Lourdes Jiménez, o el juego como aprendizaje para la vida

Lourdes Jiménez es, de formación, pero sobre todo, por vocación, maestra de Primaria. Enseñar es de esas cosas que uno reconoce en sí mismo de pequeño, bien porque un profesor o profesora que tuvimos nos despertó esa vocación con su bien hacer, bien porque los genes intervienen, si es que la ciencia puede llegar a probar tal cosa. Probablemente, en el caso de Lourdes sean ambas cosas las que confluyan y la hayan convertido en ‘enseñante’, pero también en divulgadora de lo que aprende cada día. Esta mujer, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, logró en su día el Premio Jaén Joven 2018, y alcanzó la segunda posición como mejor docente en Educación Primaria 2018 de Educa ABANCA. El año pasado ganó el evento y, a día de hoy, es la mejor docente de España. También logró la distinción de Bandera Andalucía 2019 por su innovación educativa. Su última iniciativa, ‘Aprendizaje para la vida’ (Plataforma Editorial), una obra que nos adentra, una vez más, y puede que desde una perspectiva distinta y apasionante, en el mundo de la educación.

¿En qué consiste el que llama ‘método de aprendizaje para la vida’?

El colegio no puede mostrar una dicotomía entre la teoría y la práctica; el aprendizaje debe contemplar esas dos partes, inseparables, necesarias para que se genere una asimilación real y significativa de los contenidos transmitidos. En el aprendizaje para la vida no solo se pretende reconciliar la dimensión cognitiva con la dimensión ética de la persona, sino que además se persigue la inclusión de todas las capacidades por medio de tareas prácticas, variadas en su realización y explicación, en las que el alumnado tenga la sensación de que solo está jugando. Es decir, el juego tiene un papel fundamental como camuflaje de los contenidos. Por otro lado, en los momentos en los que se realizan tareas más mecánicas, se utilizan retos y/o preguntas abiertas que permitan soluciones variadas en respuesta, contenido y extensión, evitando igualar al alumnado a la baja. Lo más importante en el aprendizaje para la vida es, sin duda, el planteamiento de tareas que permiten aplicar de forma práctica los contenidos aprendidos de manera teórica y en situaciones de la vida real. Así, en este caso, se requiere no solo de prácticas del alumnado al contexto próximo, sino del contexto próximo al alumnado, invitando a toda la comunidad educativa a participar del aprendizaje.

Este libro es una reflexión para todos los agentes implicados en la educación: docentes, familias y sociedad en general. A veces creemos que la escuela es algo que se encuentra en la periferia de la sociedad y, ciertamente, la escuela es la sociedad y la sociedad debe ser la escuela, esa escuela de la vida que también se preocupa por educar porque la educación es compromiso y responsabilidad de todos y todas.

¿Cree que, en España, con carácter general, se enseña del mismo modo al conjunto de los alumnos?

Cada vez se intenta individualizar más la enseñanza en el sentido de adaptarse a las necesidades y capacidades de cada alumno y de plantear variadas formas de explicar, evaluar y plantear tareas y proyectos, pero es cierto que, en muchas ocasiones, motivado en parte por las excesivas ratios, se reduce la enseñanza a la explicación única, a la evaluación única y a la tarea mecánica, asociada normalmente y únicamente al coeficiente intelectual y a la memorización.

En cualquier caso, tendrá que haber un diseño curricular común ¿o el aprendizaje del que habla es otra cosa, trasciende el universo de las  asignaturas?

Evidentemente la ley educativa está ahí y hay que mirar el currículo educativo a la hora de planificar y programar, pero este tipo de aprendizaje requiere de una programación globalizada, interdisciplinar y transversal, donde se enseñe de forma competencial, vinculando contenidos de diferentes materias y conectando los valores y las emociones con los contenidos. Por lo tanto, implica romper con la rigidez del libro de texto de las editoriales y con el horario distribuido por asignaturas. Esto es fácil de abordar si se plantea la enseñanza por talleres y dentro de cada taller se diseñan actividades multidisciplinares.

