La música: aprendizaje y emoción

La música: aprendizaje y emoción

La música siempre ha estado presente en nuestras vidas. Se sabe que es utilizada desde hace 200 mil años, como medio de comunicación. Aunque al principio no se utilizaban instrumentos musicales, sino la voz humana o la percusión corporal con elementos de la naturaleza como las piedras, ya en la Grecia Antigua la música se convierte en un elemento de la educación.

Es el siglo XX cuando pedagogos relevantes como Dalcroze, Montessori, Decroly o las hermanas Agazzi, inciden en la importancia de la educación musical en la Escuela.

La música tiene un gran impacto en el aprendizaje, potenciando la capacidad cognitiva del alumno y mejorando el clima del aula, lo que repercute en el rendimiento académico y la mejora de la convivencia. Además, contribuye al desarrollo de los alumnos, influyendo a nivel psicomotor, emocional y social favoreciendo “un equilibrio entre esos planos” (Sarget, 2003).

Todo esto es posible porque la música activa redes neuronales que conectan diferentes áreas cerebrales a nivel funcional y se liberan neurotransmisores que ayudan al bienestar emocional. Son muchos los estudios científicos que nos indican la importancia de la música en el desarrollo desde pequeños ya que favorece la plasticidad cerebral y la generación de nuevas redes neuronales.

A nivel cognitivo, el entrenamiento musical aumenta la capacidad de memoria, de atención, de concentración y de creatividad. Mejora la planificación, la lógica y el razonamiento. Esto hace que algunos problemas neurológicos, como el Alzheimer, ciertos trastornos del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista (TEA) o las dificultades del aprendizaje como la dislexia se vean favorecidos en su evolución con la música.

Otras funciones primordiales en el desarrollo infantil que se ven favorecidas son el lenguaje, las habilidades comunicativas y la psicomotricidad. Según el musicólogo Stephen Brown, el ser humano en la antigüedad, se comunicaba a través de un sistema llamado “musilengua” que con el paso del tiempo fue evolucionando a dos sistemas independientes y especializados: la música y el lenguaje. Por eso, la música y el lenguaje comparten muchos rasgos como el ritmo, la melodía, el tono, la armonía,…además, ambos estimulan los sentidos y son una forma de expresarse.

Cuando escuchamos música o la practicamos, automáticamente nuestro cuerpo reacciona, surgen movimientos naturales de locomoción, incluso, de baile, lo que hace que se tome conciencia del esquema corporal, de la espacialidad, se trabaje la lateralidad, la coordinación, el desarrollo muscular, las habilidades de motricidad y de expresión corporal.

Cabe destacar que escuchar música y practicarla, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad y a mejorar el estado de ánimo, de tal forma que la confianza en uno mismo, la seguridad y la autoestima, mejoran. Y esto repercute en dos áreas escolares: el rendimiento académico y el clima escolar. Un estudio publicado en 2019 en el portal de la Asociación Estadounidense de Psicología la participación en música escolar estuvo relacionada con mayores puntuaciones en exámenes estandarizados. Asimismo, el compromiso, la disciplina, el esfuerzo y la motivación de los estudiantes se ven favorecidos. Estos factores junto a la mejora de la concentración, de la creatividad, de la memoria…mejora el ambiente en el aula y más compañerismo, viéndose favorecido el trabajo en equipo.

Anteriormente hemos destacado la labor de la música en el desarrollo de la memoria, y esto incluye, la creación de recuerdos. ¿Cuántas veces hemos asociado una canción a un momento de nuestras vidas y este momento a una emoción que se activa cuando suenan los primeros acordes? Y es que la música es emoción. De hecho, si estás triste escuchar una canción alegre, hace que tu estado anímico cambie. No solo ayuda en la gestión de las emociones sino también en la expresión emocional, en la comunicación y, por tanto, mejora las relaciones sociales.

Como hemos visto, música, aprendizaje y desarrollo social, emocional y cognitivo van de la mano. Según Extremera y Fernández (2004) “hay estudios que revelan que el alumnado con mayores habilidades emocionales en percibir, reconocer, asimilar, comprender y regular las emociones, muestran mejor bienestar psicológico, más cantidad y calidad en sus relaciones sociales, menos conductas disruptivas y mayor rendimiento académico”

“La música es el lenguaje universal de la humanidad”Henry Hadsworth Longfellow

Por Marta Lli, directora del Departamento de Psicología y Orientación Escolar del Colegio Alarcón

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