Mar Romera (Asociación Francesco Tonucci): “La clave es confiar en el colegio, lleva a tus hijos allí donde confíes”

Mar Romera

La primavera es un momento trascendente en el calendario de muchas familias. Es el momento de elegir colegio por primera vez o de plantearse un cambio de centro. Una decisión muy importante, y que es difícil de tomar para muchos. Mar Romera, presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci, con 30 años de experiencia docente y más de una decena de publicaciones dedicadas al mundo de la educación y la infancia, ha asesorado a numerosas familias sobre esta cuestión crucial para la formación de sus hijos. Acaba de participar en Micole Talks, una actividad del portal web de colegios Micole, con la colaboración de Inspired Education Group. En ella, Mar Romera y otros expertos han conversado con responsables de algunos centros docentes para resaltar los temas sobre los que se preguntan habitualmente mamás y papás a la hora de escoger un centro educativo y dar respuesta a sus inquietudes.

Y más o menos es eso lo que hemos hecho en nuestra conversación con ella. Ponernos en el lugar de los padres y hacer preguntas que ayuden a familias y colegios, a resolver dudas sobre un tema tan importante.

¿Los padres tú dirías que saben, que sabemos buscar colegio para nuestros hijos?

No, pero lo digo bajito. ¿Por qué digo no? Porque nos dejamos influir por muchísimas variables que hay a nuestro alrededor y que habitualmente son ruido. Pero si en vez de haberme preguntado si papás y mamás sabemos elegir centro educativo para nuestros hijos, me preguntas si sabemos elegir escuela de fútbol, te contestaría también que no; y si sabemos elegir su dieta, te contestaría también que no.

Al final nuestros hijos son quizá lo que más queremos, o por los que más daríamos, o por los que más apostaríamos de todo lo que nos sucede a lo largo de nuestra vida. Queremos hacerlo tan bien, que en ocasiones elegir es complicado. Porque a veces elegir lo correcto no es elegir lo fácil, porque a veces lo fácil no es lo justo, porque a veces lo justo no es lo adecuado o lo placentero.

Con lo cual, al final, la respuesta a si sabemos elegir centro no es ni sí, ni no. La respuesta sería depende; depende del contexto, depende del formato.

Si tú vives en una población en la que solo hay un colegio y el colegio es público, pues fíjate qué fácil. ¿Cuándo se plantea el problema? Cuando tenemos diferentes opciones. Que por otra parte ojalá, y este sería mi ideal, no hubiese que elegir centro. Ojalá todos los centros educativos fuesen garantía de ser el mejor cole para tu hijo y tu hija. Y ojalá el único criterio que tuviésemos a la hora de elegir centro fuera la cercanía a casa para que pudiesen ir andando. Porque todos y cada uno de los centros, sobre todo en una escolarización obligatoria, tienen la obligación de ser los mejores.

¿Qué deben tener en cuenta las familias a la hora de elegir colegio, qué aspectos fundamentales tiene que haber en la elección de los padres?

Para mí es súper importante la coherencia entre la escala de valores que se recoja en el proyecto educativo del centro, y la escala de valores que tiene la familia. Porque si no, entramos en contradicción y hacemos daño a los niños. No voy a entrar en cuáles serían los valores ideales, porque esto sería subjetivo. Hay muchos coles diferentes, con escalas de valores diferentes, con proyectos educativos diferentes… Lo ideal es que sean acordes con los de tu familia a la hora de elegir.

Por otra parte, deberíamos elegir pensando en los niños y las niñas y no pensando en las debilidades y en las expectativas de la familia, de los adultos, de las madres y los padres.

Por tu experiencia, ¿crees que los padres se dejan deslumbrar muchas veces por las instalaciones cuando se debería dar mucha más importancia a que hubiera buenos docentes?

Para mí el dato más importante, el recurso prioritario de cualquier centro, es la profesionalidad a la vez que la generosidad y la bondad de sus maestros. Como decía Francesco Tonucci, no necesitamos buenas leyes, necesitamos buenos maestros. Porque al final eso es lo que lo cambia todo.

Y eso está asociado a lo que he comentado antes de la escala de valores, es decir, ¿qué priorizamos en este centro -y lo voy a exagerar mucho- la humanidad y el vínculo con los chicos, para intentar encontrar en cada uno de ellos y ellas su mejor versión, para darle la oportunidad de crecer con su mejor versión, o buscamos un plurilingüismo excelente que es lo que se valida en PISA? ¿Es que todos los chicos y todas las chicas van a ser cirujanos o astronautas de la NASA? ¿O cada uno debería tener la oportunidad de encontrar su pintor, su música, su buena persona? Porque al final la vida termina en el mismo sitio para todos. Esto, normalmente, está reflejado en la escala de valores que recogen los proyectos educativos.

Una cosa que sin duda hacemos todos los padres es guiarnos por lo que nos cuentan otros, amigos, familiares… ¿Es una guía de la que nos podemos fiar?

Si tú y yo somos familia y yo te cuento que a mi hija le ha ido súper bien en este cole y tú tienes posibilidad de llevar a tu hija a ese cole, si tú confías en mí, vas a confiar en el cole. Y la relación de éxito entre la familia y la escuela es precisamente una relación de confianza, hay que confiar. Tú dejas en manos de otras personas lo que tú más quieres y hay que confiar. Plantándonos, además, en una relación de comunicación afectiva en la que no somos enemigos, sino que ambos, cole y familia, queremos lo mismo. Debemos querer lo mismo.

