Mercedes Hernández-Estrada (Womened): ”La idea de las cuotas no me gusta: hay que llegar a esas posiciones porque se tenga talento”

Mercedes Hernández-Estrada Womned y directora del British Council School

En el Día de la Mujer, entrevistamos a Mercedes Hernández-Estrada. Impulsora en España de la red de mujeres líderes en el mundo de la educación Womened, es una directiva con un curriculum más que interesante. Tras 30 años de carrera profesional en el Reino Unido, siempre en el mundo de la educación, incluyendo la dirección de diversos centros, hace tres años se vino a España, a Madrid, donde, paradójicamente, sigue haciendo lo mismo que antes: dirigir un colegio británico, concretamente el único colegio que existe en todo el mundo del British Council. De sexismo, paridad e igualdad real de oportunidades en el mundo de la educación, charlamos con ella.

Eres impulsora de la red profesional de mujeres en educación Womened ¿cuál es el objetivo?

Womened es un grupo que nació de profesoras y de mujeres en puestos de liderazgo que veían cómo era necesario tener más visibilidad. Queríamos que otras mujeres que estaban en los comienzos de su carrera y también las niñas -porque es un grupo en el campo de la educación- tuvieran roles y un nivel de aspiración más alto que les permitiera tener un comienzo en sus estudios superiores, y después en el mundo laboral, que fuera mejor que el que tuvimos algunos de nosotras, cuando los tiempos eran diferentes. Es un grupo de apoyo mutuo, formado para compartir, para hacer mentorías, para dar a la gente más joven ideas y experiencias que se pueden compartir para que aprendamos todos.

En España la educación ha sido tradicionalmente un mundo con una gran presencia de mujeres, pero no en los puestos superiores ¿Por qué esa brecha? ¿Tiende a corregirse o a mantenerse?

Es muy curioso porque hay muchas mujeres, pero en particular en algunas partes del sector educativo. En infantil la mayoría es – creo que más de 80 por ciento- de mujeres maestras. Luego en primaria se reduce un poco y en secundarios un poco. Creo que es 60% de profesoras, 40% de profesores. Pero luego en la Universidad, por ejemplo, si hablamos de catedráticos, se da la vuelta totalmente.

Lo que ocurre es que incluso esos roles que tenemos en las aulas dan a nuestros jóvenes unas ideas en las que falta un poco de paridad. Tenemos que hacer algo más, porque si lo que ven no es suficiente para que no exista este techo de cristal, ese currículum oculto, – eso que ven y que es lo que aprenden, pero que no intentamos enseñarlo-, así es cómo se refuerzan a veces estos estereotipos. Si los roles no existen todavía hay intentar que los haya, hay que pelear para que los haya, animar a esos grupos que están poco representados en esos sectores a que participen. Pero también hay que hablar y comunicar de manera estructurada cómo podemos rechazar esas expectativas y esas realidades y cambiarlas. Eso se hace en el aula y en las familias desde que son muy pequeñitos.

¿Y en los puestos directivos en educación en España también hay una desproporción cuando debería ser al menos paritaria?

Creo que el de los colegios es uno de esos sectores en los que se está intentando hacer un esfuerzo para que no sea así. Pero lo que ocurre en muchos casos es que por razones a veces muy interiorizadas entre las mujeres, estas no se presentan a algunos de estos puestos. Es eso que llaman el síndrome del impostor. A veces lo que encuentras cuando hay una oportunidad laboral, es que el número de mujeres que se presenta es menor que el número de hombres que se presentan. Sobre todo, si es un puesto que conlleve responsabilidad, o que parezca que requiere trabajar más horas o fuera de un horario más regulado, a veces eso desanima a las mujeres que se postulan menos.

¿En el Reino Unido también pasa lo mismo en la educación, hay más hombres que mujeres en puestos de responsabilidad?

Pues sí es parecido. Quizás no tan marcado como en España, pero no es muy diferente, el perfil es similar. Las maestras son mujeres, los profesores son hombres y luego en ciertas asignaturas incluso más. Si piensas en las asignaturas de ciencias comparadas, con lengua, o en tecnología. Todo tiene unos sesgos de género que son parecidos en los dos países.

¿Cómo se pueden corregir esas desigualdades, con cuotas?

Personalmente la idea de las cuotas no me gusta. Hay que llegar a esas posiciones porque se tenga talento, porque se pueda, por mérito, más que por ser un número que cuadra con una cuota.

Lo que tenemos que hacer es estudiar las razones por las que esto ocurre. Pensar, por ejemplo, en la flexibilidad laboral, en cómo igualar el tiempo de trabajo no pagado, las responsabilidades que tienen las mujeres en su entorno familiar, para que haya más igualdad y se sientan más capaces de poder acceder y hacer bien la responsabilidad de un puesto de liderazgo. Pensar también en cómo se facilita el retorno al mundo laboral de las mujeres después de la maternidad. Cómo se les integra para que puedan continuar su carrera al mismo paso, si eso es lo que quieren, que sus compañeros.

