Magela Demarco: “Los equipos directivos, de apoyo y orientación son fundamentales en el aprendizaje de una educación para la igualdad”

Magela Demarco con su hijo

Magela Demarco es periodista y escritora y acaba de publicar, junto a Caru Grossi, en la Editorial Bellaterra, el libro «Sola en el bosque«, una obra que aborda, de forma metafórica –y no tanto–, la temática del abuso sexual infantil y la violencia familiar.

Ambas autoras padecieron esta lacra, en su infancia en el caso de Caru, y en el de su preadolescencia Magela. Los datos estadísticos no reflejan la realidad, en donde muchas más niñas y niños son víctimas de abuso. Para hacer el libro, las autoras fueron asesoradas por psicólogos del Servicio de Salud mental del Hospital Materno Infantil San Roque de Entre Ríos (Argentina), en donde lamentablemente suelen llegar muchos casos.

En ÉXITO EDUCATIVO, por medio de una entrevista que nos ha concedido Magela Demarco, nos adentramos en este gran problema.

¿Cuáles pueden ser algunos indicios de que un niño o una niña puede estar siendo abusado o abusada?

Un especialista puede ofrecer respuestas más precisas a estas cuestiones tan complejas. Pero, sí puedo señalar que si una niña –o un niño– tiene comportamientos regresivos, si comienza a tener una conducta muy retraída, si aparece la depresión; si empieza a tener miedos repentinos a la oscuridad, a quedarse con determinada persona sola en la casa; si aumentan las pesadillas y tiene problemas para dormir; si le agarran estallidos de angustia o ansiedad; si aparecen fobias que antes no tenían; si hacen dibujos con órganos o de tinte sexual; si comienzan a tener comportamientos más sexuales que no están acordes a su edad; si se toca de forma compulsiva o habla con términos que hacen referencia a prácticas sexuales, si le quieren enseñar a alguna amiguita o amiguito juegos que siguen esta línea. Todo cambio de comportamiento en esta dirección, no acorde a la edad, puede llegar a ser un indicio de que está siendo abusado.

Con respecto a indicios físicos pueden hasta presentar lesiones genitales, tener dolor, hinchazón o picazón en la zona genital, pueden aparecer enfermedades de transmisión sexual, dificultad para caminar o sentarse, hasta un embarazo no deseado si la niña ya menstruó. Pero lo que se suele dar con mayor frecuencia son los cambios en el comportamiento de las y los niños. Por eso, muchas veces son las escuelas y los consultorios médicos los ámbitos donde salen a la luz estos abusos. Tod@s l@s ciudadan@ somos responsables de las niñas y niños, no solo de nuestros hijos e hijas. Porque son indefensos. Los adultos tenemos herramientas para poder defendernos. Ellas y ellos no y debemos cuidarlos. El abuso sexual infantil sigue siendo un tema tabú porque la mayoría de las veces se da en el ámbito familiar, puertas adentro. En general, los abusadores son familiares o personas cercanas, de sexo masculino. Entonces, es más fácil taparlo, esconderlo, callarlo, hacerse el distraído o distraída, ocultarlo.

¿Qué cuenta y cómo en su libro sobre esta cuestión?

En “Sola en el bosque”, busqué hacer alusión a la figura del lobo que está presente en los cuentos clásicos. En la literatura el lobo personifica la figura de alguien peligroso, embaucador y traicionero: «Caperucita roja», «Los tres chanchitos», «El pastorcito mentiroso», «El lobo y los siete cabritos». El lobo siempre es sinónimo de peligro. Te persigue con sus garras, con sus dientes filosos. Te puede lastimar y hasta te puede llegar a devorar. Sin embargo, la diferencia que quise remarcar en “Sola en el bosque”, es que en este caso este lobo no está afuera de la casa, está adentro del propio hogar de la niña y, por eso, es la misma casa la que se convierte en un bosque. La nena no toma ningún camino «peligroso», el peligro lo corre estando en la propia casa con ese hombre-lobo que se disfraza de otra cosa. De ahí que el comienzo del cuento sea: «Cuando todos se van a trabajar, la casa se transforma en un bosque oscuro y peligroso. Y el lobo…está».

¿A quién va destinado, sobre todo, ‘Sola en el bosque’?