Si lo que yo quiero es que formen a mi hijo en una escuela de alto rendimiento deportivo, pues les estoy pidiendo que lo sacrifiquen – cosa con la que no estoy de acuerdo -, pero es que lo que les estoy pidiendo. Lo que no le puedo pedir es que lo conviertan en el mejor tenista del mundo y lo hagan dejándole ver la tele siete horas al día. Eso es imposible. Por tanto, es coherencia, coherencia con tus valores y coherencia con lo que hay alrededor. Evidentemente hablar de idiomas, hablar de metodologías que ponen en el centro a los chicos, desarrollando el pensamiento crítico, la creatividad, la improvisación, el emprendimiento y el aprendizaje del fracaso, es una necesidad del siglo XXI, esto no es discutible, dentro de lo que cada familia quiere para sus hijos.

¿Cómo se puede ayudar a las familias a tomar esta decisión?

Yo les diría que es súper importante visitar el centro. Sé que el COVID nos ha puesto un problema muy grave en esto. pero hay que visitar el centro para que cuando lo estén visitando no se dejen impresionar por los programas o las instalaciones, sino por lo que sienten cuando están en él. Es como cuando tú vas a una casa de invitado, y te has sentido bien. Aunque la cena sea súper humilde, te has sentido bien. Y has llegado a una casa donde, a lo mejor, la cena es mucho más impresionante, pero no te has sentido bien, no te has sentido en casa.

La clave es confiar en el cole, lleva a tus hijos allí donde confíes y además entiende que jugamos en el mismo equipo: centros educativos, colegios y familias jugamos en el mismo equipo. No somos enemigos.

La escuela está para compensar lo que no se da de manera natural y la vida de nuestros hijos es su vida, no es la nuestra. Yo no puedo proyectar sobre ellos mis expectativas frustradas, y como nunca aprendí a tocar el piano, querer que mis hijas toquen el piano. Es no tienen ningún sentido. Hace falta respeto, amor incondicional y comunicación

¿Cuándo y por qué habría que cambiar a los niños de un colegio?

Primero de todo tenemos que poner la necesidad de los niños en el centro y no la del currículum. Evidentemente nos hemos podido confundir en la elección y que no encajemos en esa cultura. Aquí hay un elemento fundamental que siempre lo tenemos que tener en cuenta y es que una de las grandes fortalezas que le ofrece un centro educativo a un niño es un contexto social, un contexto de iguales, un contexto de pandilla, un contexto de comunidad. Y claro cambiar la comunidad, cambiar los vínculos, cambiar los referentes, los colegas, no siempre es positivo.

Entonces ¿con qué criterio lo hacemos? Pues si lo tenemos que hacer porque nos cambiamos de ciudad por trabajo, pues lo tenemos claro. Pero hay que priorizar que les estamos cambiando de comunidad primaria. A veces la necesidad es precisamente cambiarlo de comunidad primaria porque se hayan establecido relaciones tóxicas y entonces por supuesto que es bueno hacerlo. Pero no porque sea el capricho de que en el colegio de dos calles más allá hay alemán y en el mío no.

No tenemos manera de garantizar una educación correcta, curricularmente hablando, para el siglo 21. Lo único que tenemos que entrenar en nuestros hijos es su adaptabilidad al cambio, es decir, que sean fuertes emocionalmente hablando para adaptarse a todo lo que les ha tocado vivir. Y en esto, los dos últimos años de nuestra vida han sido un ejemplo brutal. No hay que cambiarlos de cole por capricho, y sobre todo hay que tener en cuenta lo que ellos y ellas opinan.

¿Se equivocan quienes piensan que, al fin y al cabo, no importa tanto un colegio u otro?

Si el niño vive la experiencia en plenitud, no importa. Si el niño vive la experiencia en sufrimiento, sí importa. Para mí el criterio no es tanto la estructura del currículum del cole como la situación de confianza y plenitud del niño. No de placer, no estoy hablando de placer. Estoy hablando de felicidad en su palabra integra. Eso sí lo modifica y evidentemente hay que estar ojo avizor todo el tiempo, porque que nuestros niños no pueden sufrir acoso, no pueden sentirse presionados, no pueden entrar en depresión.

¿Qué último criterio añadirías?

Para mí sería fundamental -es un criterio básico que no es controlable en las grandes ciudades-, que los niños y las niñas, desde muy pequeñitos, pudiesen ir solos y andando al cole, o como mucho en bicicleta. Este sería un criterio brutal, que sé que no es posible en muchos casos.

Lo de ir solos no es un capricho, es porque esa red de comunidad social, que los hace fuertes, se establece desde muy pequeñito. Las familias no abandonamos el principio de sobreprotección porque estamos coaccionados por el miedo: por el miedo a «no están bien preparados», por el miedo a “van solos”, por el miedo al peligro de la calle… Y todo eso está castrando sus posibilidades de desarrollo y de autonomía.

Si ese criterio no es posible, el siguiente criterio es que la familia sienta confianza en dónde deja a sus hijos. Porque cuando estás en confianza, si tú confías, ellos y ellas también confían. Sabiendo que el centro tiene que ser un lugar de puertas abiertas donde sepamos realmente qué está sucediendo dentro. Lo que no significa influir, determinar o accionar al profesorado pensando que las familias somos profesionales de la educación. No, no, los profesionales están en los coles, pero, evidentemente, tenemos que generar una comunicación muy fluida y muy afectiva para poder generar confianza y admiración.

Como dice Francisco Mora, sólo se aprende aquello que se ama, y en un lugar donde tengo miedo, en un lugar donde no me siento querido, en un lugar donde no me siento protegido, en un lugar donde no siento que jugamos en el mismo equipo, es imposible desarrollarnos como personas.

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