Montessori: pedagogía y viaje

María Montessori fue desplazando progresivamente su interés por los infantes con discapacidad intelectual hacia los niños y las niñas en edad escolar. Y así en enero de 1907 Montessori fundó la primera Casa dei Bambini, espacio de aprendizaje siguiendo sus innovadores métodos, en la calle Marsi de Roma, a la que seguirían multitud. El objetivo de la Casa dei Bambini era ofrecer un espacio adaptado donde vivir todo el día con una institutriz y los padres podían entrar y seguir el aprendizaje de sus hijos pero respetando su modo natural.

Para María Montessori  de 0 a 6 años las personas tenemos mente absorbente, esto es,  un estado mental creativo a partir de la fuerza psíquica que comienza con el nacimiento y que le permite al niño comprender, razonar y memorizar de forma progresiva.

Cumplidos los 6 años, la mente razonadora se convierte en dominante al desarrollarse la voluntad y la capacidad de discernimiento.

En 1909, María Montessori publica su obra fundamental: Il metodo della pedagogía científica applicato all ‘educazione infantil nelle case dei bambini. Los viajes, las conferencias y los cursos a docentes se intensifican por Europa, Asia y América, llegando a formar personalmente a más de cinco mil estudiantes. Las dos guerras mundiales salpicaron la vida de María. Viajó mucho durante la primera a Estados Unidos y allí fundaría un colegio para maestros. También la primera Casa dei Bambini en América, en alianza con Alexander Graham Bell, el considerado como padre del teléfono, y la hija del inventor. Pero también la colaboración con la hija del presidente Wilson, Margaret, dio sus frutos en la fundación de la American Montessori Association.

“El niño que ha aumentado su propia independencia con la adquisición de nuevas capacidades, solo puede desarrollarse normalmente si tiene libertad de acción“.

Pero no todo fue un camino de rosas, ya que en 1914 había visto la luz The Montessori System examined, obra en la que el profesor William Kilpatrick afirmaba que la teoría Montessori había quedado obsoleta. Cabe preguntarnos: ¿Existe obsolescencia natural u obsolescencia programada de los métodos educativos, de las emociones, de los pálpitos, de las sensaciones? Quizás el concepto de moda aplicado a la propia existencia humana nos incline a reflexionar sobre la caducidad de las ilusiones.

En 1915 realizó el primer viaje a Estados Unidos con su hijo, Mario Montessori. Sería el germen de una fecunda colaboración personal y profesional. Dos años después, Mario se casó con Helen Christie y se instalaron en Barcelona. Madre e hijo crearían en 1929 la Asociación Montessori Internacional.Año clave, el del Crack de la Bolsa de Nueva York.

“Ayúdame a hacerlo por mí mismo”.

El período de entreguerras también causaría altibajos. En 1926 se fundó en Italia la Real Escuela del Método Montessori con el apoyo del fascismo, del Estado Nuovo, cuyo impulso hizo que proliferaran los centros y que saltaran a Alemania. Sin embargo, María renunciaría después a la ayuda de Il Duce. Lo hizo para salvaguardar el principio de libertad e intentar evitar el adoctrinamiento de los niños con una finalidad bélica. La consecuencia: Mussolini y Hitler ordenaron cerrar todas las escuelas en sus respectivos países.

“Hemos de ser educados si queremos educar».

Una nueva aventura/desventura. ¿Teníamos a Mario en Barcelona, verdad? Pues en julio de 1936 estalla la Guerra Civil española. Los Montessori se trasladan a Ámsterdam, fijan allí la sede de la Asociación Montessoriana Internacional y conocen al banquero Pierson, con quien abren una escuela. Pero como no hay dos sin tres, otro conflicto más en la vida de estos pedagogos. Comienza la Segunda Guerra Mundial. María y Mario buscan refugio en la India, donde comienzan la Primaria Montessori para niños mayores de 6 años. Llegaron a invitación de la Sociedad Teosófica a Madrás en octubre de 1939 y la intención inicial era impartir un curso de tres meses, regresando al Viejo Continente en 1940.

Sin embargo, Mario fue obligado por el gobierno británico, que recordemos tenía el dominio de la India, a ingresar en un campo de concentración de trabajo para civiles en Ahmendnagar donde permaneció hasta el 31 de agosto de 1940, día en que María cumplía 70 años. Hasta 1946 seguirían en la India, María hablaba en italiano, Mario la traducía al Inglés y, juntos, formaron a más de mil maestros en dieciséis cursos de capacitación. Tras su regreso a Ámsterdam, Mario contrae segundas nupcias con Ada Pierson. Continúan el binomio docente desde su residencia en Noordwijk Aan Zee (Países Bajos) hasta la muerte de María a los 82 años. Está enterrada en el Cementerio Católico Romano de dicha ciudad. Su hijo proseguiría su labor hasta su óbito, en la ceguera (como consecuencia de otra enfermedad), en Ámsterdam el 10 de octubre de 1982.

Las Hermanas Lara estamos convencidas de que todas las metodologías y corrientes pedagógicas son compatibles en aras del tránsito del niño a adulto. Pero desde estas líneas defendemos que no se saque con urgencia a las personas de la infancia. Hay que permitirles disfrutar a los niños y a las niñas de su edad y de lo que son, con su plasticidad neuronal en máximo esplendor: seres exultantes de imaginación y de ideas que, día a día, van descubriendo que su yo de hoy es un poco diferente a su yo de ayer. La pedagogía Montessori ha educado a muchas generaciones de tres siglos ya y seguirá ayudando, junto a otras pedagogías, a sacar su potencial a millones de personas.

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