Para mí los libros infantiles no tienen un límite de edad para ser leídos. Mi biblioteca, por ejemplo, está llena de “cuentos infantiles” que compré para mí, además de todos los libros que le compro a Tobías, mi hijo. Porque según la edad, el recorrido lector, las vivencias y experiencias que hayamos tenido y las cosas con las que resonamos, cada persona hace su propia lectura e interpretación. Los libros tienen distintas capas, como los suelos. El libro lo pensamos para las niñas y los niños, pero también para las madres, los padres y las personas adultas encargadas de cuidarlos y resguardar su integridad. Por eso el libro tiene una guía de lectura y de trabajo que también estuvo chequeada por las mismas psicólogas y psicólogos que nos asesoraron con la historia. Y lo ideal es que lo lean acompañados de una persona adulta, mamá, papá, maestra o persona a cargo para que pueda orientarlos e ir evacuando sus dudas, inquietudes o preguntas que les vayan surgiendo. En el caso de una nena o un nene que lo lea –o se lo lean– esté pasando por alguna situación de abuso, le va a servir para poder verse reflejada o reflejado en esa historia y tal vez, animarse a contárselo en alguien en quien confíe. Y si quien lo lee es una niña o un niño que no pasó por esta situación, le va a servir como herramienta de prevención. Porque además en la guía de lectura se encuentran algunos conceptos importantes para transmitirles a las niñas y niños, como el cuidado de sus partes íntimas; que el amor hace bien, que si algo no les hace bien o los hace sentir mal, eso no es amor; que aprendan a respetar lo que sienten, y si sienten que algo no les gusta o no quieren hacer algo, que no lo hagan. Que puedan decir: “NO”. El tema de los secretos: los secretos que se pueden guardar y los que no.

Tanto para hacer el libro como la guía de lectura, fuimos asesoradas por profesionales del Servicio de Salud Mental del Hospital Materno Infantil San Roque, de Paraná, Entre Ríos, Argentina, la Licenciada en psicología Luciana Andrés y el Licenciado Emanuel Nesa, Jefe del Servicio de Salud Mental de dicho hospital, son quienes me fueron guiando en el uso de algunas palabras y personajes de la historia.

 

Se puede decir que Argentina es un país pionero en el abordaje de esta lacra social.

Gracias a la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) que fue sancionada en Argentina, durante el gobierno de Cristina Kirchner, en el año 2006, todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información al respecto, tanto en los establecimientos públicos como privados, es decir, en todos los jardines, colegios primarios y secundarios del país. Eso es muy bueno. Cuando yo era niña no se solía hablar de estas cosas. Al menos mis padres no lo hacían conmigo. Y en la escuela, menos que menos. Hoy en cambio, yo hablo mucho con Tobi sobre estas cuestiones. Él sabe la razón por la que hice el libro, lo que me pasó a mí de chica, transmitido y explicado acorde a su edad, obviamente.

¿Qué papel puede desempeñar un centro educativo contra esta lacra?

Las escuelas son fundamentales, porque es donde los niños y las niñas pasan muchas horas del día. Y muchas veces son las maestras las que detectan algún cambio de conducta repentino en l@s chic@s, alguna marca en el cuerpo, conductas sexuales no acordes a su edad o dibujos de genitales, en fin, indicios que pueden estar manifestando que esa niña o a ese niño está padeciendo algún tipo de abuso o violencia. De hecho, si las maestras advierten algo de esto, tienen que informarles a las y los directivos de la escuela. Como agentes de la educación, a nivel legal y ético, l@s docentes están obligados a actuar. El maltrato infantil puede desarrollarse en ámbitos privados o públicos, pero siempre es una cuestión de interés público. Cualquier vulneración de los derechos de un niño, una niña o un adolescente, ocurra en el ámbito público o privado, es un asunto de interés público. Y l@s docentes no pueden actuar en soledad. Son los equipos directivos y los equipos de apoyo y orientación los que deben ofrecer el respaldo y la contención para las intervenciones.

El rol de las escuelas es fundamental en el aprendizaje de una educación para la igualdad; en enseñarles a percibir sus emociones, a respetarse a sí mism@s, a valorarse, a conocer sus partes íntimas y aprender a poner límites, en poder decir No, en ayudarl@s a poner en palabras sus sentimientos, a poder hablar de aquellos temas que todavía son tabú y no se habla.

¿Qué tipo de consecuencias psicológicas presenta sobre sus víctimas haber sido agredidas de este modo?

Haber sufrido abuso sexual es algo que te atraviesa la vida y te lleva años de terapia y de trabajo con una misma/o poder reponerte. Incluso, hay mujeres que no pueden soportar esos recuerdos que nunca se van, esos olores, esas imágenes que vuelven una y otra vez y llegan hasta el suicidio.