Hay cosas que sí se pueden hacer. Quizás las cuotas son lo que menos cambia la mentalidad. Lo que queremos es cambiar cómo vemos la situación, más que forzar un cambio artificial. Lo que queremos es que cambien de manera natural porque nosotros lo vemos de manera diferente.

De hecho, hay un estudio muy interesante que se hizo en el Reino Unido. A unas ofertas de empleo se mandó el mismo currículum, uno con el nombre masculino de John y otro con el nombre de Jennifer. El que tenía el nombre de John fue elegido más veces que el de Jennifer, aunque tenían el mismo perfil. Y cuando se les preguntaba a las empresas qué salario se le ofrecería para empezar la negociación, el que le ofrecían a John era más alto que el que le ofrecían a Jennifer. Esas son las cosas que tenemos que cambiar.

¿Y cómo cambiar eso? ¿Cómo trabajar con los niños para que tengan una educación en igualdad sin sesgos?

Es que yo creo que no son los niños los que tienen que cambiar, somos los adultos los que tenemos que cambiar. De manera natural un niño no es sexista, una niña no es feminista. Son simplemente niños. Niños que quieren jugar con ciertos juguetes, que quieren vestirse con ciertos colores… la cuestión es cómo respondemos nosotros como adultos, a lo que ellos quieren hacer. Si cuando una niña con dos o tres años escoge para jugar un camión y le decimos ¿por qué no cogiste la muñeca? pues ya va mal la cosa. O si un niño decide que quiere ponerse un tutú y que quiere ser bailarín, que no le digamos que eso es para las niñas.

A veces es el lenguaje y es la respuesta que tenemos los adultos. Tenemos que ser más conscientes del poder que tiene lo que hacemos y cómo respondemos a lo que quieren nuestros niños. Hay que eliminar esos estereotipos, ese lenguaje y esas expectativas que asocian ciertos comportamientos y ciertas maneras de hacer todo, desde jugar hasta el vocabulario, todo. Es un trabajazo, por eso nos está costando, si fuera fácil… porque llevamos hablando de esto décadas. Si fuera fácil lo hubiéramos conquistado, pero cuesta. Hay que seguir insistiendo, hay que seguir educando a las familias también, para que, dentro del entorno familiar, haya actividades y recursos que den a las niñas y a los niños un acceso a imágenes y a roles, que les presenten el mundo como debería ser. En el que puedes ser lo que quieran y pueden hacer lo que quieran y es nuestra responsabilidad hacer que así sea.

Has estado 30 años trabajando en el mundo de la educación en el Reino Unido de donde volviste hace tres años ¿qué visión general tienes del panorama educativo español?

Yo lo he visto desde varias perspectivas, lo he visto desde dentro porque me eduqué en España y aunque me fui al Reino Unido a trabajar el resto de mi familia, sobrinos y demás, están ahora mismo dentro del sistema educativo español. También lo he visto desde que he vuelto a España a través de las colaboraciones y los proyectos que tenemos con otros centros, estatales y concertados, con las universidades y los programas de formación. Así que lo he visto desde distintos ángulos

Creo que lo que está ocurriendo ahora en España en los últimos años, es que el cambio se está acelerando: las reformas educativas, la visión sobre el currículo, lo que hay que enseñar. Quizá el siguiente paso sería el desarrolló de las pedagogías.

A nivel de formación, quizá hay una formación que no se da a aquellos que quieren estar en el aula. Es el contacto con los estudiantes durante el periodo de formación, que les permita aprender haciendo. Pero sí que es verdad que hay mucha gente en las aulas haciendo cosas muy interesantes que ayudarían a aquellos que están pensando en la profesión de profesor o de maestro. Lo que veo es mucho cambio de la época en la que yo me formé a los que se están formando ahora, veo un cambio muy marcado.

Eres la directora del único colegio del British Council que hay en el mundo y que está en Madrid ¿cómo definirías ese trabajo?

El British Council está presente en más de cien países, a través de la enseñanza del inglés, los exámenes, las actividades culturales. Pero el único colegio, el único, está en España desde hace 81 años.

Este es más especial, porque no sólo es un colegio, y un colegio maravilloso. También contamos con la visión y la misión del British Council de establecer un conocimiento entre las culturas, un entendimiento y un compartir. Nos definimos como bilingües culturales, queremos que de esa mezcla salgo algo muy rico, muy motivador. Y además está la responsabilidad de puertas afuera, la responsabilidad que tenemos como colegio de compartir lo que hacemos a través de la formación. Abrir nuestras puertas a que, quien quiera, pueda beneficiarse de lo que nosotros hemos aprendido durante estos más de 80 años.

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