Los españoles adultos con solo estudios de Primaria caen en 20 años del 62 al 36%

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Una mayor educación de los ciudadanos tiene varios efectos positivos en la sociedad, ya que la educación es un motor fundamental para el desarrollo social y económico. Pero también tiene que ver con una mejor salud personal, lo que no todo el mundo conoce.

En este sentido, los datos de la última edición, de 2023, del Sistema Estatal de Indicadores de la Educación (SEIE) ofrecen un panorama muy revelador sobre el estado de la cuestión en España, al confirmar que de aquella España de la posguerra donde las tasas de alfabetización entre las personas adultas campaban a sus anchas se ha pasado a porcentajes apenas perceptibles a día de hoy, con menos del 2% de ciudadanos que aún no saben leer ni escribir.

El último dato analizado en este contexto es el que pone de relieve que los españoles adultos con solo estudios de Primaria cayeron en dos décadas, hasta 2022, del 62 al 36%, lo que quiere decir que una mayoría de la población española presenta formación superior a la que podríamos entender como la mínima, la educación primaria.

Los datos evidencian lo mejor

En 2022, el 64,2 % de la población de 25 a 64 años había finalizado al menos estudios de segunda etapa de Educación Secundaria, incrementándose hasta el 73,5 % en el tramo de edad de 25 a 34 años.

Entre la población de 25 a 64 años, en cuanto al máximo nivel de estudios alcanzado, el 35,8 % tenía estudios inferiores a la segunda etapa de Educación Secundaria, el 23,1 % estudios de segunda etapa de Secundaria y el 41,1 % completó la Educación Superior.

El nivel de formación se incrementa así al considerar el grupo de 25 a 34 años, reduciéndose al 26,5 % el porcentaje con estudios inferiores a la segunda etapa de Secundaria, con el 22,9 % de las personas con nivel de segunda etapa de Secundaria y aumentando al 50,5 % las que poseen Educación Superior.

Por regiones

Las comunidades autónomas con los mayores porcentajes de personas con al menos estudios de segunda etapa de Secundaria, en ambos grupos de edad, son País Vasco (77,8 % y 85,6 %, respectivamente), Comunidad de Madrid (75,8 % y 81,9 %), Principado de Asturias (68,2 % y 79,5 %) y Comunidad Foral de Navarra (72,2 % y 79,3 %).

En relación al nivel de formación por sexo, el porcentaje de mujeres con al menos estudios de segunda etapa de Secundaria es mayor que el de hombres (67,4 % frente a 60,9 % para la población de 25 a 64 años), siendo las diferencias más acusadas en el tramo de 25 a 34 años (78,7 % frente a 68,3 %) y especialmente en el nivel de Educación Superior, donde el porcentaje de mujeres supera al de hombres en 12,9 puntos porcentuales.

Si se analiza la evolución desde el año 2000 hasta 2022, se observa un gran cambio en el nivel educativo de la población de 25 a 64 años. La proporción de personas con estudios inferiores a la segunda etapa de Secundaria se ha reducido en 25,7 puntos porcentuales (del 61,5 % al 35,8 %), lo que ha supuesto un incremento de 7,3 puntos del porcentaje de personas con estudios de segunda etapa de Secundaria (del 15,8 % al 23,1 %) y de 18,4 para la Educación Superior (del 22,7 % al 41,1 %). En los últimos cinco años el porcentaje de población adulta con estudios inferiores a la segunda etapa de Secundaria disminuyó, -5,1 puntos, aumentando la población con estudios superiores, +4,8 puntos.

En los países de la Unión Europea en 2022, el 79,5 % de la población entre 25 y 64 años poseía nivel de formación de segunda etapa de Secundaria o superior. España se encuentra 15,3 puntos por debajo de dicha media, aunque ha de considerarse su evolución y que, para la población de mayor edad, de 55 a 64 años, la distancia es de 19,3 puntos.

Consecuencias positivas de una mayor educación

Los expertos empiezan por el motor, el desarrollo económico. La educación proporciona a las personas habilidades y conocimientos que son valiosos en el mercado laboral. Los trabajadores con mayor educación tienden a ganar salarios más altos y tienen más oportunidades de empleo, lo que, a su vez, impulsa el crecimiento económico de una sociedad.

Resultado directo de ello es que la educación puede ayudar a romper el ciclo de la pobreza. Las personas con niveles más altos de educación tienen menos probabilidades de vivir en la pobreza y son más capaces de acceder a empleos de mejor calidad.

Y sí, mejor salud. La educación está relacionada con mejores hábitos de salud. Las personas con mayor educación tienden a tomar decisiones más informadas sobre su salud y tienen más acceso a información y recursos de atención médica.

De igual modo, los ciudadanos con mayor educación a menudo participan más activamente en la vida cívica y política de una sociedad. Son más propensos a votar, a estar informados sobre los problemas sociales y a involucrarse en actividades cívicas.

Y un dato no menor ni de menor importancia: a mayor educación menos criminalidad, pues está probado que la educación puede ser un factor de disuasión contra la delincuencia. Las personas con mayor educación suelen tener menos probabilidades de cometer delitos y, a menudo, son menos propensas a ser víctimas de la delincuencia.

Otros aspectos que hacen una sociedad mejor con mayor educación es que sus miembros se muestran más tolerantes ante lo diverso. La educación fomenta la comprensión de la diversidad y promueve la tolerancia hacia diferentes culturas, religiones y grupos étnicos. Esto contribuye a una sociedad más inclusiva y menos propensa a conflictos interculturales.

Las sociedades con una población educada también son más propensas a la innovación y al avance tecnológico, ya que está probado que la educación fomenta la creatividad y la capacidad de resolver problemas, lo que impulsa el progreso científico y tecnológico, y, en general, la educación mejora la calidad de vida de las personas. Les permite tomar decisiones más informadas sobre su futuro, acceder a mejores empleos y disfrutar de una mayor calidad de vida en términos de vivienda, salud y bienestar.

Por último, en tiempos como los que vive España en que la política se ha polarizado como no se conocía desde el fin de la dictadura, una población educada tiende a estar más unida y cohesionada, ya que comparte valores y objetivos comunes. Esto puede fortalecer la estabilidad social y reducir la polarización.

 

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