estables desde 2019, y es que los niveles de desconfianza que algunas profesiones arrastran ya tendrían poco margen de crecimiento.

Ese es el caso de la política, un sector que siempre ha sido muy poco fiable en la gran mayoría de países del mundo. De media, el 60% de la ciudadanía mundial afirma no confiar en las personas que forman parte de la política, siendo los profesionales que más desconfianza producen.

En segundo lugar, los ministros y gabinetes de los distintos gobiernos también son vistos con cautela a la hora de confiar en ellos. De media, un 53% de la población mundial señala que no confía en las personas que forman parte de su gobierno. Por otra parte, las personas que trabajan en publicidad cierran el top 3 de profesiones menos confiables a nivel global, puesto que un 43% de media indica que no confía en los profesionales de esa industria.

Por su lado, en España se registran algunas variaciones respecto a la media mundial, no en el primer y el segundo puesto, donde la clase política sigue liderando la desconfianza, con un 72%, y ministros y ministras con un 62%. Esta cifra convierte a España en uno de los países del mundo que menos se fía de sus políticos y políticas, y el cuarto de Europa por detrás de Polonia (75%), Rumanía (74%) y Hungría (73%).

En el tercer puesto, se halla la gente que forma parte de órdenes religiosas, donde un 61% declara que no son de fiar, siendo éste el segundo porcentaje más alto de Europa tras Polonia (63%). Con el mismo dato (61%), la ciudadanía española cree que los profesionales que trabajan en la banca no generan confianza, una cifra que en esta ocasión sitúa a España como el país del mundo que más desconfianza tiene en este sector.

Según José Pablo Ferrándiz, director de Opinión Pública y Estudios Políticos de Ipsos de la solidez institucional deviene la fortaleza democrática. Siempre es esperable —incluso podría llegar a pensarse que, en ocasiones, es positivo— que exista cierta desconfianza ciudadana en sus instituciones: sería el reflejo de una ciudadanía informada, crítica y exigente. De hecho, esta desconfianza está más presente en democracias maduras y consolidadas que en otras menos afianzadas o que, incluso, en países con sistemas políticos autocráticos”.

No obstante, agrega, “el sistema democrático de un país puede verse erosionado si sus ciudadanos desconfían sistemáticamente de la mayoría de sus instituciones porque de la certeza que estas deberían generar se puede pasar a la incertidumbre y de ahí a la inestabilidad. No es, por tanto, irrelevante para el funcionamiento de una sociedad que los principales grupos e instituciones sociales que la vertebran inspiren a la ciudadanía un mayor o menor grado de confianza (y, por tanto, de credibilidad y respetabilidad)”.

En este sentido, el índice Global sobre confianza Institucional que publica Ipsos muestra, para el caso de España, una cronificación de la desconfianza en la política en general y en el gobierno en particular. El país lleva años instalado en este recelo permanente hacia estas instituciones con independencia del color político del partido en el Gobierno. Es un efecto más de la elevada y creciente polarización política que caracteriza a las democracias liberales en los últimos tiempos y que se acentúa más en los momentos de crisis. Y ahora estamos en una policrisis aguda: económica, política y social.

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