¿No hay riesgo de que sin una base troncal común la educación se  anarquice, se disperse?

Yo creo que los aprendizajes no se pueden aislar, no hay nada puramente de una asignatura que no tenga relación con otra. Está bien que tengamos claro los objetivos que debemos cumplir en relación a cada área, pero si trabajásemos por talleres la enseñanza tendría mucho más sentido para nuestro alumnado, al menos en la etapa de educación primaria.

Hay quien piensa que la memorización no es tan mal método para aprender, 
que siempre queda algo ¿Usted qué opina?

La memorización es importante, no podemos negar que es necesario memorizar ciertos contenidos o fórmulas. No se trata de desechar todo lo de la escuela tradicional, sino de coger lo bueno de ella y lo bueno que nos pueden aportar otras metodologías y, evidentemente, en cada contexto, en cada colegio, en cada realidad educativa aplicaremos unos u otros porque en la escuela no hay recetas y cada grupo de alumnos es diferente al resto. La memorización es necesaria, pero el error es exigir que se memorice algo sin asegurarnos de que previamente se ha comprendido y se ha entendido. Por otro lado, hay cosas que no se pueden reducir a la memoria. Imagínate que un alumno es incapaz de memorizarse las tablas, a pesar de intentarlo continuamente, pero resulta que ese mismo alumno es muy bueno en la resolución de problemas. ¿Podríamos prestarle las tablas para resolverlos?

Háblenos de cómo cree usted que deben incorporarse las nuevas  tecnologías o la gamificación al modelo educativo ideal.

El juego es el estado natural del niño y la niña, un derecho de la infancia. Ya lo dijo Piaget “El niño y la niña no juegan para aprender, pero cuando juegan aprenden”. Las nuevas tecnologías están aquí, forman parte de la sociedad actual. Por lo tanto, no podemos mirar para otro lado. El juego y la competencia digital deben estar en el aula. Planteando tareas finales de unidades basadas en el juego, proyectos basados en la gamificación, introduciendo juegos de mesa en el aula, usando plataformas, recursos digitales y diversas aplicaciones a la hora de buscar información, trabajar en equipo, etc. Proyectos como la radio o tele escolar favorecen el uso de las nuevas tecnologías. A la hora de programar debemos tener en cuenta las tareas jugadas y la utilización de las nuevas tecnologías, en la medida en la que se pueda. También es cierto que a los centros les falta mucha inversión en recursos educativos y tecnológicos y eso es un hándicap para muchos docentes. Por otro lado, no solo basta con tener vocación y pasión por transformar la escuela, hace falta formación por parte de los docentes.

En su libro habla también del aprendizaje del servicio ¿a qué se refiere?

El aprendizaje servicio (ApS) es una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado donde los participantes aprenden a trabajar en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo.

Desde el colegio podemos promover aprendizajes servicio como, por ejemplo, la creación de una ecopanda (o patrulla ecológica), podemos plantear proyectos solidarios para recaudar fondos para la lucha contra enfermedades infantiles, la pobreza o el hambre, visitas a hospitales y residencias de ancianos o enseñar a leer a personas mayores que no tuvieron la oportunidad de ir al colegio.

¿Es aplicable también una formación diversa en función de las  capacidades, procedencia o cultura del alumnado?

Por supuesto, por eso el hecho de trabajar de este modo nos va a permitir evaluar de tantos modos como diversidad de tareas planteamos. Como he dicho antes, los elementos curriculares están ahí y hay que conseguirlos, pero el cómo llegar a ellos es un reto para cada docente que tendrá que tener en cuenta las capacidades y las circunstancias de su realidad educativa, de su alumnado y de sus familias. Si nuestro alumnado debe estar escolarizado durante, al menos, trece años de su vida, enseñemos para la vida no solo para la universidad. Eduquemos para que aprendan a convivir con lo diferente, para que respeten las opiniones distintas a las suyas, para que sepan aplicar los contenidos en su vida diaria, para que se expresen adecuadamente, para que sepan echar un currículum, interpretar una factura o redactar un email.

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