Los espejos del callejón del Gato

Andábamos allá por las postrimerías del S.XIX cuando D. Ramón (Del Valle-Inclán, claro) tuvo a bien utilizar para ilustrar el esperpento, una diversión de la que muchos madrileños disfrutaban y que consistía en pasear por el callejón del Gato y exhibirse ante unos espejos cóncavos y convexos que allí se habían instalado. El fin no era otro que ver sus cuerpos deformados y reírse unos de otros por esa distorsión. En todo caso, D. Ramón, reflejó esta idea en su maravillosa “Luces de Bohemia” (¡qué afortunado me siento de haberla visto representada por José María Rodero, hace ya muchos años, en el papel del viejo Max Estrella!). Para muchos, esta es la obra que da inicio al subgénero ya citado del esperpento.

En estos momentos en los que uno ejerce de mero espectador de la realidad, se me ha venido esta idea a la cabeza y la he relacionado con las actuaciones que ha seguido el Ministerio de Educación y alguna Comunidad Autónoma, en lo que se refiere a las dudas, la improvisación y a toda la sucesión de los cambios y “recambios” de opinión respecto de las instrucciones iniciales respecto de reinicio de la actividad educativa y empresarial durante, y tras, el periodo de confinamiento. Un esperpento en toda regla.

Permítanme tratar de ilustrar con algunos ejemplos, algunas de esas prácticas que hemos sufrido estoicamente los ciudadanos, con el consiguiente desgaste e impacto económico que nos ha supuesto.

Empecemos por los ERTE. En algunos casos, por ejemplo, para sectores como el de las guarderías o las academias, vitales para su pervivencia; en otros, como instrumentos fundamentales para asegurar la viabilidad económica de muchos colegios e incluso universidades o centros de posgrado. Pues bien, en virtud del Decreto de Alarma decretado por el gobierno, y como una medida de impacto económico y social cuyo objetivo era salvar a empresas y evitar la destrucción de empleo, se acordó la posibilidad de acogerse a ese decreto de alarma para poder afectar a esos trabajadores a ERTE por fuerza mayor, lo que arrastraba unas condiciones concretas respecto de la exención total de cotizaciones sociales durante el periodo de vigencia de este. Semanas después, la Sra. Yolanda Díaz, cambió las condiciones iniciales, penalizando a las empresas que desafectaran parcialmente a sus trabajadores de ese ERTE. ¿Qué pasó?, pues que muchas de ellas, incluidos muchos centros educativos, no procedieron a reiniciar la actividad dejando a la totalidad de sus trabajadores en el ERTE y, por tanto, corriendo con su coste completo la Seguridad Social. ¡Brillante! Semanas después, hubieron de desdecirse y matizar el cambio de las reglas del juego que ellos habían establecido, pero el daño ya estaba hecho. Ya pocos se atrevieron a tomar decisiones de desafectar trabajadores, “no fuera a ser que…”.

¿Son conscientes de que la inseguridad jurídica es un factor clave en la estabilidad de trabajadores y empresas? Parecer ser que no.

Segundo ejemplo vivido en estos días. Como no podía ser de otra manera, la Sra. Celaá, se ha sumado gustosa al carro de los despropósitos y desaciertos constantes. No voy a ahondar mucho en cuestiones de todos sabidas, pero ya el colmo del esperpento es mantener que la última “burbuja de relación” entre alumnos va a ser de 25. Después de haber pasado por 6, 15 y 20 alumnos. O sea, que va a ser un grupo de clase “de los de toda la vida”. ¿Pretenderán que llamemos desde ahora a los grupos de alumnos burbujas? Como sigan así, incluso aceptarán el aumento de ratio a 30 alumnos o el agrupamiento de alumnos de diferentes “burbujas” en base a quien sabe qué criterios. Y todo ello, ni más ni menos, porque legislan sin pensar en si van a ser capaces, ellos mismos, de cumplir lo legislado. Hasta que alguien les hace ver que no. Y esos son sus motivos, no otros.

Vamos a finalizar este artículo señalando el baile de fechas previstas para el inicio en junio y julio de la actividad de 0-3 y el espectáculo de indecisión que han dado algunas comunidades autónomas, al punto de que el viernes 19 de junio todavía no se sabía si el lunes 22 iban a poder abrir de nuevo sus puertas (finalmente no), con lo que ello supuso de extraordinaria incertidumbre para todas las familias, trabajadores y empresarios del sector, que asistieron, perplejos, ante tanta vacilación.

En fin, lo único que cabe esperar es que no nos convirtamos en esos madrileños que iban a reírse de ellos mismos, y del esperpento, al callejón del Gato. Que no seamos pusilánimes ante este despropósito permanente y que seamos capaces de analizarlo y manifestar nuestro más profundo descontento y malestar.

Mientras termino de escribir este artículo, miro al cielo y adivino dibujada en la luna lo que podría ser la sonrisa de un gato malicioso: ¿el gato de Cheshire?
De eso me ocuparé en el artículo de la próxima semana.

#pactoporlaeducacionYA!

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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