Música para cambiar el mundo

Ana Diéguez

Suele pasar que la asignatura de música es la que menos en serio se toma tanto por parte de los padres y alumnos como de los centros educativos. Pero si hacemos caso a los últimos estudios sobre el impacto que tiene tocar un instrumento en los beneficios cognitivos de nuestro cerebro, tocar un instrumento debería ser una de las disciplinas más importantes dentro del proyecto educativo de cualquier centro escolar. Se ha comprobado que la música, y más concretamente tocar un instrumento musical, es una de las formas más eficaces para estimular la inteligencia y para entrenar el cerebro a distintos niveles.

Siempre que tocamos un instrumento, varias partes del cuerpo se ponen en funcionamiento a la vez. Para tocar, hay que leer un lenguaje “nuevo” escrito en una partitura y transformarlo en sonidos. Esos sonidos necesitan de una escucha consciente, pero además, hay que poner en funcionamiento las manos, los brazos, las piernas o el cuerpo entero.  Para llevar a cabo todas estas acciones, es necesario que los dos hemisferios cerebrales se pongan en funcionamiento a la vez, cosa que solo ocurre cuando tocamos un instrumento.

También fomenta la constancia, el esfuerzo y la disciplina, ya que aprender a tocar un instrumento es un reto que requiere de práctica constante y paciencia. Las personas que tocan un instrumento se pasan horas practicando para conseguir tocar mejor un pasaje, afinarlo, tocarlo más rápido o con mayor expresividad. Tras pasar esas horas tocando y practicando, poniendo la máxima concentración en lo que haces o esforzándote por aprender una pieza nueva o tocar mejor una que ya sabes, el resultado que obtienes es realmente gratificante.

Por tanto, se da una asociación entre esfuerzo y placer que, a mi modo de ver, es una experiencia positiva que se puede llevar a otros ámbitos de la vida. Si esforzarte tocando un instrumento es placentero, ¿por qué no va a ser igualmente de gratificante el esfuerzo que se realiza en estudiar una materia, resolver un problema o escribir con una buena caligrafía? Los niños que se esfuerzan tocando un instrumento también lo hacen en otros aspectos.

Tras muchos años de experiencia dando clases de música, he podido comprobar como a todos los niños les gusta tocar un instrumento. Con la metodología adecuada y adaptada a las diferentes edades de los niños y sus necesidades, la música puede ser la puerta de entrada al fascinante mundo del aprendizaje, a preparar su cerebro para el resto de disciplinas que aprenderán en el colegio e incluso a iniciarlos en la gestión emocional. No se trata de enseñar a tocar un instrumento para llegar a ser un virtuoso del mismo o pensando en que su futuro laboral irá por ese camino, sino que la música se convierta en una disciplina que ayuda a estimular y potenciar el desarrollo cognitivo de los niños.

Ahora que sabemos cómo influye la música en los niños, tanto en su presente como en su futuro, tenemos la responsabilidad de integrar la música en la vida diaria de nuestros alumnos para aprovechar sus beneficios cognitivos y emocionales. Gracias a estos estudios, la música está siendo introducida en la educación de los niños en edades tempranas.

Siendo conscientes de esta importancia que tiene la música, en el Colegio Alarcón, en colaboración con su Escuela de Música, hemos desarrollado un programa de estudios en el que la música está presente desde el primer curso de educación infantil y, más importante aún, forma parte del eje vertebrador de nuestro proyecto educativo. Como parte del currículum oficial, desde que los niños tienen 3 años y hasta 2º de primaria las clases de música consisten en aprender a tocar el violín siguiendo los principios del Método Suzuki, un método especialmente indicado para niños de edades tempranas. Estamos convencidos de los grandes beneficios que les aporta a estos niños y creemos que dar esta oportunidad a todos los alumnos les da las bases para afrontar con éxito todas las etapas educativas que tendrán a lo largo de su vida. La música es una semilla que hay que plantar en todos los niños.

El acceso al estudio de un instrumento supone un esfuerzo económico y una dedicación de tiempo que no todas las familias pueden permitirse, pero ¿por qué no vamos a ofrecer la oportunidad de tocar un instrumento a todos los niños como sí les damos la oportunidad de aprender a leer, escribir o sumar?

Ana Diéguez es directora de la Escuela de Música Alarcón en el Colegio Alarcón

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