Tengo amigas que pasaron por estas situaciones que todavía tienen ataques de pánico, que llegaban hasta desmayarse en la calle. Conozco historias muy terribles de padrastros que abusaron de ellas por años, con violencia incluida. Es muy difícil hacer borrón y cuenta nueva. No se puede, lo que se puede es comenzar a hablar, a sacarlo afuera, a trabajar en terapia. Buscar la salud y buscar sobreponerse de la forma que una pueda: haciendo talleres de autosanación, autoconocimiento, rezar, hacer afirmaciones, lo que cada una y cada uno sienta que le sirve. Ustedes en España tienen a Enric Corbera, alguien a quien yo admiro y sigo sus conferencias, sus charlas, porque me son de mucha utilidad. Resueno mucho con todo lo que él dice.

sola en el bosque

Con motivo de la celebración del Día del Libro 2021, la Consejería de Igualdad de Castilla-La Mancha, a través del Centro de la Mujer, hizo entrega de dos cuentos con contenido educativo igualitario a todos los centros escolares de Educación Primaria que participan en el proyecto coeducativo «La Igualdad en mi Escuela». Uno de ellos es «Un papá con delantal» (Editorial Bellaterra), recomendado a partir de los seis años, cuya autora también es Magela Demarco.

Aquí entramos en otro ámbito que, aunque distinto, suele reflejarse de modo indirecto en la problemática anteriormente comentada ¿Por qué cuesta tanto entender el concepto de igualdad de género, de que hombres y mujeres son iguales?

Cuesta porque fuimos criadas y criados en sociedades patriarcales y androcéntricas. Entonces, durante mucho tiempo estas desigualdades no se veían, estaban naturalizadas y, por lo tanto, invisibilizadas. De hecho, yo fui tomando conciencia de estas cuestiones con el tiempo. De adolescente tuve que ayudar con las tareas del hogar por obligación, porque me habían enseñado que era la hija mujer y por eso tenía que hacerlo –a diferencia de mi hermano menor y varón–. Cuando conviví en pareja lo mismo y, más tarde, cuando fui mamá, también era yo la que absorbía todos los cuidados de mi hijo. Y esto no tiene que ser así. Porque además, por estas divisiones de roles arcaicas y vetustas, algunos padres se pierden muchas de las cosas más lindas que uno puede experimentar en la vida. Muchos se pierden el hermoso momento de cantarles canciones de cuna a sus hij@s para hacerlos dormir, de leerles un cuento, de peinarlos, enseñarles a lavarse los dientes, incluso cambiar sus pañales. Son momentos únicos, de una comunicación profunda y amorosa. Leerle un cuento y ver dormir a mi hijo que hoy ya tiene nueve años, me sigue emocionando como el primer día. Es una pena que muchos padres se pierdan estas cosas.

Y también, invito a las madres a que prestemos más atención al momento de criar y formar a nuestras hijas e hijos. Porque como fuimos criadas en una cultura machista, muchas veces somos nosotras mismas las que reproducimos, sin ser conscientes, estas desigualdades. Por eso, en el libro, la pequeña protagonista se pregunta por qué su mamá se comporta de manera diferente con ella que con su hermano, a quien no le pide que la ayude en nada, porque ‘todavía es chiquito“. Por eso es importante estar atentas y atentos, porque además, no puede haber buenas y sanas relaciones entre las personas y entre las parejas si estas no son equilibradas y equitativas.

‘Un papá con delantal’ aborda este contexto a partir del reparto de las tareas doméstica entre ambos géneros. Cabe pensar que la escuela es determinante en formar adecuadamente en esta dirección, ¿verdad?

Claro. Cuando yo voy a dar talleres a los colegios con el libro y a conversar sobre estos temas, les suelo hacer a las y los pequeños estas simples preguntas:

En sus casas, ¿quién hace las compras? ¿Quién cocina? ¿Quién lava los platos? ¿Quién cambia las bombitas de luz? ¿Quién saca a hacer sus necesidades al perro? ¿Quién friega los pisos? ¿Quién cuelga los cuadros? ¿Quién lava la ropa? ¿Quién va a las reuniones del colegio? ¿Quién compra los materiales que piden para la escuela? ¿Quién les ayuda a hacer la tarea? ¿Quién los lleva al médico? ¿Quién les lava los dientes y les corta las uñas a l@s más pequeñ@s de la casa? No creo que haga falta que les diga cuáles son las respuestas que dan la mayoría de l@s chic@s. Por las dudas, si hay alguno o alguna que todavía está dudando, les comento que la palabra que más nombran, por lejos, es “mamá”. A partir de ahí, empezamos a hablar sobre igualdad, sobre las profesiones, oficios y hasta los colores, que los colores no tienen dueño, son de todas y todos y para tod@s.

Usted suele visitar centros educativos donde traslada su mensaje ¿qué percibe entre los jóvenes? ¿les preocupan estos temas? ¿son conscientes de la igualdad de género?

Me pone muy feliz ver que en la mayoría de los colegios adonde voy, las niñas y los niños vienen con otra apertura mental. Ellas y ellos entienden que no hay juegos para nenes y juegos para nenas, que tod@s pueden jugar a lo que les plazca. Que cada un@ puede vestirse del color que quiera. Todavía falta trabajar el tema de la división equitativa de las tareas del hogar, donde las madres siguen ocupándose y abarcando la mayoría de las tareas de limpieza, cuidado y acompañamiento.

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