Neurociencia e Inteligencia Artificial en educación

La semana pasada tuve ocasión de disfrutar de dos momentos realmente muy enriquecedores, y que comentaré hoy en la sección:

Los dos tienen cierta relación, como veremos.

Empezando por Héctor Ruiz Martín, al final de su charla tuvimos un pequeño diálogo, y me preguntó mi opinión. Los dos convenimos que en una presentación breve y divulgativa resulta muy difícil, por no decir directamente imposible, recoger toda la información que aparece en su libro. Así que le dije que había echado de menos algunas cosas.

Sin embargo, sí quería aprovechar la sección de hoy para hacer un pequeño comentario constructivo. En nuestro diálogo mencionamos que las ciencias que pueden ayudar a mejorar la educación mediante la aplicación de sus avances no son únicamente la neurociencia y la psicología cognitiva, sino también otras ciencias del conocimiento como la psicología evolutiva, la psicología conductista, la psicología diferencial, la lingüística, la antropología, la epistemología en tanto que ciencia del conocimiento, la sociología, la sociología del conocimiento en el sentido de Mannheim, o hasta la etología, entre otras disciplinas. Ambos estábamos de acuerdo, aunque en el momento del diálogo no salieron tantas perspectivas.

Neurociencia

La apreciación que aporto hoy es el carácter epistemológicamente diferente (ni superior ni inferior) que ostenta la neurociencia con respecto a las otras ciencias del conocimiento. Me explicaré.

En los últimos años, los avances de la neurociencia han sido muy espectaculares, gracias a la utilización de nuevas técnicas de imagen. Y para muchos parece una disciplina casi de orden superior. Más aún para un autor como Ruiz Martín, cuya formación científica fundamental es la biología. La fisiología del cerebro como objeto de estudio podría entenderse como un conocimiento definitivo.

Sin embargo, lo cierto es que se trata de una disciplina muy joven, y sus avances, aunque muy significativos, no son lo suficientemente amplios, según explicaba Ruiz Martín. Sobre todo a la hora de extraer de ellos aplicaciones concretas para la mejora de la enseñanza. De ahí que, según el autor, él decidiera estudiar más a fondo la psicología cognitiva, porque esta ciencia sí parece estar más cerca de la realidad de las aulas que la neurociencia, y de ella surgen conocimientos de aplicación directa en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Esto es algo que argumentan a menudo los detractores de la neurociencia en tanto que conocimiento que aporte valor real a la mejora de la educación.

Mi apreciación es que este planteamiento, siendo muy interesante, puede ser mejorado si consideramos la neurociencia y su aplicación a la educación desde otra perspectiva. El acercamiento más bien consistiría en partir de las ciencias del conocimiento (psicología cognitiva, lingüística, epistemología, etc.) y utilizar la neurociencia allá donde sus avances lo permitan, como un validador de las mismas.

De esta manera, por ejemplo, el consenso científico puede alcanzar modelos cognitivos en los que los especialistas de las ciencias del conocimiento muestren su acuerdo. Pero si estos modelos cognitivos adicionalmente encuentran gracias a la neurociencia un substrato fisiológico, alcanzarán un estatus epistemológico superior, y pasarán a ser modelos neuropsicológicos. Esto es un salto cualitativo que se ha dado ya en algunas modalidades del aprendizaje humano, sobre todo en aspectos del aprendizaje de la lectoescritura, o de algunas partes de las matemáticas.

Inteligencia Artificial

Esta otra disciplina es especialmente conocida por sus muy variadas y útiles aplicaciones prácticas en multitud de campos tecnológicos. Por ejemplo, en el ámbito educativo. Hablaremos de ello en esta sección. Pero la inteligencia artificial también puede convertirse en una ciencia del conocimiento validadora de las demás.

De este aspecto tan particular entre otras cosas hablan en su conversación Andrés Torrubia y Rodrigo Quian. Ellos en el podcast lo explican mucho mejor de lo que lo podría hacer yo aquí en pocas palabras, por lo que nos remitiremos a él.

Baste decir a estos efectos que la tecnología también ayuda a la educación potenciando la cientificidad de nuestro conocimiento sobre el aprendizaje humano. Una característica suya más a tener muy en cuenta.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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